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Una larga historia con un final feliz

BALENCIAGA MUSEOA. INAUGURACIÓN OFICIAL

Una larga historia con un final feliz

La inauguración de Cristóbal Balenciaga Museoa puso ayer el broche de oro a un complicado camino que comenzó hace más de una década. El mundo de la moda, representantes de las instituciones y muchas caras conocidas protagonizaron la inauguración del museo

08.06.11 - 03:33 -
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Más de 300 invitados, entre los que, además de la nutrida representación institucional, destacaba la presencia de profesionales vinculados al mundo de la moda española, convirtieron ayer el amplio atrio de Cristóbal Balenciaga Museoa de Getaria en una pasarela que desembocó, tras una década de complicada travesía, en la inauguración oficial del centro dedicado a la obra del modisto guipuzcoano. La placa conmemorativa que descubrió poco después de las 12.30 la reina Doña Sofía, patrona de honor de la Fundación Balenciaga casi desde su constitución, se convirtió así en el punto de partida del despegue definitivo de un museo que abrirá sus puertas al público el próximo viernes.
El acto, tal como estaba previsto, fue sobrio; no así breve, ya que los primeros invitados comenzaban a a llegar al museo casi hora y media antes de la fijada para el acto central. Durante la larga espera previa al único momento del evento que transcurrió ante los medios de comunicación -la visita a la colección permanente y el posterior cóctel se desarrollaron en privado-, decenas de invitados posaron ante las cámaras, que también se contaban por decenas, en un 'photocall' que despertaba más expectación cuanto más conocidos y habituales de la crónica social eran los invitados.
Una expectación que, en cualquier caso, era mucho más evidente en el interior del museo que en sus inmediaciones -con mucha seguridad, pero muy pocos curiosos- o en las calles de la localidad costera. Los asistentes al acto, sobre todo los más madrugadores, y de modo muy particular quienes no gozaron del privilegio de ser conducidos en sus vehículos hasta las puertas del museo, tuvieron que acceder al mismo haciendo frente a una mañana gris y una lluvia persistente que hizo mella en más de una indumentaria.
Momentos de emoción
Entre los madrugadores, había que que destacar a dos de las personas que, por su vinculación de primera hora al proyecto y la intensidad con la que han vivido todas sus vicisitudes, se mostraban ayer especialmente emocionadas: el modisto Hubert de Givenchy, presidente fundador de la Fundación Balenciaga, y Sonsoles Díez de Ribera, vicepresidenta de la misma que, ataviada con un 'balenciaga' de 1965 -«en cuanto termine el acto me cambio», aseguraba, subrayando la excepcionalidad del atuendo- , ejercía de anfitriona y maestra de ceremonias en los compases previos a la llegada de la reina.
Esperaban a Doña Sofía el lehendakari, Patxi López; la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde; la presidenta del Parlamento Vasco, Arantza Quiroga; el diputado general de Gipuzkoa en funciones, Markel Olano y, por supuesto, el patronato de la Fundación Balenciaga en pleno, encabezado por su presidenta, la consejera de Cultura Blanca Urgell. El viceconsejero Antonio Rivera completaba la representación del Gobierno Vasco, y la Diputación Foral estaba representada por la diputada de Cultura, María Jesús Aranburu, y la directora de Patrimonio, Pilar Azurmendi. Junto a los representantes del Ministerio de Cultura en el Patronato -Ángeles Fernández y Begoña Cerro-, el alcalde de Getaria, Andoni Aristi, y los patronos Eloy Martínez de la Pera Celada, Agustin Medina Balenciaga y Modesto Lomba. Les acompañaba Xabier Iturbe, presidente de Kutxa, la única entidad privada que, de momento, ha realizado aportaciones significativas a la financiación de un proyecto en el que se han invertido 30 millones de euros, procedentes en su práctica totalidad del erario público y aportados por el Ministerio de Cultura, el Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Gipuzkoa.
Tras el aurresku de honor interpretado por el Orfeón Donostiarra -cuyo traje diseñó Balenciaga en los años 40- y por una pareja de dantzaris, Doña Sofía y el lehendakari se acercaron al soporte instalado en el hall del museo, no sin antes saludar con mucha cordialidad a los dos jóvenes dantzaris.
Dicho soporte, que previamente había servido de fondo a la sesión fotográfica, lucirá en adelante la placa que recuerda que, un 7 de junio de 2001, se materializó finalmente un museo cuya primera piedra se puso un 22 de marzo de 2001. Después de descubrir la sencilla placa bilingüe que no tiene más adornos que los logotipos del museo y de las instituciones que lo han hecho posible, y de mostrar de manera muy manifiesta su satisfacción, la Reina y el lehendakari, a los que se fueron uniendo los representantes institucionales y los miembros del patronato de la Fundación, escucharon el 'Agur Jaunak' interpretado por el Orfeón. En ese momento fue muy evidente la emoción de un Hubert de Givenchy que el pasado mes de febrero cumplió 84 años y acudió a Getaria acompañado por otro nombre importante en la historia de la alta costura francesa, Philippe Venet. En ausencia de otros diseñadores de renombre que en los orígenes del proyecto lo apoyaron con entusiasmo, en ellos recayó la representación de los años dorados de la 'haute couture'.
«Me parece increíble»
Algunos invitados -como un Jaime de Marichalar que pasó raudo ante las cámaras- habían accedido a las salas en las que se muestra la obra de Balenciaga antes de que tuviera lugar el acto inaugural, pero la mayoría asistieron al mismo desde un espacio reservado en el ampio hall del museo y esperaron a que la reina y el lehendakari iniciaran la visita para sumarse al recorrido y ver, por primera vez, cómo se muestran las obras del maestro en un museo que trata de reflejar su espíritu en todos los detalles. A Doña Sofía, que admitió no tener ningún 'balenciaga' en su guardarropa, el museo le pareció «precioso».
A la vicepresidenta de la Fundación Balenciaga, Sonsoles Díez de Ribera, la única representante de la entidad impulsora del museo que accedió a hablar con los medios de comunicación, el momento que estaba viviendo le parecía «increíble»: «No me lo puedo ni creer. Después de todo lo que he luchado, estoy muy emocionada al ver el resultado. No sé si el museo le habría gustado o no a Balenciaga, pero lo hemos hecho con todo el cariño». Los invitados, ya lejos del alcance de las cámaras, disfrutaron con tranquilidad del coctel y de un museo cuyo futuro, a partir del viernes, quedará en manos de la respuesta del público.
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