«Quiero llamarme Antonia porque soy mujer y punto»

Las personas transexuales celebran el cambio normativo. Podrán tener el nombre acorde a su identidad en el DNI sin necesidad de presentar testigos ni informes médicos en el Registro Civil

Antonia, a las puertas de los juzgados de Donostia, donde ha tramitado su cambio de nombre en el Registro Civil. /MÓNICA RIVERO
Antonia, a las puertas de los juzgados de Donostia, donde ha tramitado su cambio de nombre en el Registro Civil. / MÓNICA RIVERO
Arantxa Aldaz
ARANTXA ALDAZ

Antonia es una mujer. Así se siente y así consta en buena parte de la documentación que depende de las administraciones vascas -la tarjeta de Lurraldebus, la de Osakidetza, el carné de la biblioteca...-. Pero su DNI dice lo contrario. En el carné sigue siendo Antonio. «Quiero cambiar de nombre porque soy mujer y punto», responde esta guipuzcoana que da la cara para visualizar la realidad de un colectivo víctima aún de discriminación. «No tengo nada que ocultar. El problema lo tiene la sociedad con su ignorancia y su represión», añade ya sin miedo al qué dirán.

La solicitud del cambio de nombre podía realizarse hasta la fecha en el Registro Civil, pero los requisitos recogidos en el artículo 4 de la Ley 3/2007 incluían la comparecencia de testigos y la presentación de informes médicos con el diagnóstico de que estaba en proceso médico de hormonación. Ahora es suficiente con que la persona interesada declare que su identidad no se corresponde con su sexo de nacimiento. La publicación la semana pasada en el Boletín Oficial del Estado del nuevo reglamento que simplifica este proceso ha supuesto un alivio para el colectivo de personas transexuales, que ven satisfecha una reivindicación histórica. Antonia ha sido una de las primeras personas en plantarse en la oficina de los juzgados de Donostia para reclamar su ansiado derecho, lo que además le permitirá solucionar trámites de la vida cotidiana, como ir a recoger un paquete a Correos, sin tener que desvelar su intimidad en el mostrador.

«¿Por qué ahora?»

Había iniciado los trámites en el Registro Civil de Donostia semanas atrás, pero entonces le comunicaron la necesidad de aportar un certificado médico que iba a tardar varios meses en obtener, hasta el día de la consulta con el especialista que le trata. Al leer en el periódico que entraba en vigor la nueva normativa en todos los registros civiles de España, no dudó en volver a cursar la visita. Y en esta ocasión salió del edificio de Atotxa con una sonrisa mucho más amplia que la primera vez. «Me han dado cita para poder completar el cambio de nombre, pero no me han pedido nada más», resolvía satisfecha. Ha superado los cincuenta años, y a buena parte de su familia y entorno le sigue sorprendiendo que dé ahora el paso de hormonarse y de cambiar de género. «¿Por qué no lo has hecho hasta ahora?», dice que le preguntan constantemente. Ella cuenta que ya se sentía mujer «a los siete años. Pero los miedos, tanto de encajar en un género como en el otro, me han llevado a vivir ocultando mi verdadera identidad durante años».

Hasta que un día dijo basta. «Esta no soy yo», se miró ante el espejo. Porque su vida se había empezado a convertir se en una farsa y ya no quería esconderse detrás de ninguna careta. «Yo me sentía mujer pero no lo había visibilizado». Acudió entonces al médico y le derivaron a la Unidad de Identidad de Género del Hospital de Cruces, donde se centralizan todos los casos de Euskadi. Allí, le remitieron al especialista en Endocrinología para iniciar el tratamiento hormonal. Lleva año y medio con la medicación y ha empezado ya a experimentar los cambios físicos. El tratamiento se prolongará seis meses más. Y a partir de entonces deberá decidir si se somete también a cirugía, un paso que en principio también tiene intención de dar.

«En el Registro me han dado cita para completar el cambio de nombre y no me han pedido nada más»

«No tengo nada que ocultar. El problema lo tiene la sociedad con su ignorancia y represión»

El proceso de cambio de sexo nunca resulta fácil, ni desde el punto de vista físico ni social. «Mi familia no lo asume. Les cuesta entender el cambio, sobre todo que lo haga ahora». En el trabajo no se ha descubierto aún. Aunque se pinta la raya negra del ojo, se pone pendientes o se calza botines con tacones cuando pisa la calle, en su horario laboral lleva la cara lavada y utiliza uniforme, lo que le permite camuflarse. «Sé que puede tener consecuencias, pero ya no me importa». Algunas compañeras han descubierto su secreto. «A otras se lo he contado. Pero mis jefes no tienen ni idea».

Dice que la sociedad no ha avanzado tanto como a veces lo parece en cuanto al respeto de las personas y de las diferentes orientaciones e identidades sexuales. «Ahí están las agresiones físicas que sufren, sobre todo, las mujeres transexuales, una realidad que nos hace ser un colectivo doblemente vulnerable». Antonia sigue sintiéndose el centro de muchas miradas. «Y hasta ahora yo he recibido más reacciones negativas entre las mujeres que entre los hombres. No me digas por qué. O se mofan, o te miran raro. Para cuando te cruzas con una que te sonríe como diciéndote 'yo te apoyo', ya has sufrido muchas más de las otras».

Acorde al avance médico

El colectivo LGTBi ha celebrado el cambio normativo del Registro como un paso más hacia la despatologización de la transexualidad, es decir, que no se considere una enfermedad, algo que la Organización Mundial de la Salud ya rechaza -igual que lo hizo en su día con la homosexualidad- y que también ha sido modificado por la Sanidad Pública vasca, por delante de la futura ley estatal que se está tramitando.

De hecho, los avances logrados y los que están en marcha han abierto el camino para el cambio de nombre en el Registro Civil, pero en el DNI seguirá figurando el sexo biológico. La modificación de este dato no se podrá plasmar en el documento hasta que entre en vigor la citada ley que los partidos debaten en el Congreso. El BOE recuerda también la tramitación de la proposición de ley para modificar la norma de 2007 con el fin de permitir el cambio de nombre mediante «la simple expresión de la voluntad de formalizar dicho cambio por el sujeto». Pero mientras avanza esa maquinaria legislativa, a un ritmo más lento del deseado, se ha tomado esta medida provisional.

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