Diario Vasco

Los 'cobots' y el mantenimiento predictivo marcarán el futuro

  • La planta apuesta por la colaboración con las empresas locales, de las que tracciona para que luego la multinacional se convierta en su cliente

Cuando uno entra en GKN Driveline Zumaia hay cuatro cosas que, antes de ver las 'tripas' de la planta, ya le llaman la atención. La primera, Belén Osa, una simpática recepcionista que, si ve la oportunidad, te anima a que digas «Z de Zumaia» en lugar de «Z de Zaragoza» cuando le das cuenta de tu DNI; junto a ella, una amplia sala con materiales de seguridad para las visitas. También resalta un mural con las fotos de todos los trabajadores de la factoría y el mensaje '4.0 Through Our People' o, 'Industria 4.0 mediante nuestra gente'. Y, justo antes de entrar a la parte del león de los 25.000 metros cuadrados de la planta, una gran pantalla tactil que, en tiempo real, ofrece datos de todas las máquinas y robots que allí trabajan y desde la que con un vistazo te haces una idea certera de cómo van las cosas.

Txomin Oronoz, el gerente, pone el énfasis en el mural con los retratos de todos; y señala, frente a quienes denostan la robotización en la industria, que «si no eres competitivo, y eso te lo da la modernización de las instalaciones, vas a tener que cerrar y perder el empleo de los 402 que aquí trabajamos». «Llevamos haciendo lo que hoy se llama Industria 4.0 casi diez años, y eso nos ha permitido sobrevivir», afirma. Ya en harina, la verdad es que la fábrica es una suma de robots de color naranja que, guiados y vigilados de cerca por los trabajadores, otorgan a Zumaia la competitividad que le ha permitido destacar en el grupo británico.

La I+D es algo natural en la casa, que dedica a este aspecto el equivalente al 12% del coste de plantilla. Eso se traduce en un equipo de 60 ingenieros que desde el llamado 'Test Lab' se dedican a probar la resistencia y fiabilidad de los productos que allí se fabrican y, al tiempo, a buscar soluciones de futuro; 'inventos' que, incluso, a veces chocan con el presente, como unos motores eléctricos que, incorporados a las ruedas, no necesitan de transmisión alguna. Cuando se habla de futuro en GKN Driveline Zumaia (la planta y el control telemático de los robots que allí trabajan, que incluso permite corregir errores en vivo, ya son bastante adelantados) surgen varios conceptos.

El primero, explica Txomin Oronoz, el del mantenimiento predictivo, que permite, de alguna forma, saber tanto de cómo funcionan los equipos que te puedes adelantar a eventuales averías o fallos. Junto a esto, añade, «vamos a apostar por los 'cobots' o robots colaborativos, que son aquellos que trabajan junto a los operarios y realizan tareas sencillas como controles finales o labores de packaging'».

Oronoz pone en valor el hecho de que la planta trabaja mucho con empresas locales de las que, a su vez, tira para que la multinacional se fije en ellas. «Aquí hay firmas muy buenas, mejores y más ágiles que otras mayores a las que podríamos acceder fácilmente por nuestra pertenencia al grupo pero que no nos convencen».

«Mire, con Fagor Forging hemos hecho cosas en Legazpia (donde GKN tiene una forja) que han acabado en México o Tailandia; y también hemos logrado soluciones fantásticas con Akoin, Berkoa, Ekin, Lankor o Danobat», concluye.

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