Diario Vasco

El temor a la derrota eleva el tono de los ataques de Iglesias contra Errejón

Íñigo Errejón y Pablo Iglesias.
Íñigo Errejón y Pablo Iglesias. / Gerard Julien (Afp)
  • El líder de Podemos reprocha al número dos su falta de valentía por no dar el paso de disputarle la Secretaría General

A escasas horas de que se cierren las urnas se respiran ambientes bien diferentes en las filas 'pablistas' y 'errejonistas'. Mientras entre los primeros se palpa el temor a la derrota, los segundos se muestran confiados y apelan a la «cordura» para que, ocurra lo que ocurra en Vistalegre II, todas las familias de Podemos remen en la misma dirección a partir del lunes.

La tensión ya había sido alta las semanas anteriores y en el último día de campaña se elevó más. Los responsables de que esto sucediese fueron Iglesias y sus afines. La corriente oficialista, con el secretario general a la cabeza, lanzó una última andanada contra Íñigo Errejón. El primero en abrir fuego fue Iglesias. El líder de Podemos había rebajado el tono de sus intervenciones después de las críticas por la campaña que su círculo más cercano lanzó contra el secretario político en Nochebuena. No obstante, en los últimos días ha recuperado el tono desafiante que emplea con los enemigos externos para enfrentarse con su adversario interno. En un último esfuerzo por atraerse el voto de los rezagados, Iglesias golpeó a su número dos donde más le duele y sacó a relucir la supuesta sintonía que los 'errejonistas' tendrían con los socialistas. Esta ha sido una constante a lo largo de la campaña por parte de los 'pablistas', que han insistido una y otra vez en que, si por el secretario político hubiera sido, Pedro Sánchez y Ciudadanos estarían hoy al frente del Ejecutivo.

Iglesias lo volvió a deslizar hoy de modo indirecto con una negación en la cadena Ser que sonó a otra cosa: «No creo que Íñigo esté secuestrado por una gente cercana al PSOE». Fue una manifestación con doble sentido ya que le sirvió a la vez para defender a su círculo más cercano -Irene Montero, Rafa Mayoral y Juanma de Olmo- de ser «unos cortesanos» que miran por su propio interés y no por el del partido. Lo curioso es que esta acusación no la lanzó Errejón, sino Luis Alegre, a quien precisamente los 'errejonistas' derribaron de la Secretaría General de la Comunidad de Madrid. Iglesias no se quedó ahí en sus valoraciones sobre el número dos del partido. También le acusó de «no ir de frente» o de «falta de valentía» por no disputar cara a cara el liderazgo de Podemos. Errejón, según Iglesias, «tiró la piedra» con su rebelión interna y después «escondió la mano».

«Voy de frente»

Mientras arrecian los ataques, Errejón opta por la contención. Considera que que enfrentarse abiertamente a Iglesias sería dar la razón al secretario general, cuya estrategia de campaña se ha basado en destacar que la de Vistalegre II es una batalla por el control del partido y no por las ideas que lo regirán en el futuro. Tras los reproches del secretario general, Errejón se limitó a señalar que siempre ha ido de frente, a pedir responsabilidad ante la militancia y a defender una campaña sin estridencias ni subidas de tono.

Los 'errejonistas' juegan con ventaja. Iglesias ha apostado al todo o nada. Si pierde se irá. No solo dejará de ser secretario general sino que el jueves además abrió la puerta a renunciar a su escaño en el Congreso. Errejón, en cambio, no seguirá ese camino y ya ha adelantado que, pase lo que pase, se queda en Podemos. Para los suyos, una derrota por poca diferencia de votos sería casi una victoria. Aún si es descabalgado de la Secretaría Política y de la Portavocía Parlamentaría, Errejón contará con una amplia representación en el Consejo Ciudadano que le permitirá defender su ideario en el máximo órgano de Gobierno de Podemos después de la Asamblea Ciudadana.

Este viernes habían participado en las votaciones más de 115.000 personas. Se trata ya de una cifra superior a la registrada en la consulta del pasado diciembre que fijó las reglas de la Asamblea Ciudadana y que supuso el primer enfrentamiento directo entre Iglesias y Errejón. Entonces ejercieron su derecho al voto 99.000 inscritos y el secretario general se impuso al político por apenas 2.000. Ahora hay 16.000 sufragios más que entonces y los 'errejonistas' se malician que la mayoría son suyos.

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