El Banco de Alimentos busca voluntarios

Las bajas por el cuidado de nietos y las vacaciones complican el día a día en los almacenes

Un grupo de voluntarios esta semana en el almacén. /ARIZMENDI
Un grupo de voluntarios esta semana en el almacén. / ARIZMENDI
ANE URDANGARIN

Julio suele ser un mes «duro» y qué decir de agosto. En el Banco de Alimentos no hay vacaciones de verano. Todo lo contrario: el trabajo es el mismo o incluso mayor que el resto del curso, pero las manos escasean. «Esta semana ya hemos empezado a notar que han acabado las clases y los chavales están de vacaciones. Así que empiezan a fallar algunos aitonas», cuenta José Manuel Pineda, el presidente de la oenegé, al realizar un llamamiento que se está convirtiendo en casi tradicional por estas fechas: «urgen voluntarios».

De las personas que dedican algunas de sus horas libres a hacer funcionar la maquinaria de las sedes del banco en Oiartzun y Bergara «muy pocos tiene menos de 60 años, se pueden contar con los dedos de las dos manos». La inmensa mayoría son guipuzcoanos jubilados y prejubilados que en verano también salen de vacaciones pero, sobre todo, tienen que cubrir otra necesidad familiar apremiante por estas fechas: el cuidado de los nietos.

El Banco de Alimentos de Gipuzkoa cuenta con una base de algo más de 200 voluntarios

El Banco de Alimentos de Gipuzkoa cuenta con una base de algo más de 200 voluntarios. «En Oiartzun, cada día hay unos 20 voluntarios en el almacén, donde se genera el problema», otros 4 ó 5 en la oficina y luego están los chóferes, «que también nos hacen falta. Tenemos problemas con conductores de vehículos». En Bergara trabajan cerca de 8 voluntarios al día. «Así que hacen falta 30 personas al día para cubrir el territorio, y la gente coge vacaciones, tiene nietos...», relata Pineda. En invierno cuentan con una lista de espera de la que echan mano y con la que van cubriendo las bajas. Pero cuando llega esta época, «son tantas las bajas que no hay lista de la que tirar. Cubrimos justo justo. Ya el mismo lunes faltó gente», cuenta. Y, según la experiencia de otros año, lo peor está por venir.

El ejemplo de los jóvenes

El verano de hace dos años fue muy duro y el año pasado, vista la perspectiva, realizaron un llamamiento a través de estas páginas que tuvo una acogida muy buena. Los ciudadanos respondieron, sobre todo bastantes jóvenes, «algo realmente positivo». Universitarios y bachilleres en vacaciones se presentaron para echar una mano durante sus vacaciones. «Son maravillosos», resume el presidente para alabar la disponibilidad de estos jóvenes y el clima y el ambiente que generan.

El trabajo consiste principalmente en clasificar alimentos.
El trabajo consiste principalmente en clasificar alimentos. / ARIZMENDI

El principal requisito para colaborar consiste en tener «buena voluntad». No hay que cumplir con ninguna característica específica, aunque hay aspectos que siempre agradecen. «Que puedan conducir una furgoneta seria extraordinariamente bueno», reconoce Pineda.

A los voluntarios se les recibe «con los brazos abiertos», porque consideran que por el hecho de ofrecerse «en principio es gente buena: nos regalan su tiempo y su trabajo. Y los jóvenes enseguida se integran» para gozo de los voluntarios habituales, que suelen estar encantados.

Horario y tareas

El 80% del trabajo en el almacén consiste en la clasificación de la comida, una tarea que se suele realizar entre las 8.30 y las 13.00 horas, un horario que es muy flexible. «Hay quien viene a las 8 y otros a las 9». A diferencia de Bancos vecinos como los de Navarra o Bizkaia, donde el compromiso de asistencia es diario, en Gipuzkoa no hay que cumplir este requisito. «En la mayoría de los casos los voluntarios vienen dos días a la semana», explica el presidente de la oenegé.

«A los voluntarios se les recibe con los brazos abiertos porque regalan su tiempo y su trabajo»

Tras el llamamiento el año pasado para reclutar voluntarios «nos conseguimos defender», asegura Pineda. Pero entonces surgió otro problema: el no poder dar salida a todos los alimentos, una situación que este año quieren evitar por todos los medios. La actividad en el Banco suele variar algo en verano, ya que hay entidades y asociaciones que durante estos meses dejan de requerir los alimentos. Es el caso de algunos colegios o asociaciones. «Viene menos gente a recoger alimentos, pero a su vez tenemos más cantidad para repartir», cuenta.

La cantidad de fruta a repartir aumenta los meses de verano.
La cantidad de fruta a repartir aumenta los meses de verano. / ARIZMENDI

Excedente de fruta

Pineda explica que suelen encontrarse con excedentes, especialmente alimentos perecederos como la fruta que recogen en supermercados y otros lugares dentro del programa 'Último Minuto'. «Hay que clasificar y seleccionar todo y los destinatarios reciben más que otros meses. Se les sigue ofreciendo pero llega un momento en que se satura la entrega de alimentos, porque además son perecederos. Hay mucha más fruta en verano». Hasta en el almacén llegaron a tener problemas de espacio.

La situación llegó a tal extremo el año pasado que los responsables del Banco se vieron obligados a tomar la decisión de cerrar el 'txoko' que tienen en Merka Bugati y donde reciben los excedentes de fruta y verdura. «Desgraciadamente no podíamos darle salida», lamenta. Este verano les gustaría que se aprovecharan todas esas ciruelas y melocotones sobrantes, por ejemplo, «haciendo mermeladas. Sería maravilloso que apareciera alguien para hacer mermeladas».

Los interesados que quieran empezar a colaborar con el Banco pueden llamar al 943 493 796 o escribir un correo electrónico a oiartzun@bancoalimentosgipuzkoa.org o a bergara@bancoalimentosgipuzkoa.org.

19.000 beneficiarios, 5.000 menos que en el pico de la crisis

Es una buena señal: la demanda de alimentos está bajando lentamente en Gipuzkoa. El «paulatino» descenso de beneficiarios de los últimos años «va acorde» con el devenir de la sociedad, relata José Manuel Pineda, «pero la demanda ahí está y es todavía muy alta». El presidente del Banco de Alimentos recuerda que en el peor momento de la crisis llegaron a atender a 24.000 personas, «y en actualidad estamos en 19.000». Una cifra aún muy lejana de los inicios, «cuando teníamos 11.000 beneficiarios». Si algo positivo se puede sacar de la crisis económica es la solidaridad. «Conforme aumentaba la demanda también se incrementaba la cantidad de alimentos que recibíamos», agradece.

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