Highlands, la tierra del agua

La zona norte de Escocia combina paisajes majestuosos con lugares inhóspitos donde puedes recorrer kilómetros sin cruzarte con una persona

Highlands, la tierra del agua
MIGUEL VILLAMERIEL

En las Highlands o 'tierras altas' de Escocia el agua es un elemento omnipresente. No sólo porque el océano Atlático y el Mar del Norte bañen cientos de kilómetros de sus costas, sino porque el interior de estas tierras de tonos verdes y ocres aparece salpicado de inmensos lagos de agua dulce, cascadas con caídas imposibles e incontables cañadas que serpentean sobre cualquier superficie llana que se presenta en su camino. Las Highlands, la mitad norte en la que se divide simbólicamente Escocia, encarnan también las esencias más típicamente escocesas, como las gaitas, el whisky, los tartanes, el sistema de clanes o los deportes tradicionales como el lanzamiento de troncos. Además de acoger a un pueblo con identidad propia que mira su pasado indómito con orgullo, aunque en 2014 los escoceses no apoyaron de forma mayoritaria el referéndum que les hubiera sacado del Reino Unido.

Las tierras altas escocesas combinan paisajes majestuosos con zonas inhóspitas y deshabitadas que han contribuido a forjar el carácter duro y fuerte de sus habitantes. Una forma de ser, no obstante, que se muestra abierta y hospitalaria con el forastero, a pesar de que el marcado acento de su inglés a veces complica la comunicación. Con una densidad de población cinco veces menos que la de Inglaterra, los paisajes highlandeses se convierten en una sucesión de parques naturales en los que hacer senderismo, castillos al borde de lagos silenciosos y llanuras inmensas donde pastan las ovejas o las típicas vacas pelirrojas de la zona. La mitad de los habitantes de las Highlands viven en poblaciones con menos de 1.000 vecinos, lo que da una idea del carácter rural de unas tierras donde las principales carreteras siguen siendo de un único carril, aunque con sucesivos descansillos para permitir el cruce de dos vehículos. Pero allí puedes recorrer kilómetros sin cruzarte con ningún coche.

Aunque los límites físicos entre las Highlands y las Lowlands no están claramente fijados, la forma más habitual de llegar a las 'tierras altas' de Escocia es a través de las dos grandes ciudades del sur: Edimburgo, la capital política y cultural, y Glasgow, el principal referente económico y empresarial del país. La capital oficiosa de las Highlands es la ciudad de Inverness, a unas tres horas en coche de Edimburgo, que se convierte en un punto de partida perfecto para emprender un recorrido por las 'tierras altas'. En dirección norte, se pueden visitar la ciudad balneario de Strathpeffer, centro de veraneo que se popularizó en la época victoriana, las playas de arena de Dornoch o la zona conocida como Black Island, donde el horizonte aparece pintado por las plataformas petrolíferas del Mar del Norte.

En dirección sur desde Inverness se llega al lago Ness, el más grande de las Highlands, con su leyenda sobre el monstruo Nessi y dominado por uno de los castillos más famosos de Escocia, el de Urquhart. Poniendo dirección oeste, hacia la isla de Skye, el principal reclamo turístico de las Highlands, es ineludible una parada en el fascinante castillo de Eilean Donan, justo antes de acceder a Skye. Ya en la isla, la lista de posibles destinos es extensa: la capital Portree, el castillo de Durvegan o los acantilados de Kilt Rock y Neist Point. Así como los Cuillings, la considerada como la cordillera más bella de toda Gran Bretaña. Tras dejar la isla de Skye, los amantes a la montaña no pueden dejar de visitar la zona de Glencoe, un paraíso para el senderismo y la escalada.

Por último, una visita a las Highlands no debe pasar por alto el disfrute de la gastronomía escocesa, que mejora con mucho a la modesta cocina inglesa. El pescado fresco y el marisco adquieren en Escocia una importancia que no existe en Inglaterra, y la reputada ternera de Aberdeen Angus permite disfrutar de una de las mejores carnes de Europa. Por no hablar de los variados dulces y toffees que endulzan los postres highlandeses y permiten acabar el viaje con buen sabor de boca.

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