Una barandilla de 1910 para el siglo XXII

Tecnalia diseña, supervisa y comprueba que el nuevo pasamanos que se repone en La Concha tenga una larga vida sin problemas de corrosión

Una barandilla de 1910 para el siglo XXII
AINGERU MUNGUÍA

A muchos les rechinó conocer que una fundición asturiana sería la encargada de confeccionar los tramos de barandilla de La Concha que sustituirían a los originales de hace un siglo. Es solo una cara de la moneda. La otra pata del proyecto, que se inició en 2004, la protagoniza Tecnalia con el control de fabricación, análisis de los materiales, inspección, ensayos y validación de todo un proceso que va a permitir que el icono donostiarra por excelencia tenga una larga vida. «Ninguno de nosotros la veremos con roña», asegura con convicción la ingeniera Isabel Aramburu.

La barandilla original de La Concha, diseñada en 1910 por el arquitecto municipal Juan Rafael Alday e inaugurada en 1916 por el rey Alfonso XIII, comenzó a ser renovada en 2004. Ese año se sustituyó en el tramo comprendido entre el Náutico y la primera rampa de bajada a la playa. El año 2002 el Ayuntamiento había encargado a la fundición Infiesta de Gijón y a Tecnalia el desarrollo de un proyecto conjunto para sustituir el viejo pasamanos por otro que fuera estéticamente igual pero mejorado en cuanto a su resistencia mecánica y, sobre todo, frente a la corrosión.

La responsable de Ingeniería de Materiales de la firma vasca, Isabel Aramburu, explica que Tecnalia «elaboró procedimientos que detallaban los materiales a utilizar, los métodos de preparación de la superficie, la aplicación del sistema de protección (recubrimiento metálico y pintura) y los ensayos de validación, tanto del material como del sistema de protección». Además, el centro de investigación lleva a cabo desde entonces la inspección de los trabajos de fabricación y del montaje de la barandilla.

Los tres objetivos que tenía el proyecto eran tres: Fabricar cada tramo de barandilla en una sola pieza, elegir un material con mayor resistencia mecánica y utilizar una sistema de protección (pintura) tecnológicamente avanzado.

La clave fundamental para crear una nueva barandilla de La Concha que tuviera el mismo aspecto que la original, pero fuera más resistente y sorteara la corrosión fue fabricarla de una pieza y no a base se soldar cinco módulos, como se hizo hace un siglo. «Al fundirla de una sola pieza confiere a cada tramo una mayor seguridad, ya que al eliminar zonas de empalme mejoramos la integridad estructural del conjunto y, por otro lado, mejoramos su resistencia frente a la corrosión, ya que las soldaduras son zonas críticas». Los viejos tramos ahora sustituidos registran roña en todos los puntos de unión, lo que ha obligado durante décadas a aplicar nuevas capas de pintura para eliminar el feo aspecto que le da la corrosión.

Los datos

550 metros
es la longitud de barandilla de La Concha que se procede a sustituir en la actualidad entre la Perla y el hotel Londres.
Una sola pieza sin uniones
La nueva barandilla se construye hoy de una sola pieza, lo que evita las uniones entre módulos.
Cambio de material
De una fundición gris o laminar se pasa a una fundición dúctil o nodular.
Sistema dúplex de protección
La barandilla se ultima con la aplicación de cinc mediante proyección térmica y tres capas de pintura.

Fundición dúctil

El material de la barandilla ha pasado de ser una fundición gris o laminar a una «fundición dúctil o nodular», lo que permite aumentar «hasta cuatro veces» la resistencia mecánica. También se ha sustituido el sistema de acabado. Si en su origen se piensa que se aplicó una capa de minio y pintura, ahora la barandilla se completa con un sistema de protección denominado ‘dúplex’ que consiste que aplicar una primera capa de protección metálica a base de cinc «mediante proyección térmica» y se finaliza el proceso con tres capas de pintura.

Además del diseño de estos sistemas de fabricación, un equipo de Tecnalia comprueba in situ el proceso de producción –tanto la fabricación en la Fundición Infiesta como el pintado en el Grupo SEM, (ambos de Gijón)–, obtiene muestras, las analiza en sus laboratorios de Parque Tecnológico de Miramón (análisis químicos, de caracterización mecánica y metalografía) e inspecciona finalmente la barandilla en el paseo de La Concha.

Todo este trabajo se realiza con un equipo de profesionales formado por María Vaquero, responsable del proyecto; Iñigo Arregui, del laboratorio de Análisis Químico; Aitor Urbistondo, del laboratorio de Metalografía; Miguel Ángel Trillo, del laboratorio de Ensayos Mecánicos; y Raúl Caracena, del laboratorio de Corrosión; todos ellos dirigidos por Isabel Aramburu, responsable de Ingeniería de Materiales de Tecnalia.

María Vaquero, en concreto, ha sido la responsable de supervisar en Gijón todo el proceso de fabricación y pintado de la barandilla, con visitas que han llegado a ser de una vez por semana. «Como los ensayos deben ser no destructivos, lo que hemos hecho es adosar una probeta a la pieza de barandilla que se va a fundir para luego cortar ese apéndice, traerlo a San Sebastián y analizarlo». La aplicación del sistema de protección (pintado) de la barandilla también se controla en Gijón. «Analizamos que las condiciones sean las adecuadas y después comprobamos los espesores de la capa de pintura y, mediante unas cintas adhesivas, controlamos la facilidad con la que se despega», explica Vaquero.

Tecnalia garantiza que la nueva barandilla es «cuatro veces más resistente» y tiene «una alta durabilidad» a la corrosión. El nuevo tramo colocado entre el Náutico y Alderdi Eder hace 13 años así lo demuestra. «Solo ha aparecido roña en algún punto donde alguien ha colocado candados u otro elementos ajenos a la barandilla», explica Aramburu. El equipo muestra al fotógrafo los viejos tramos sustituidos y cómo la roña está presente en todos los puntos de soldadura. «Eso se ha acabado. Con un buen mantenimiento, la nueva barandilla no registrará problemas de corrosión en décadas. Nosotros, desde luego, no la veremos».

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