«Alguien tiene que estar aquí: animales y huerto no saben de bajas ni vacaciones»

Gorka Iruretagoiena está orgulloso de formar parte del grupo de especialistas que hace sustituciones en un mundo, el rural, en el que es complejo tener días de fiesta

Gorka Iruretagoiena trabajando en un caserío de Asteasu./Lobo Altuna
Gorka Iruretagoiena trabajando en un caserío de Asteasu. / Lobo Altuna
Ana Vozmediano
ANA VOZMEDIANO

«Ni el huerto ni el ganado saben de horarios, ni de festivos, ni de bajas por lumbago», lamentan en el mundo rural. Tampoco de licencias por maternidad o paternidad, de permisos por matrimonio o por vacaciones de Semana Santa, argumentan como una especie de letanía quienes se dedican al sector primario.

Durante años, las gentes del campo se han arreglado entre familiares y vecinos cuando surgía algún problema de salud. En estos momentos, si un baserritarra quiere tener días libres cuenta con otra opción propiciada por la Diputación y por los propios sindicatos: dejar la huerta y, sobre todo, a los animales en manos de otras personas.

Algunos propietarios son reticentes, lo señalan desde los sindicatos agrarios, porque necesitan tener mucha confianza en esa persona en la que va a delegarse toda la responsabilidad que uno o una ejerce a lo largo de todo el año, aunque solo sea durante unos días.

Gorka Iruretagoiena tiene 38 años y es uno de esos profesionales a los que recurren los baserritarras cuando necesitan que alguien les supla en sus tareas diarias, en su caso a través del sindicato Ehne.

Participa en este ciclo de sustituciones del programa de la Diputación de Gipuzkoa que se articula a través de los dos sindicatos, Ehne y Enba, y que permite que gente como él pueda ocuparse durante un tiempo del ordeño de vacas y ovejas, de las desbrozadoras, del tractor... Los animales son los más delicados, los que necesitan ese cuidado constante que no se puede dejar sin hacer un solo día.

Ninguno de los dos baserris en los que trabaja estos días es suyo, ni el de las gallinas ni el de las vacas, pero él disfruta ocupándose de ellas. «Me gusta mucho mi trabajo y estoy orgulloso de que la gente confíe en mí y me vuelvan a contratar cuando lo necesitan. ¡Claro que quisiera tener un caserío propio! Es mi sueño, pero de momento voy ahorrando poco a poco para poder contratar algún día una hipoteca que me permita esa opción. Hasta entonces me dedico a cuidar las explotaciones de los demás».

Gorka, que tiene dos hijas de seis y tres años, Ani y Lur, nació en un caserío en Igeldo, siempre ha estado vinculado al mundo rural, estudió auxiliar de veterinario y está especializado en los caballos, sus animales favoritos. Durante nueve años dejó el campo para trabajar en un restaurante, pero se dio cuenta de que el mundo de la hostelería no era lo suyo y que quería volver al ordeño de vacas y ovejas aunque ese trabajo le esclavice mañana y noche, sobre todo si hay que ordeñar.

«Pero me gusta el caserío pequeño y convencional con animales como las ovejas que son obedientes, tranquilas, aunque los caballos sean mis favoritos. El cuidado de las vacas es diferente porque si son de una especie de leche el ordeño es prioritario y si pertenecen a una de carne no exige tanta dedicación».

Lleva tres años dedicado a esta actividad laboral. Tiene que recorrer toda Gipuzkoa pero asegura que le ha hecho aprender mucho de la actividad de los baserritarras y que le ha permitido contar con la confianza y la amistad de quienes requieren de sus servicios.

«Es más frecuente que nos llamen por una baja laboral que porque quieren coger unas vacaciones. Este es un trabajo muy esclavo. Eso sí, no hay ningún caserío de los que he estado al que no volvería por problemas con el dueño o con su familia».

Derechos laborales

Gorka pertenece a esa plantilla de personas suplentes que se ocupan de que la creencia de que en el campo no hay descanso vaya convirtiéndose poco a poco en un recuerdo.

Y eso que la tarea es difícil, incluso aunque se recurra a este tipo de programas institucionales de apoyo que favorecen la sustitución y el tiempo libre. Tal y como denuncian los sindicatos, los derechos laborales de este colectivo, sus días libres, son inferiores a los del resto de actividades laborales.

Las vacaciones anuales reguladas son de 18 días, y la enfermedad se sustituye mientras dura la baja médica documentada. El permiso por matrimonio es de 15 días, el de paternidad de cinco y el de maternidad de dos semanas, por debajo de lo que establece la inmensa mayoría de los convenios sectoriales.

El baserritarra paga el 30% de la cuantía que percibe su sustituto y el resto del montante económico lo cubre la Diputación. ¿Existen acuerdos privados? Es posible, pero estarían fuera del programa foral y por tanto de la subvención.

Especialistas

Desde Enba explican que para estas instituciones se contrata a gente especializada a través de una cooperativa para personas que tengan una explotación agraria inscrita en el registro foral guipuzcoano.

«Tienen que ser trabajadores expertos en ordeño y en tratamiento de los animales». Gorka no cuenta con caserío propio, pero hay otros casos en los que el sustituto sí cuenta con su propia explotación aunque tenga tiempo para hacer estas sustituciones.

Es el caso de un baserritarra que decidió eliminar las vacas de leche de su explotación y dedicarse a otros productos. Hay casos en los que el tipo de cultivos que se tienen les permiten, en determinadas fechas del año, cuidar del ganado de sus vecinos a cambio de la remuneración, estimada en unos treinta euros diarios por siete horas de trabajo.

 

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