Cómo subir al campo base del Everest en nueve días

Cómo subir al campo base del Everest en nueve días

Es uno de los trekkings más famosos de Nepal, en el que se alcanzan los 5.365 metros de altura, y que cada año atrae a miles de montañeros

Estrella Vallejo
ESTRELLA VALLEJO

El trekking al Campo Base del Everest es uno de los mayores reclamos de Nepal para los amantes de la montaña, y uno de los lugares más mágicos y abrumadores de todo el país. El hecho de que cada año lo realicen miles de personas, no significa que la experiencia no sea única. Pisar el Himalaya, recorrer el Parque Nacional de Sagarmatha, el valle del Khumbu y cubrir cada etapa por la que los grandes alpinistas de la historia han pasado antes de iniciar su expedición hacia la cima del Everest (o Chomolungma, como le denominan los nepalíes) refuerza la sensación de estar siendo testigo de una experiencia única y al alcance de pocos.

Ahora bien, disponerse a hacer el trekking al Campo Base, situado a 5.365 metros de altura, requiere tener en cuenta varias cuestiones.

¿En qué fecha voy?

La temporada alta son los meses de marzo a mayo, que coincide con la época de expediciones y por tanto hay más trajín de idas y venidas de gente, y la de octubre a noviembre. Aunque hacia mediados de septiembre (cuando nosotros lo hicimos) con un poco de suerte el clima puede ser similar a octubre y la afluencia de gente es menor.

¿Puede ir cualquiera?

Definitivamente no. Durante el trekking se ven personas de todo tipo y de todas las edades, pero es necesario estar mínimamente en forma y tener cierta capacidad de sufrimiento. Las etapas no tienen excesivo desnivel, rondan los 400-600 metros positivos al día, lo que se traduce en unas 5-6 horas de caminata diaria. Pero hay que tener en cuenta que completar el trekking supone andar unos 140 kilómetros, por lo que la acumulación de días y, sobre todo, la altura y la falta de oxígeno hacen que el camino sea más exigente. Es decir, que además de a nivel físico, es importante estar mentalmente preparado y asumir con tranquilidad que los síntomas que van apareciendo están dentro de la normalidad.

¿Es obligatorio llevar guía?

No. Uno puede hacer el trekking por su cuenta, cargando con su mochila; contratar solo el servicio de un porteador, u optar por el pack completo de contratar guía y porteador. Es una decisión muy personal. En nuestro caso fuimos por nuestra cuenta con nuestro propio equipaje, pero se tome la decisión que se tome, sí es recomendable contactar con una agencia que sea nuestro punto de referencia en caso de surgir algún problema. En Thamel hay cientos de ellas, aunque tratar con Mikel Leizeaga, un legazpiarra que lleva más de veinte años viviendo en Kathmandu (Asian Adventure Treks & Expedition) siempre da más confianza.

Viajar con días de margen

El trekking comienza desde Lukla, una localidad sin conexión por carretera a la que se accede tomando un vuelo interno desde Kathmandú. El problema es que el aeropuerto de esta pequeña localidad está considerado uno de los más peligrosos del mundo. Su pista apenas alcanza los 500 metros y se corta de forma repentina dando paso al vacío. Esto supone que si las nubes se posan puede haber cancelaciones durante días. Por eso es importante, en la medida de lo posible, viajar a Nepal con varias jornadas de margen para evitar que tengas que regresar a casa sin haber completado la ruta por falta de tiempo.

Mal de altura

El dolor de cabeza es el síntoma más habitual a medida que vamos ganando altura. El hormigueo en pies y manos, falta de apetito, respiración algo agitada y pulso agitado. Es desagradable pero hay que aprender a relativizarlo, siempre que no empiecen a manifestarse síntomas graves como vómitos, dificultad respiratoria sin esfuerzo, confusión, expectoración de sangre, etc. De hecho, una sintomatología leve afecta incluso a los porteadores, los guías o los nepalíes que regentan los lodges pero que en temporada baja viven en Kathmandú. Por lo que ante todo es importante no ponerse nervioso.

Así, una vez habiendo pasado por el Ministerio de Turismo para obtener el TIMS (Trekkers Information Management Systems), el permiso para poder realizar el trekking y comprados los billetes que rondan los 300 dólares ida y vuelta... ¡Comienza la aventura!

1. Luckla (2.840 metros) - Phakding (2.610 m.). 3 horas. 10 kilómetros de distancia

En treinta minutos de reloj, el calor y el polvo de Kathmandú desaparecen y nada más aterrizar en la reducida pista de Lukla llama la atención el aire puro que se respira. La primera jornada de trekking consiste en bajar 200 metros de desnivel, por lo que es buena forma de ir preparando el cuerpo de cara a los días posteriores. Empiezas a encontrarte con otros trekkers que están a punto de terminar su recorrido y un breve cruce de palabras (“Muy duro, pero impresionante”) te da más ganas de afrontar el reto que tienes por delante con mayor entusiasmo si cabe. En unas tres horas llegamos a Phakding, un pequeño pueblo repleto de lodges (refugios), donde aprovecharemos para empezar a adaptarnos al horario sherpa. A las 16.00 horas habrá que escoger cada día el menú de la cena, que se recomienda que no sea muy pesado, y que la sirven no más tarde de las 19.30 horas. Ah, y para las 20.30 horas, todos a dormir.

2. Phakding (2.610 m.) - Namche Bazaar (3.440 m.). 6 horas. 11 kilómetros.

En la segunda etapa comienza oficialmente el trekking con una jornada en la que hay que realizar el mayor desnivel positivo de todo el recorrido, aunque no por ello el más exigente al menos para nosotros. Tras presentar los TIMS en el pueblo de Monjo y adquirir los permisos para entrar en el Parque Nacional de Sagarmatha, seguimos el camino hasta divisar el puente tibetano de mayor altura por el que cruzaremos (no demasiado agradable para los enemigos del vértigo, dicho sea paso). Este es el indicador de que tenemos por delante unas dos horas de subida constante. Al sobrepasar los tres mil metros puede aparecer un leve dolor de cabeza, por eso como dicen los sherpas, ‘bistare, bistare’ (despacio, despacio). Es decir, aunque físicamente uno se sienta capaz de subir a mayor velocidad, es preciso tener en cuenta que el cuerpo debe acostumbrarse, por lo que caminar despacio, beber unos tres litros diarios de agua y tener en cuenta la máxima de ‘climb high, sleep low’, (es decir, dormir más bajo del punto máximo al que hemos llegado) es imprescindible. La meta de hoy es Namche Bazaar, la capital de los sherpas, ubicado a 3.440 metros de altura, desde donde podremos divisar por primera vez el Everest si el tiempo lo permite. La casualidad hizo que nos alojáramos en el lodge del que fuera guía de Reynhold Mesner, el primer hombre en hacer la cima del Everest sin oxígeno en 1978, aunque nuestro amigo sherpa tuvo que darse la media vuelta en el Campo 3.

3. Aclimatación en Namche Bazaar.

Para hacer buena aclimatación, la mañana de la tercera etapa la destinamos a visitar el aeródromo y las localidades de Khumde y Khumjung, donde está situado uno de los proyectos escolares desarrollados por la Fundación Edmund Hillary. Una zona muy rural y con gente amabilísima donde permanecimos alrededor de una hora dando tiempo a nuestro cuerpo para se acostumbrara a estar a 3.800 metros, es decir, la altitud del pueblo en el que dormíamos al día siguiente. Por la tarde, ya de vuelta en Namche Bazaar, fue buen momento para visitar uno de los pueblos más bonitos de todo el trekking. Está lleno de tiendas, algunos bares que proyectan películas a las tres de la tarde, y mucha vida. Cualquier plan será mejor que echarse una siesta que nos arruinará poder dormir y descansar por la noche. Ademas, es el último pueblo en el que nos alojaremos que está conectado a la red eléctrica, por lo que si os encanta la carne, más vale que aprovechéis aquí para degustar un buen filete de yak, y tomaros una cerveza mientras echáis una partida al villar en el Cafe Danphe Bar.

4. Namche Bazaar (3.4440 m.) - Tengboche (3.867). 5-6 horas. 9 kilómetros.

El cuarto día de caminata marcará un antes y un después durante en el trekking. Esta jornada arranca con varias horas por un camino con cuestas ascendentes y descendentes, y tras pasar por pequeñas estupas con algunas de las cimas más majestuosas de fondo y cruzarnos con varios yaks yendo y viniendo, el terreno se convirtió en una bajada algo incómoda de una hora de duración. Después de atravesar un pequeño puente, presentamos de nuevo los TIMS, para terminar la jornada con dos horas de subida continua y exigente, que para nosotros fue de la más dura del recorrido por los diez kilos que llevábamos a la espalda. Sin embargo, la paz que se respiraba al llegar a Tengboche, con su templo budista dándote la bienvenida, hace que el esfuerzo merezca la pena. Definitivamente, uno se acostumbra rápido al horario sherpa y para las ocho y media empieza a entrar el sueño. El calor de la estufa del comedor no llega a las habitaciones, pero las mantas que te proporcionan para ponerlas por encima del saco de dormir ayudan a entrar en calor.

5. Tengboche (3.867 m.) - Dingboche (4.410 m.). 5 horas. 10 kilómetros

Por la mañana nos deslumbra una panorámica que las nubes vespertinas del día anterior no nos permitieron apreciar. Desayunar con la cima del Everest, el Lhotse, el Nuptse y el Ama Dablam rodeándonos no es algo que suceda a diario y cuesta asimilar que estás siendo testigo directo de esas vistas y sobre todo de esa experiencia. Mientras observas el pico más alto del mundo, el tiempo avanza y se hace tarde. Daban casi las 8.00 y había que poner rumbo a Dingboche, el pueblo más alto de Nepal (ya que a partir de los 4.400 son refugios construidos exclusivamente para dar alojamiento a los montañeros). Es una aldea rural que además de la agricultura vive de los trekkings, y que además puede presumir de la curiosidad de tener uno de los salones de villar a mayor altura del mundo. Ahora bien, al pasar la primera noche por encima de los cuatro mil metros puede que ademas del dolor de cabeza, empiecen a manifestarse otros síntomas como hormigueo en pies y manos, pérdida ocasional del apetito, además del conocido como ‘efecto acordeón’, es decir, despertar repentino durante la noche con la sensación de no tener oxígeno. Algo desagradable, pero que no debe preocuparnos. Lo que quizás sí moleste en mitad de la noche es tener que ir al WC. Es la consecuencia directa de tener que beber tres litros de agua al día, pero el hecho de que normalmente los baños estén ubicados a la semi-intemperie, con el frío que hace a esas horas, lo convierte en todo un desafío.

6. Aclimatación en Dingboche

Al igual que hicimos en Namche Bazaar, en esta ocasión también subimos un monte que se encuentra sobre el pueblo de Dingboche y que los montañeros suelen aprovechar para sobrepasar la barrera de los 5.000 metros, aunque el mal tiempo hizo que tuviéramos que quedarnos en los 4.800. En esta aldea rural no hay mucho que hacer en el tiempo libre, más allá de pasear por el pueblo o leer un libro con un té de jengibre al calor de la estufa del comedor para la que utilizan como combustible excrementos secos de yak.

7. Dingboche (4.410 m.) - Lobuche (4.940). 6-7 horas. 8 kilómetros

Arranca una nueva mañana. Ya queda menos para llegar a nuestro objetivo y tras un buen desayuno, comenzamos la jornada al compás del sonido de los helicópteros de rescate que como cada mañana recorren el valle del Khumbu. El camino arranca con una subida a la que le seguirán varias horas de llaneo hasta que alcancemos el río que deberemos cruzar para llegar a Dougla. Conviene hacer un alto en el camino en este lugar porque a continuación tendremos una subida bastante inclinada de alrededor de una hora de duración, donde la altura complica considerablemente la subida y el viento no ayuda en absoluto. Una vez superada, en lo alto, una explanada reconvertida en memorial recuerda a todas aquellas personas que fallecieron en su ascensión al Everest. En este punto, Lobuche está cerca pero no lo suficiente. Conviene no confiarse porque, aunque el camino sea llano, queda alrededor de una hora y media de caminata por un paisaje que ya ha dejado de ser verde y ha dado paso a la roca gris más habitual en alta montaña. Al llegar a Lobuche descubrimos que no es más que un conjunto de lodges para los montañeros en medio de la nada, pero aunque nos entren ganas de quedarnos al calor de la estufa, conviene desperezarse y acercarse a contemplar el glaciar rocoso del Khumbu que roza los 5.000 metros de altura.

8. Lobuche (4.940 m.) -Gorak Shep (5.164 m.) -Campo Base (5.365 m.)-Gorak Shep (5.164 m.). 8 horas. 10 kilómetros

¡Ha llegado el gran día! Va a ser una jornada dura, muy dura, y larga pero merecerá la pena. En primer lugar, debemos llegar al refugio de Gorak Shep, ubicado a 5.164 metros. Dos horas de caminata para recorrer 4,3 kilómetros en los que ya se empieza a pasar por zonas de glaciar rocoso y en las que puede haber desprendimientos en caso de que salga un día caluroso. Rodeados de siete miles y con la constante presencia del Everest (si la meteorología lo permite) llegamos al que será el lugar en el que dormiremos a mayor altitud. Aprovechamos para dejar el peso de la mochila, comer algo, y sin perder mucho tiempo ponemos rumbo al Campo Base, hasta donde tenemos otras tres horas de caminata. Cruzamos una explanada de arena y nos adentramos de nuevo en zona rocosa. La inmensidad del paisaje, unido a los efectos de la altura, que por encima de los cinco mil metros se notan y mucho, hace que resulte complicado calcular la distancia que nos separa de nuestro objetivo. No sin esfuerzo, alcanzamos el monolito rodeado de banderas budistas que nos da la bienvenida al famoso Campo Base del Everest. Allí estábamos en una explanada de hielo y roca a 5.365 metros de altura, donde se instalan las tiendas de los alpinistas en temporada de expediciones. Pero en septiembre, en concreto el día 13, aquello estaba vacío. No es un lugar que se pueda calificar de bonito, pero su significado y su grandiosidad sobrecogen de una manera única. Al cabo de unos minutos van llegado otros trekkers que también se abrazan, lloran y gritan de alegría. La inmensidad del paisaje resulta abrumadora y te envuelve de tal forma que es imposible contener la emoción y sentir esa mezcla de orgullo y satisfaccion por todo el esfuerzo realizado. Pero de pronto, un estruendo silencia a todos y a lo lejos se observa un bloque de hielo desprenderse. Pasamos algo más de una hora, aunque parece que se ha detenido el tiempo. El lugar no puede ser más mágico pero toca regresar. Quedan otras tres horas de vuelta y éstas sí que se van a hacer duras.

9. Gorak Shep (5.164 m.) - Kala Pattar (5.645 m.) -Panboche (3.900 m.). 12 horas. 23 kilómetros.

El Campo Base es el lugar más emocionante de todo el trekking pero donde conseguiremos las mejores vistas del Everest es sin duda desde el Kala Pattar, un monte de 5.645 metros que está a dos horas andando de Gorak Shep. Asequible y accesible, aunque dormir por encima de los cinco mil es como un filtro que por la mañana determina quién está en condiciones de subir y quién no. Normalmente el cielo amanece despejado y se nubla a medida que avanza el día por lo que conviene madrugar más de lo habitual. A las 4.30 horas de la mañana, con la única luz del frontal comienza la subida a paso muy lento y sin prisa. A esas horas el frío aprieta, pero con el amanecer se descubrió una de las panorámicas más espectaculares del mundo que hace olvidarse del resto. No obstante, hay que emprender el regreso y deshacer el recorrido realizado hasta la fecha. Queremos reducir la vuelta a tres días y eso implica doblar etapas, que las jornadas sean mas largas y pesadas. Volvemos a pasar por Lobuche, Dougla, atravesamos el interminable y ventoso valle en el que se encuentra Pheriche para llegar, por fin a Panboche. Muchas horas de caminata, pero lo que más sorprende es lo cómodo que se siente uno a cuatro mil metros después de haber pasado varias jornadas por encima de los cinco mil.

10. Panboche (3.900 m.) - Namche Bazaar (3.440 m.). 6 horas. 13 kilómetros

Ir perdiendo altura se nota en el ritmo de las etapas, aunque hay que tener cuidado porque en los descensos pueden empezar a resentirse las rodillas. De Pamboche nos dirigimos a Tengboche, y aligerando el paso en las bajadas llegamos en buenas condiciones hasta Namche Bazaar. Nos habíamos ganado la recompensa: filete de yak.

11. Namche Bazaar (3.440 m.) – Lukla (2.840 m.). 9 horas. 18 kilómetros

Despedirse de Namche Bazaar es la muestra de que el trekking está a punto de terminar. Por delante quedan 18 kilómetros que después de unos 120 acumulados empiezan a pesar en según que tramos. Sobre las cuatro de la tarde llegamos a Lukla, satisfechos por haber cumplido con el objetivo, aunque apenados porque aquello suponía ponerle fin a una experiencia única, irrepetible y muy recomendable.

Temas

Nepal, Himalaya

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