Diario Vasco

Jaime Martín: «Para conseguir lo mejor en el arte no puede existir la palabra rutina»

Jaime Martín, un virtuoso de la flauta, se dedica a la dirección de orquesta y a la programación musical desde hace cinco años.
Jaime Martín, un virtuoso de la flauta, se dedica a la dirección de orquesta y a la programación musical desde hace cinco años.
  • Dirige el concierto que se celebrará hoy por la tarde en el Kursaal con obras de Sor, Beethoven y Mendelssohn

Kursaal Eszena recibe hoy a la Orquesta de Cadaqués, una de las pocas agrupaciones españolas que funcionan como entidad privada y con una contrastada calidad que le ha hecho colaborar con los mejores. De origen mediterráneo pero con una clara visión cosmopolita, fue apadrinada por maestros como el recientemente fallecido director Sir Neville Marriner y artistas como Gennady Rozhdestvensky o Philippe Entremont. Jaime Martín, uno de los músicos fundadores de la orquesta y primer flauta a lo largo de veinte años, ocupa desde 2011 el cargo de director principal y la dirigirá hoy en el Kursaal.

- Usted fue apadrinado por Sir Neville Marriner, recientemente fallecido y a quien sustituirá en el concierto de hoy. ¿Qué diría que le ha aportado el maestro en su carrera como director?

- Durante muchos años he tocado la flauta bajo la batuta de Sir Neville Marriner, tanto en Saint Martin in the Fields, donde fui su primer flauta durante quince años, como en la Orquesta de Cadaqués. Siempre me animó a dirigir, me dio muchas oportunidades para interpretar conciertos para flauta y orquesta sin director, y de esta manera hacerme estar de pie delante de mis colegas organizando los ensayos. Todavía me acuerdo cuando durante una gira en Alemania le comenté que había sido invitado para dirigir a una joven orquesta, en lo que sería mi primera experiencia como director. Neville me dijo que le parecía estupendo, pero que la orquesta tendría que empezar a buscar un flautista para sustituirme, porque pensaba que en cinco años ya no tocaría la flauta. Su cálculo fue exacto.

- Y lleva cinco años como titular de la Orquesta de Cadaqués, considerada una de las mejores orquestas de España y muy bien situada a nivel europeo. ¿Cuál cree que es su secreto?

- No hay ningún secreto. Intentamos transmitir en el escenario el entusiasmo que sentíamos cuando éramos estudiantes. La Orquesta de Cadaqués se creó en la época en la que muchos jóvenes estudiantes de música en España empezamos a salir al extranjero para ampliar nuestros estudios. Nos veíamos varias veces al año en la Joven Orquesta Nacional de España, pero cuando tuvimos que dejarla para dar paso a las nuevas generaciones, nos dimos cuenta de que a partir de ese momento iba a ser difícil volver a vernos, aunque queríamos seguir tocando juntos. Por esa razón creamos la Orquesta de Cadaqués. Es un punto de encuentro de músicos y amigos. Creo que después de más de veinticinco años, aunque algunos de nosotros tengamos más arrugas, en la Orquesta de Cadaqués nos sentimos tan jóvenes como cuando empezamos.

- Y de ella se dice que es una de las mejores. ¿En qué cree que se basa la opinión pública para decir que una orquesta es mejor que otra? ¿Y los propios músicos y directores?

- Esta es una pregunta difícil de contestar. Tendemos a apreciar más las orquestas o intérpretes con más 'nombre'. Por supuesto, el nombre hay que ganárselo, pero hoy en día si cerramos los ojos y escuchamos, muchas veces nos llevamos sorpresas.

- ¿Diría que, además del entusiasmo que ha citado, el modo de funcionar de esta agrupación, formada por profesionales en activo en diferentes orquestas, es también una garantía de su calidad?

- La calidad la garantiza el altísimo nivel de cada instrumentista y el entusiasmo. Para conseguir lo mejor de un grupo de personas hay que intentar que cada componente se sienta responsable y orgulloso de su función. La palabra rutina no puede existir en el arte.

- ¿Es económicamente viable hoy en día un proyecto como la Orquesta de Cadaqués?

- Es un modelo no demasiado habitual en España, pero bastante común en algunos países. Es una orquesta que depende de su trabajo y por esta razón tiene que ser muy activa.

- Antes de ser su director, fue miembro de la orquesta. ¿Qué le llevó a pasar de ser flautista a director?

- Durante los años en los que he tocado en orquestas siempre me ha fascinado la figura del director. Es increíble lo diferente que puede sonar la misma orquesta con distintos directores, y como músico dentro de la orquesta, siempre he intentado traducir a palabras a qué se deben esas diferencias y todavía no lo he conseguido. Un amigo me invitó a dirigir una orquesta de jóvenes y a partir de ese momento una cosa llevó a la otra, y tal y como Sir Neville Marriner predijo, cinco años más tarde dejé de tocar la flauta.

- Hoy en día, además, dirige el Festival de Santander. ¿Considera que ser músico ayuda a ser un mejor programador o gestor?

- Creo que ser músico ayuda a ser programador, que es mi función como director artístico del Festival de Santander.

- ¿Cómo consigue compaginar sus tres facetas de intérprete, director y responsable de un festival?

- En noviembre va a hacer cuatro años que dejé mi trabajo de solista de flauta en la London Philharmonic y de profesor en el Royal College of Music de Londres. El trabajo de director de orquesta y programador de un festival es muy compatible, estoy siempre viajando, en contacto con artistas de todo el mundo y esto me ayuda a la hora de programar, tanto en el Festival de Santander, como en las orquestas de las que soy director titular.

- El concierto de San Sebastián se abre con la obertura de un ballet de Sor. ¿Por qué han incluido esta obra?

- Es un programa que escogió Sir Neville Marriner. Durante los años que dirigió a la Orquesta de Cadaqués siempre tuvo mucho interés en descubrir el repertorio español poco conocido. Durante esta gira, además de tocar en Madrid, Barcelona y Alicante, también lo haremos en Holanda y Alemania, y Neville quiso aprovechar esta oportunidad para dar a conocer esta obra.

- Contará con Augustin Hadelich como solista del famoso 'Concierto para violín' de Mendelssohn, que también interpretan. ¿Ha trabajado antes con él?

- Nunca he trabajado con él, pero le he escuchado en varias ocasiones. Es muy importante que entre el solista, la orquesta y el director haya diálogo y comunicación.

- El concierto se completa con la 'Sinfonía nº 2 'de Beethoven, menos programada que otras obras del compositor. ¿A qué cree que se debe?

- Hay sinfonías de Beethoven más conocidas, pero esto no quita valor a una obra impetuosa, cómica en algunas ocasiones, y radical en la época en la que fue escrita. Aunque el cambio más radical ocurrió con la composición de su 'Sinfonía nº 3', la segunda es un gran salto. Es una obra de gran dificultad técnica que requiere de un gran virtuosismo en la orquesta, especialmente en el último movimiento.

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