«Empezó a balancearse el suelo y nos abrazamos. Fueron los 45 segundos más largos de nuestras vidas»

Las azpeitiarras Marlene Crespo y Maite Briz relatan con encomiable entereza 48 horas de sufrimiento en el terremoto de Indonesia: «Lo peor fue la incertidumbre. No sabíamos qué hacer ni a dónde ir»

El paisaje devastador se ha adueñado de la isla de Gili Trawangan tras el fuerte terremoto que ha asolado la zona./MARLENE CRESPO
El paisaje devastador se ha adueñado de la isla de Gili Trawangan tras el fuerte terremoto que ha asolado la zona. / MARLENE CRESPO
Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Sus testimonios revelan toneladas de sufrimiento: confusión, nerviosismo, miedo, incredulidad y pánico… mucho pánico. Marlene Crespo y Maite Briz, azpeitiarras de 30 años, se disponían a disfrutar de unas vacaciones idílicas en Indonesia, en el Sudeste Asiático. Se encontraban en la isla de Gili Trawangan, la más grande de las tres que forman un archipiélago paradisiaco situada en la costa noroeste de Lombok, y afrontaban su tercer día de asueto. Hacia las ocho de la tarde se retiraron a la habitación de su hotel para descansar y cenar. Entonces se paró todo. Y llegó un momento que nunca olvidarán. «Percibimos fuertes vibraciones, se balanceaba el suelo. No entendíamos nada pero enseguida supimos que algo malo estaba pasando. Nos llevamos las manos a la cabeza, nos abrazamos, estábamos muy nerviosas».

Lo que estaba pasando es que el domingo hubo un temblor de 6,9 grados en la escala Richter, que ha dejado al menos 105 muertos y 20.000 desplazados, y que transformó la postal de la isla en una imagen de desolación, sufrimiento y muerte. Dos fuertes terremotos en el curso de una semana y más de 130 réplicas de diferentes magnitudes han tenido a Lombok atemorizada. Ese primer sismo tuvo una duración de 45 segundos. «Fueron los 45 segundos más largos de nuestras vidas. Enseguida se fue la luz y nuestra reacción fue salir a la calle. Allí nos juntamos a unos australianos que conocíamos y decidimos subir a una colina para estar más seguros», relatan.

«No sabíamos si salir de la isla o quedarnos un poco más de tiempo. No sabíamos nada» MARLENE CRESPO

De camino a ese lugar vieron algunas de las imágenes horripilantes que nos han llegado a través de los medios de comunicación. Cadáveres, edificios caídos, escombros... El horror. Quince minutos de marcha les sirvió para ganar la máxima cota de la isla, un enclave donde se reunieron todos los supervivientes. Allí permanecieron hasta las seis de la mañana, escuchando gritos, chillidos, lamentos, lloros y grandes dosis de incertidumbre: «Lo peor fue la incertidumbre. No sabíamos qué hacer ni a dónde ir. No sabíamos si salir de la isla o quedarnos un poco más de tiempo. No sabíamos nada».

Miembros de los servicios de rescate buscan supervivientes entre los escombros de una mezquita.
Miembros de los servicios de rescate buscan supervivientes entre los escombros de una mezquita. / EFE

El ser humano, capaz de lo peor

Cuando regresaron a la civilización, a las calles, contemplaron las peores conductas del ser humano. Desde la exigencia del dueño del hotel de querer cobrarles hasta la última noche hasta las grandes miserias para montarse en un barco y huir sin mirar atrás, sin ayudar a los más pequeños ni a los más mayores, sin ser solidario, sin colaborar. Sin ayudar: «Al menos hemos podido recoger todas nuestras pertenencias pero cuando llegamos al puerto, aquello era una locura».

En otra de esas casualidades que suelen salpicar algunas historias de tragedia y drama, se tropezaron con unos amigos argentinos que habían conocido días atrás. Y tomaron una decisión salomónica: «Ocupamos una villa con piscina que estaba al lado de la playa. Como no había manera de tomar un barco, pasamos allí la primera noche. Teníamos confort, comida, bebida... No había otro sitio mejor».

Han ocupado una villa con piscina y han dormido en la playa en 48 horas de odisea por la supervivencia

El problema es que, tal y como suele suceder en este tipo de episodios, se registraron una serie de temblores que elevaron la angustia de los supervivientes: «Como teníamos miedo de que hubiese más réplicas, la segunda noche la pasamos en la playa, sacando colchones y almohadas de la villa. A medida que pasaban las horas, nos tranquilizamos un poco más».

Soldados buscan supervivientes entre los escombros.
Soldados buscan supervivientes entre los escombros. / EFE

Tras 48 horas de odisea y de saber gestionar los sentimientos de frustración y desesperación, vieron algo de luz. Parecía que lo peor había pasado, aunque el miedo se agarra con uñas y dientes. Te agarra y no te suelta: «Hemos vivido una odisea. Yo ya había pasado por la experiencia de un tifón en Filipinas pero mi amiga no, y lo pasó muy mal. A mí me entró una llorera cuando estábamos en la colina, sin saber qué hacer. Afortunadamente, estamos bien. Eso es lo más importante. Ahora vamos en un barco de camino a Bali y el vuelo de vuelta lo tenemos en Malasia el 18 de agosto». Su llegada a Azpeitia está prevista para el día 28.

La UE ofrece apoyo a Indonesia y activa una oficina consular en Lombok

La Unión Europea ha ofrecido asistencia a Indonesia en coordinación con las embajadas de los Estados miembros y ha activado una oficina consular en el aeropuerto de Lombok desde el que se ha evacuado a 250 turistas tras el terremoto en esta isla, según ha informado hoy la Comisión Europea. El portavoz del Ejecutivo comunitario, Carlos Martín Ruiz de Gordejuela, ha detallado que Bruselas ha iniciado la elaboración de una serie de mapas a través de los satélites del programa Copérnico, tras recibir una petición de Indonesia para la activación de este servicio. En cuanto a la asistencia a los afectados por el seísmo, ha precisado que es una competencia nacional y ha recordado que, en el caso de que un ciudadano europeo no esté representado por su consulado o embajada, puede acudir a la oficina de otro Estado miembro de la UE. «Estamos en coordinación con las autoridades nacionales por si hace falta ayuda adicional», ha agregado.

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