Los barrios donostiarras de Altza e Intxaurrondo se suman al reto de vivir en euskera

De izquierda a derecha, Itzalai Alberdi, Ana Torres y Joseba Abacia, en Altza./ARIZMENDI
De izquierda a derecha, Itzalai Alberdi, Ana Torres y Joseba Abacia, en Altza. / ARIZMENDI

La implicación de los vecinos ha superado las expectativas de los promotores, las asociaciones Bizarrain y Plazara Goaz, que han decidido mantener abierta la posibilidad de adherirse a la campaña

NEREA AZURMENDISAN SEBASTIÁN.

El próximo jueves se presentará a lo grande, en el teatro Arriaga de Bilbao, la mayor campaña de activación lingüística diseñada hasta la fecha. Impulsada conjuntamente por la viceconsejería de Política Lingüística y Topagunea, la coordinadora que engloba a las asociaciones locales que tienen como objetivo fomentar el uso del euskera, propondrá el reto 'Baietz 11 egun euskaraz elkarrekin!'. 11 días, del 28 de noviembre al 1 de diciembre de 2018, en los que en toda la Comunidad Autónoma -también se sumarán las instituciones navarras- los ciudadanos que se sumen al mismo adquirirán dos compromisos: si son euskaldunes, su primera palabra será en euskera; si su nivel no alcanza para tanto, harán lo que esté en su mano para que el interlocutor euskaldun no tenga que pasar forzosamente al castellano.

En los barrios donostiarras de Altza e Intxaurrondo, como en otros muchos barrios y municipios que ya han vivido la experiencia con anterioridad, la convocatoria general les pillará con el rodaje hecho. Desde el pasado fin de semana hasta primeros de diciembre, a instancias de las asociaciones Bizarrain y Plazara Goaz, respectivamente, cientos de vecinos han asumido el compromiso de modificar las inercias y dar más espacio al euskera.

1.751
personas
se han incorporado en los primeros días a estas dos iniciativas: 859 en Altza (350 ahobizi y 500 belarriprest) y 901 en Intxaurrondo (354 y 547).
Ahobizi
Se comprometen a vivir en euskera mientras dure la experiencia y a que su primera palabra sea en esa lengua. En Altza, lucen una chapa verde.
Belarriprest
No hablan euskera con soltura, pero entienden y tienen cierto conocimiento de la lengua. Su chapa es roja, y su papel, básico. Sin ellos, no hay cambio.

Cada uno lo está haciendo en función de su perfil. Los euskaldunes, los 'ahobizi', comprometiéndose durante una semana a vivir en euskera (se puede prorrogar, pero el esfuerzo que exige es considerable). Quienes no dominan el euskera pero tienen cierto conocimiento de la lengua y la entienden (un porcentaje altísimo de la población), son los 'belarriprest'. Su papel, fundamental, es facilitar que el euskaldun pueda seguir hablando en euskera. Las conversaciones en las dos lenguas, o en una mezcla de ambas, no solo son válidas: son eficaces, y hasta divertidas.

Con 'efecto llamada'

Finalizada la primera semana de las dos experiencias, 'Altza (h)adi' y 'Baietz 20 egun euskaraz Intxaurrondon', se ha producido ya en los dos barrios el primer 'relevo', un encuentro que sirvió también para intercambiar experiencias porque, como destacan en Plazara Goaz, «centrarse en las personas, compartir sus vivencias, es fundamental».

En ambos casos la respuesta de los vecinos ha superado las expectativas. Bizarrain aspiraba a contar en Altza con 212 'ahobizi' y 415 'belarriprest', y para el quinto día ya iban por 350 y 500. Plazara Goaz se movía en torno a las mismas previsiones. Ya son 383 'ahobizi' y 547 'belarriprest'. En Intxaurrondo están viviendo lo que llaman el 'efecto llamada'. Sucede lo mismo en Altza.

"La recepción inicial fue muy buena, apenas tuvimos negativas. Y ahora, con la campaña en marcha, se están poniendo en contacto con nosotros entidades a las que no habíamos llegado, interesadas en participar", cuentan en Intxaurrondo. "Parece que el que no se ha integrado en esta dinámica no está en la onda. A medida que se va extendiendo la noticia, nos están llamando de bares y comercios, diciendo que también ellos quieren participar", confirma Joseba Abacia, miembro de Bizarrain. Las chapas han sido las víctimas colaterales del éxito. Se han acabado, pero ya han encargado más. Y en los dos casos han decidido mantener abierta la campaña para seguir recibiendo adhesiones.

«A medida que se va extendiendo la noticia, se va sumando más gente» Joseba Abacia, Bizarrain Euskara Elkartea

«Cuando vine a vivir a Altza quise seguir viviendo en euskera, pero me sentí aislada» Itzalai Alberdi, Ahobizi

«Cada uno a su nivel, a los euskaldunes les podemos facilitar mucho la vida» Ana Torres, Belarriprest

Teniendo en cuenta que Altza e Intxaurrondo son, tras Bidebieta, los barrios donostiarras en los que el uso del euskera es más bajo (en ninguno de los casos llega al 10%, aunque el conocimiento quintuplica ese registro), a la hora de pedir una primera valoración 'zoratzen' (encantados) es la palabra más utilizada.

Una lengua ajena

Abacia, no obstante, reconoce que implicar a la gente ha exigido esfuerzo. "Altza consta de varios núcleos entre los que no hay mucho contacto. Hay euskaldunes, pero no nos conocemos entre nosotros, y por una especie de complejo o de prejuicio tendemos a empezar las conversaciones en castellano. En ese sentido, integrarse en una dinámica como esta ayuda mucho". Y en esa dinámica se han integrado Itzalai Alberdi y Ana Torres, 'ahobizi' y 'belarriprest', respectivamente.

Ana llegó a Altza cuando tenía 10 años. Ni rastro de euskera en su familia. En la escuela, la declararon 'exenta' de una lengua que, en principio, no iba con ella, que a la mayoría de la gente del barrio le resultaba ajena y que incluso "inspiraba desconfianza, por razones políticas". Hasta que le llegó la hora de plantearse un futuro laboral, "y empecé a aprender euskera por el trabajo". Alcanzó un nivel medio que le permite conversar con alguien que se expresa en euskera combinando conocimientos, entusiasmo y mucha creatividad lingüística. En eso quedó la cosa hasta que fue madre y escolarizó a sus hijos.

"Ahí me di cuenta del problema. Todos en la gela eran euskaldunes, pero luego en el patio, todo erdera. La escuela estaba haciendo un esfuerzo enorme, pero como el euskera en la calle no existía, no les interesaba. Les daba hasta vergüenza hablar en euskera, y que hablara yo, ni te cuento...". Ahora que está "encantada con la mintza gratis", orgullosa de participar en un proyecto en el que cree, y que el euskera empieza a ser un poco más 'guay' en el barrio, la vergüenza se va diluyendo.

Conocerse mejor

De vergüenza puede hablar también Itzalai Alberdi. Euskaldun de Deba, llegó hace 10 años a Altza procedente de Hernani. "Nosotros vivíamos en euskera, y una de las preocupaciones al venir a Altza era cambiar completamente de ambiente en ese sentido". Las inquietudes de Itzalai y su familia se hicieron realidad. "Apenas conocíamos a familias euskaldunes. Queríamos seguir viviendo en euskera, pero nos sentíamos muy aislados. A los niños, que cuando eran pequeños todavía no dominaban en castellano, les daba verguenza ir a comprar chuches porque creían que no les iban a entender".

También en el caso de Itzalai la escuela ha sido importante, y no solo porque es su lugar de trabajo. "Aunque hay mucho pasotismo, un grupo de madres y padres vimos claro que no se puede delegar todo en el sistema educativo, que hay valores que se transmiten en la familia, y empezamos a buscar maneras de apoyar a la escuela desde fuera". Esta campaña puede ser una de ellas.

Itzalai, Joseba y Ana comparten desde distintas posiciones una vivencia habitual: el hecho de que un grupo de personas que están hablando en euskera tengan que pasar al castellano cuando se incorpora una que no conoce la lengua. "Se hace por educación, no pasa nada, pero al final frustra un poco tener que ser siempre tú quien cambias...", admite Itzalai. "No sabía que lo vivíais así", reconoce Ana. Porque esta experiencia también va de empatía, de conocerse mejor, de compartir, desde ambas perspectivas, vivencias de las que se ha hablado muy poco.

En el fondo, cambiar de hábitos lingüísticos no es tan complicado. "Aunque sea un kaixo, un zer moduz, cada uno a su nivel, con respeto y normalidad. Tenemos que entender que a los euskaldunes les facilitamos mucho la vida si, en la medida de lo posible, no les obligamos a pasar tanto al castellano". Ana, en bilingüe muy bien equilibrado, lo resume a la perfección. Itzalai y Joseba asienten. Al fin y al cabo, el asunto no tiene mucho más misterio.

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