Bélgica: Póker de ases

Brujas, Gante, Lovaina y Bruselas conforman la belleza de un país liso y peculiar donde, como decía Jacques Brel, «las catedrales son las únicas montañas»

Bélgica esconde varios rincones de gran interés que, además, están muy bien comunicados en tren. /MIKEL MADINABEITIA
Bélgica esconde varios rincones de gran interés que, además, están muy bien comunicados en tren. / MIKEL MADINABEITIA
Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Hablando de Bélgica, algún aficionado al ciclismo habrá pensado que titulamos así este reportaje porque hablamos de Eddy Merckx, Rik Van Looy, Sylvère Maes y Philippe Thys. O de Philippe Gilbert, Tom Boonen, Johan Museeuw y Frank Vandenbroucke. Pero no. Hoy toca hablar de otro póker de ases belgas. Los que forman Brujas, Gante, Lovaina y Bruselas. Cuatro ciudades belgas más o menos bellas, cada una con su estilo, que se pueden visitar en una escapada de pocos días y que, además, están muy bien comunicadas en tren.

A pesar de no ser una ciudad especialmente bella, Bruselas cuenta con la ventaja de ser la capital del país. Hay vuelo directo desde Loiu, de manera que cuenta con todos los boletos para instalar ahí el campamento base. Coger un hotel cerca de la estación central de tren puede ser una buena idea porque, como les digo, utilizarán este medio de transporte para desplazarse a los otros destinos. Al ser un país llano, sin accidentes geográficos, las conexiones son rápidas y eficaces. Ya lo decía Jacques Brel: «Las catedrales son las únicas montañas».

Les decía que Bruselas no es una maravilla pero ello no es óbice para disfrutar de unos cuantos rincones selectos. Como la Grand-Place, Grote Markt en flamenco, una plaza imponente, monumental como pocas, recomendable para verla de día y de noche, con gente y sin gente (madruguen, es una de las mejores armas del turista). Es una plaza que les sorprenderá por sus grandes dimensiones y que cuenta con diversos estilos arquitectónicos, desde el gótico hasta el barroco, neoclásico y neogótico. Admiren el ayuntamiento y la casa del rey, y sepan que este verano la plaza se cubrirá con un tapiz de flores. Un jardín de begonias que se coloca cada dos años y que convierte este viaje en recomendable para 2018.

En la imagen superior, la Grand Place de Bruselas, la plaza más famosa de la capital. Debajo, el barrio de Sablon tiene un aire parisino. A su vera, el Manneken Pis vestido ¿de flamenco? / MIKEL MADINABEITIA

El resto de los atractivos de la capital se concentran en torno a esta plaza. No muy lejos se halla el mítico Manneken Pis, una estatua de bronce que es tan diminuta como legendaria. Quizá se decepcionen al llegar allí, al ver tanta gente, tanto agobio, tantos empujones para disponer del mejor ángulo. La misma sensación que sienten algunos, por cierto, cuando ven la sirenita de Copenhague. En fin, uno de esos lugares que hay que visitar sí o sí pero que no deja un poso especia l.

Lo que sí deja huella son las chocolaterías que inundan las cuatro esquinas. Las casas Leonidas, Godiva, Pierre Marcolini, Neuhaus, Wittamer... son auténticos templos del cacao. Un producto que es oro negro en el país junto a las cervezas: Leffe, La Trappe, Duvel, Orval, Chimay, Tripel Karmeliet... Si son aficionados a estas dos debilidades, en Bélgica estarán en el paraíso.

Reserven la jornada soleada para contemplar Brujas, una ciudad de la que no se olvidarán

En Bruselas les voy a sugerir tres emplazamientos más. En primer lugar, las galerías Saint-Hubert, las más antiguas de Europa, que fueron la mecha para que Milán tomara la idea antes de construir las suyas, las de Vittorio Emanuele II. En segundo lugar, la zona de Mont des Arts merece la pena como mirador de la ciudad. Construido en 1910 con motivo de la EXPO, está rodeada de edificios que en su mayoría acogen museos y es una zona ideal para pasear y tomar instantáneas. Finalmente, les hablaré de Sablon, el barrio chic de Bruselas. Un lugar exquisito con aire parisino, repleto de chocolaterías (¡otra vez hablando de la dolce vita!), tiendas de antigüedades y edificios con solera. La iglesia de Notre Dame separa las dos plazas, la grande y la pequeña, ésta última muy bonita.

En la imagen superior, la esquina célebre de Brujas, un canto a la belleza. Debajo, centro monumental de Lovaina y Gante. / MIKEL MADINABEITIA

A partir de aquí, toca coger el tren para conocer las maravillas del país. Y si hablamos de maravillas, hay que hablar de Brujas, claramente la perla belga. Una ciudad de cuento, a una hora de Bruselas, llena de turistas, cuyo centro histórico es Patrimonio de la Humanidad y que les sugiero que vean de noche, cuando es aún más bonita. Con unos canales que serpentean a través de la ciudad como un collar de perlas, con calles de adoquines, arcos de ladrillo, iglesias de piedra y puentes pintorescos, es casi imposible tomar una mala fotografía. Si a esto le sumamos cisnes sobre el agua, carruajes tirados por caballos en las calles y narcisos en el parque, el resultado es casi mágico. Es como la Venecia del norte, pero sin tornos (¡de momento!).

Además, la plaza del Mercado y la de Burg son dos joyas. En la primera está el campanario de Belfort, con sus 366 escalones hasta el techo desde donde obtendrán la mejor panorámica. Ya saben que no hay recompensa sin esfuerzo, no hay gloria sin sufrimiento. El entorno del lago Minewatter y el puente de San Bonifacio son los otros dos secretos de Brujas. Dos rincones donde las cámaras echarán humo. Garantizado.

El tren se convierte en un medio de comunicación excelente para visitar los cuatro destinos

A media hora en tren tanto de Brujas como de Bruselas tienen Gante, otro destino muy solicitado que cuenta con unos monumentos fuera de serie como el castillo de Gravensteen, la iglesia de San Nicolás, la catedral de San Bavón, el puente de San Miguel y el Korenlei y el Graslei, los paseos en las orillas del río Lys donde la gente camina, corre, come, fuma o simplemente se sienta viendo la vida pasar. Una ciudad universitaria, seguramente no tan bella como Brujas pero desde luego que bastante más tranquila. Pueden dedicar dos jornadas a cada ciudad o visitarlas en un mismo día, lo que prefieran según el ritmo al que estén acostumbrados. Hacerlo en el día es factible. Según su elección, tendrán más o menos tiempo para descansar en Korenmarkt.

Guía

Cómo llegar:
Vuelo directo desde Loiu a Bruselas.
Cuándo ir:
Cualquier estación del año.
Un hotel:
Bedford (rue du Midi 135, Bruselas). Un tres estrellas enorme y frecuentado, clásico en sus formas pero que cumple con su cometido. Bien ubicado.
Dos restaurantes:
Plaza Café Brasserie (Burg 10, Brujas). El restaurante del Crowne Plaza es un sitio elegante, con clase, en el que difrutarán con una comida de calidad. Hispania Brasserie (rue Bodenbroek 2, Bruselas). En el corazón de Sablon, en el hotel NH, cocina fina liderada por el asturiano Marcos Morán. Gran servicio.

Y de ciudad universitaria a otra ciudad universitaria. De Gante a Lovaina. Esta ciudad también está a media hora en tren, aunque al este de Bruselas. De gran ambiente juvenil, perfectamente recorrible en bicicleta, con multitud de calles peatonales, pequeña y acogedora, tiene mucho ambiente de día pero sobre todo de noche. Así que es perfecta para estar con un libro hasta que el sol se retira y pasar entonces a una copa. Para ser serio y gamberro en apenas veinticuatro horas.

En la plaza central, también llamada Grote Markt como la de Bruselas, están el ayuntamiento, bellísimo edificio gótico, y la iglesia de San Pedro. Y en la de Oude Markt, infinidad de opciones para tomar algo. Conocida como la barra de bar más larga de Europa, consta de 29 establecimientos. ¡¡¡29!!!

Aquí no les hemos hablado de tantas, pero sepan que Bélgica tiene unas cuantas joyas que merece la pena conocer. Brujas, Gante, Bruselas y Lovaina han sido nuestras elecciones. Un póker de ases.

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