Álbum íntimo de un cinéfilo sentimental

Rebordinos desvela los secretos de siete años al frente del Zinemaldia, de Bellucci a Glenn Close. «Quiero escribir un libro sobre el 'sado-maso' en el cine», anuncia

Álbum íntimo de un cinéfilo sentimental
Sara Santos
Mitxel Ezquiaga
MITXEL EZQUIAGA

Entre los 17 y los 27 años compaginó su pasión cinéfila con el trabajo en una caja de ahorros. «Nunca pensé entonces qué dirigiría el Festival de Cine de San Sebastián, pero tampoco lo imaginé cuando ya formaba parte del comité de dirección», dice hoy, en vísperas de comenzar su séptima edición al frente del Zinemaldia. José Luis Rebordinos abre su álbum más privado y repasa los recuerdos de estos años. Habla de su futuro («en tres años cumplo 60 y habrá que pensar en el relevo»), de sus planes personales («me gustaría escribir un libro sobre el sadomasoquismo en el cine») y de Mónica Bellucci y el día que bajaron las escaleras del Kursaal «como la bella y la bestia».

El mejor momento de estos siete años. «El Festival es un carrusel loco y maravilloso que propicia muchísimos momentos especiales, como cuando consigues una película maravillosa o una estrella concreta. Aunque suene marciano diré que el momento más especial para mí fue el año pasado, con un proyecto de cooperación especial con una escuela argentina, en Mar de Plata, en un barrio muy deprimido. El recibimiento tan cariñoso, la respuesta de los niños, las madres que cocinaban con nosotros... fue mágico».

«En tres años cumpliré 60 y habrá que hablar del relevo. Me gustaría que fuese una mujer»

El peor momento. «No me gusta hablar de lo malo. Sin citar nombres diré que fue terrible la noche que Lucía Olaciregui y yo pasamos en una habitación de hotel con un director de cine que había venido al Festival cargado de problemas. Esa madrugada logramos que llegara otra copia de su película desde un país lejano y que todo saliera bien sin que trascendiera. Pero fue una noche infernal, dura, porque ese director, bastante conocido, resultó también bastante impresentable».

Usoz

La estrella que me impresionó. «Glenn Close, quizás porque fue mi primer Premio Donostia. Como mi inglés es muy básico pedí a mi compañera Lucía Olaciregui que estuviera cerca para ayudarme. Pero no hizo falta. Habló de Nueva York, de cocina o de familia con una simpatía y una ternura estupendas».

La estrella que me defraudó. «Todo el mundo resulta muy profesional y se comporta con oficio. Solo un actor me defraudó, quizás porque yo era muy fan de su trabajo y luego, de cerca, resultó un ególatra. Pero los artistas suelen ser muy colaboradores, y quienes ponen más problemas son los que les rodean, que les protegen más de la cuenta. Tommy Lee Jones, por ejemplo, era encantador, aunque podía parecer un poco antipático. Su mujer se reía: decía que a él lo que le gusta es estar en el rancho con sus caballos. John Travolta, por ejemplo, resultó inmejorable. «¿Estáis contentos, queréis que haga algo más, va todo bien?», nos preguntaba».

«Este trabajo es como una droga, engancha. Lo único malo es que te quita la privacidad»

Mi mayor orgullo. «Los equipos y estructura que hemos ido formando. Como Festival, en conjunto, estamos orgullosos de la fuerza que hemos dado al sector de la industria, que antes apenas existía y ahora ha cobrado mas fuerza. Cuando me senté en el despacho de director me dí cuenta de la envergadura del trabajo. Y encima estos años hemos crecido muchísimo».

Gorka Bravo

La noche de Bellucci. «Yo no suelo pasar vergüenza, pero mi momento más embarazoso ante el público llegó con la primera visita de Mónica Bellucci, en 2016, cuando vino a presentar 'La vía láctea', de Kusturika. Cuando terminan los pases del auditorio solemos propiciar que el equipo de la película de turno baje por la gran escalera del Kursaal para recibir los aplausos del público. Intentamos que bajen ellos solos, sin presencia de nadie del Festival. Pero aquella noche Bellucci, al salir de la sala, me agarró del brazo y me pidió que bajara con ella de la mano porque llevaba unos tacones que aconsejaban apoyo. Fue un honor, pero terrible: parecíamos la bella y la bestia, o el gigante y el enano. Y mis compañeros, debajo, muriéndose de risa. Es una mujer a la que tengo cariño porque es cercana, agradable y se ha portado tan bien que le estaremos siempre agradecidos».

La película que elijo. «Hay una que nos ha marcado especialmente: la francesa 'Intocable'. La vimos un mes de junio en París, en la sede de Gaumont. Estábamos cuatro. Lo pasamos en grande, sabíamos que era una película comercial, no teóricamente de festival, pero apostamos por ella. Llamé al distribuidor español Adolfo Blanco y le auguramos que tenía un caramelo. La programamos en la clausura como 'premiere' mundial y supuso un punto internacional muy importante para el Festival. Nos abrió las puertas de la industria francesa y sus directores han repetido».

La película de la que me arrepiento. «Ninguna. En todo caso me podría arrepentir de alguna que hemos rechazado: a veces te equivocas».

«Mis colegas de Cannes o Berlín preguntan cómo hacemos todo esto con tan poco presupuesto»

Mis colegas de otros festivales. «Admiro a muchos de ellos, como el de Cannes, un sabio, o el de Berlín, pero también a otros más pequeños, como el de Karlovy Vary. Ellos admiran de Donostia cómo montamos un festival así con un presupuesto tan limitado, y cómo lo vive la ciudad».

Usoz

Disfrutar del cine. «Cuando llegué a director Mikel Olaciregi me dio un consejo: este festival solo se puede dirigir con mucha ilusión; si no, déjalo. No seguiré si no me siento como un niño delante de un caramelo. Y si dejo de ver peliculas, me voy: no quiero ser solo un gestor. Este año habré visto 300 y pico películas, que son pocas si comparo con otros compañeros».

El equipo y la gente. «Pasamos años duros en la crisis. Pero nos reímos mucho. Es como con la pareja: el día en que dejas de reírte, mal asunto. Percibo el cariño de la gente: los donostiarras sienten el Festival como suyo. Lo peor es la pérdida de intimidad, ser un personaje conocido. El festival engancha, te quita mucho pero también te da mucho. Es una especie de droga».

Mi futuro. «El consejo de administración tiene la facultad de echarme cuando quiera, pero en principio tengo un compromiso de tres años más, con lo que totalizaría once años como director. Entonces tendré 60 años y será un buen momento para empezar a pensar en una transición tranquila de dos o tres años. Creo que es importante que la persona que venga después sea alguien del equipo, porque garantiza estabilidad. Pasó en el cambio de Diego Galán a Olaciregui y de Olaciregui conmigo. Me gustaría que el nuevo director fuera alguien de dentro del equipo y fuese una mujer.

Cuando deje el cargo. «Quiero disfrutar más del sitio donde vivo, en el monte en el interior de Gipuzkoa, y escribir un libro sobre el sadomasoquismo en el cine: tengo mucho material acumulado. Y si me quieren, seguir vinculado al comité de selección, desde una segunda fila».

«Me gusta jugar, no provocar: el humor es fundamental»

¿Le gusta a José Luis Rebordinos jugar el papel de provocador? Sonríe. «Me tomo muy trabajo en serio, pero también me gusta jugar. Pienso que el humor es fundamental en la vida pública y en la privada. Vivimos un momento tremendo, demencial, en el que la gente se ofende por todo. Si van a una proyección que no les gusta salen de la sala haciendo ruido, para que se note, y se dice que solo un transexual puede interpretar a un transexual. ¿Para hacer el rol de asesino en serie habrá que buscar en las cárceles? A mí me gustan cosas que algunos aún consideran cultura menor, como el cómic o el porno. El sexo o el humor son fundamentales en la vida y disfruto con la cultura que reflexiona sobre esos elementos esenciales».

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