El cuento de Olentzero cobra vida en Legazpi

El carbonero enciende la ilusión de miles de niños estos días en los talleres familiares que la fundación Lenbur desarrolla en Mirandaola

El cuento de Olentzero cobra vida en Legazpi
Fotos: C. Limia
CRISTINA LIMIA

Érase una vez un lugar al que Olentzero llegaba con premura. Desde comienzos de noviembre hasta el 23 de diciembre, encaminaba sus pasos hasta allí todos los fines de semana y festivos para encontrarse con las miles de familias que acudían a verlo. Bajaba ufano por las laderas del Valle del Hierro, con la ilusión de quien se sabe esperado y querido por los más pequeños como embajador y mago de la Navidad.

Ese lugar se llama Legazpi, donde los talleres de Olentzero organizados por la fundación Lenbur se han convertido en todo un fenómeno de masas. La localidad vive su particular cuento de Navidad desde que se pusieron en marcha, hace siete años. «Nos dimos cuenta de que muchos niños, entre ellos nuestros propios hijos, sabían muy poco del popular carbonero más allá de que el 24 de diciembre baja del monte cargado de regalos, así que diseñamos un taller en el que pudieran conocer su historia, cómo hace el carbón, cómo cuida del bosque y por qué reparte regalos en la noche del 24. Aquel primer taller se desarrolló con 30 asistentes, desde entonces la participación ha ido creciendo a gran velocidad y este año son más de 10.000 las personas inscritas», explica la responsable de Lenbur, Olatz Conde.

Talleres familiares

Cuatro enclaves
Mirandaola:
Taller de Olentzero.
Caserío Erraizabal:
Taller del calcetín de Olentzero.
Caserío Igeralde:
Taller sobre los secretos del pan y su elaboración.
Escuela-museo del Buen Pastor:
Taller sobre la enseñanza y los juegos en los años cincuenta.
Reserva de entradas
Oficina de turismo:
943730428.

La actividad tiene lugar en Mirandaola, un escenario ideal para un personaje que conecta de lleno con la historia del Valle del Hierro. El taller comienza, precisamente, en el Museo del Hierro Vasco, donde se narra a los niños el cuento de Olentzero al pie de una reproducción gigantesca de las 'txondorras' que antiguamente se empleaba en nuestros bosques para realizar el carbón vegetal. Uno de los ferrones de Mirandaola acude después en busca de los pequeños para llevarlos al encuentro con Olentzero. El carbonero se asoma por las laderas del Valle del Hierro y los conduce hasta la ferrería de Mirandaola, la única que se conserva de las siete que existieron en Legazpi durante el siglo XV. Aunque la forja cerró sus puertas en el XIX, fue restaurada por el empresario Patricio Echeverría en 1952 y actualmente, es una de las pocas ferrerías vascas que puede verse en funcionamiento. Al abrigo de sus instalaciones, Olentzero recoge las cartas de los niños, se fotografía con ellos y reparte patxintxis y castañas asadas entre las familias.

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En Lenbur se embarcan en la organización de estos talleres cuando el verano todavía no había llegado a su fin. Con los últimos rayos de sol de septiembre se abre el plazo de inscripción y en base al número de familias apuntadas, comienza el encaje de bolillos. Ante la gran oleada de participantes de los últimos años, el horario se ha ampliado desde las diez de la mañana hasta las ocho de la tarde, momento en el que Olentzero realiza su última aparición provisto de una antorcha. Los recursos humanos también son cada vez mayores. «Este año contamos con un equipo de doce personas para la realización de los talleres, muchos son jóvenes de la localidad que han sido expresamente formados para ello», informa Olatz. Se suma una preparación específica para ser más accesibles. «Hace un tiempo participamos en una sesión formativa muy enriquecedora, en la que nos mostraron cómo, muchas veces, modificando pequeños aspectos en nuestras actividades podemos conseguir que personas con determinadas limitaciones disfruten mucho más de la estancia en nuestros museos o de un taller como el de Olentzero, así que comenzamos a prepararnos para ofrecer visitas adaptadas a visitantes con discapacidades auditivas, visuales, de movilidad... en nuestro propio equipo hay dos intérpretes de la lengua de signos», explica la responsable de Lenbur.

Talleres adaptados

La magia de Olentzero no tiene límites y el equipo de Lenbur se propuso que sus talleres tampoco los tuvieran, especialmente, para colectivos con discapacidades visuales, auditivas, de movilidad... a los que ofrecen sesiones adaptadas. En la imagen, el taller realizado con la asociación de padres y amigos de personas sordas de Álava 'Aspasor' con una intérprete de la lengua de signos.

Preguntada por la clave del éxito de los talleres, Olatz lo tiene claro: «Creo que el secreto está en que todo es muy auténtico, el relato sobre Olentzero, muy unido a la historia de nuestro valle, la ferrería de Mirandaola, preciosa y única, y cómo no, el propio Olentzero y la ilusión que despierta en los niños, hacen que todo sea muy verdadero», describe.

'El calcetín de Olentzero'

Tanto es así, que del taller de Mirandaola han nacido varios más. Uno de ellos, 'El calcetín de Olentzero', se desarrolla en el caserío Erraizabal, situado en el barrio rural de Telleriarte. Otro de los talleres, 'Ogiaren txokoa', ofrece la oportunidad de realizar pan artesano en el caserío Igeralde de Brinkola. El tercero tiene lugar en la escuela-museo del antiguo colegio del Buen Pastor de Legazpi, donde los visitantes viajan al pasado, concretamente, a una clase de los años cincuenta, época en la que, a falta del gran despliegue de regalos actual, las chapas, la toca y las tabas se convertían en los principales objetos de juego de nuestros abuelos. «Son actividades perfectas para combinarlas y disfrutar de un completo día familiar en Legazpi», indica Olatz Conde.

 

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