Un país de contrastes: la España vacía

Dolores Benéitez y José Fernando Martínez./Antonio Quintero / Virginia Carrasco
Dolores Benéitez y José Fernando Martínez. / Antonio Quintero / Virginia Carrasco
VÍCTOR M. VELA

Dolores Benéitez, pasa consulta en la montaña palentina

«En los pueblos no hay médicos ni estímulos para que vengan»

Cuando Dolores Benéitez (Palencia, 1955) termina de pasar consulta en San Cebrián de Mudá (162 habitantes), también en la vecina Mudá (99), todo es montaña y cielo alrededor. Hay más casas abandonadas que con el fuego encendido, hay un bar que abre tres días a la semana, hay un río (el Monasterio), hay un invierno que dura hasta mayo... y hay cada vez menos vecinos. Dolores es médico de familia en la montaña palentina, atiende un puñado de consultorios de esa España vaciada de la que los políticos se acuerdan en campaña para olvidarse al día siguiente. La base de su trabajo está en Cervera de Pisuerga, cabecera de comarca, 2.399 habitantes y un centro asistencial («con trauma, gine, los ojos, el dentista...»), al que acuden los especialistas un par de veces al mes para evitar que los pacientes tengan que «ir abajo».

La clave

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115kilómetros es la distancia entre los pueblos de la montaña palentina y su hospital de referencia, en la capital de provincia. Más de una hora en coche.

Abajo es Palencia capital, donde está el hospital de referencia. A 115 kilómetros. «Yo tendría que hacerlos todos los días para venir a trabajar», cuenta Dolores. Ella, que vivía en la ciudad, decidió trasladarse a Cervera, donde trabaja, «por comodidad, pero sobre todo por salud. ¿Me hago todos los días dos horas de coche hasta aquí? ¿A primera hora? ¿Con nieve en la carretera?». Cuando su marido se jubiló, decidieron coger una casa de alquiler aquí en el norte. «Pero venirse a un pueblo es duro. No hay muchos alicientes. Los médicos jóvenes no quieren estos destinos, muchos de los que estamos nos vamos a jubilar. Y ni hay relevo ni se cubren bajas». Cuenta que en el centro donde trabaja, desde hace año y medio no se ha reemplazado el puesto de un médico retirado. Que una compañera está de baja desde agosto. Que otra desde enero. Y que, como no llegan facultativos nuevos, son los que quedan quienes han de asumir los pacientes de los que ya no están. ¿Quiénes? «Pocos niños, por desgracia. Pocos jóvenes. La mayor parte de los que vemos tienen entre 58 y 80 años».

Dolores conduce un Renault Mégane rojo tan necesario en su día a día como el fonendo al cuello, el maletín en mano, la bata blanca encima. Tiene, como otros compañeros, que «ir a los pueblos» a pasar consulta. Un par de horas a la semana en cada uno. En una pequeña sala que se calienta porque una hora antes pasa algún vecino para encender la estufa. «Son carreteras estrechas, tortuosas, por las que tienes que ir con mil ojos, muy despacito. Se te cruzan animales. He puesto ruedas de nieve por mi seguridad. Pero eso no lo pagan. Solo una pequeña dieta por kilómetro que no cubre el mínimo mantenimiento del coche». Pero no se puede dejar de visitar estos pueblos. Porque mucha es población envejecida con dificultades para acudir al centro base de Cervera. Y eso que, explica, no son tantas visitas como antes.

La clave

Faltan médicos.
La falta de médicos de atención primaria en el medio rural es ya un problema en muchas provincias, por las jubilaciones y la falta de relevo. La Organización Médica Colegial advierte de que en los próximos cinco años se jubilarán 45.000 médicos (el 21% del total).

Hay localidades donde ya no vive nadie en invierno. Pueblos enteros cuyos últimos vecinos terminaron en la residencia de ancianos. Municipios sin apenas cobertura, esa es otra, donde muchas veces los avisos al médico se hacen a través del fijo o del alcalde, que cubre un par de kilómetros hasta que asoman las rayitas en el móvil. «En los pueblos no hay médicos suficientes. Lo saben los políticos y lo saben nuestros jefes. Para solucionarlo hay que meter dinero , crear el suficiente estímulo para que los médicos jóvenes elijan trabajar aquí. Y es difícil».

José Fernando Martínez, pasa consulta en un centro de salud de Madrid

«Hace falta relevo generacional en la medicina de familia»

José Fernando Martínez (Vitoria, 1960), vive «muy cerca» de su trabajo: médico de familia en el centro de salud Guzmán el Bueno, en Argüelles-Moncloa. «Muy cerca» en Madrid es media hora a pie, diez minutos en metro, doce en autobús, unas cuantas pedaladas en bici, que es el medio que utiliza José Fernando para ir de casa al curro (en un ciclo del servicio municipal de alquiler). Mejor ni pensar en el coche. Ya tuvo su época de atascos, cuando trabajaba en la otra punta de la ciudad y tuvo que llamar un par de veces para que un compañero le cubriera porque llegaba tarde por culpa de las retenciones. Aquello ya pasó. Ahora, Bicimad.

La clave

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kilometros es la distancia que separa el centro de salud de Guzmán el Bueno, en Madrid, de cuatro centros hospitalarios.

Pasa consulta por la tarde, de 14:00 a 21:00 horas, «en un centro de salud mediano o pequeño». Siete médicos en horario vespertino, seis por la mañana, once enfermeros, dos pediatras, siete administrativos. En sus ficheros están los historiales de más de 1.600 pacientes, los que tiene asignados por cupo, aunque los hay que no se acercan por allí. «Hay mucho hospital privado cerca, también de la Seguridad Social. Hay clínicas, mutuas, centros de los seguros médicos...». Oferta alternativa, vaya. Si se echa un vistazo al GPS, también hay una farmacia a la vuelta de la esquina, un par de supermercados en la manzana, ahí al lado un Zara, un Massimo Dutti, un porrón de bares, el Burger King.

Pero es también un barrio envejecido. La media de edad de sus pacientes se sitúa en los 60 años. Son habituales en su día a día los casos de EPOC, la hipertensión, el colesterol, la diabetes, la gripe cuando toca y es temporada. Alguna urgencia también. Aunque muchas veces, «por ejemplo si se cortan al pelar patatas», los pacientes se van directamente a Urgencias del hospital sin pasar por el centro de salud. Total, están «a cinco minutos». Eso sí, el porcentaje de «desplazados» es importante. Hasta al 20% puede llegar. «Esta es una zona universitaria, con mucho piso de estudiante, jóvenes que han venido de Castilla y León o de Castilla-La Mancha a estudiar a Madrid y que acuden al médico a este centro de salud», explica José Fernando, quien puede cerrar el día, tranquilamente, después de ver a 30 o 40 pacientes, tal vez sin el tiempo suficiente para cada uno. Hasta 40 todas las tardes. Porque, como en el medio rural, también en la ciudad alertan del reto al que, en el cortísimo plazo, tendrá que afrontar el sistema sanitario. Hacen falta médicos. «Hay un gran déficit. Muchos médicos de familia, la mayoría, tenemos entre 50 y 65 años». Y no hay relevo. Medicina es una carrera muy exigente. Y los jóvenes suelen aspirar a una especialidad, a la investigación, al quirófano y no al centro de salud.

La clave

Población.
En En el barrio de Argüelles (Madrid) viven 23.931 personas (en 0,7547 kilómetros cuadrados de superficie). En al comarca de la montaña palentina son 21.887 habitantes, en 1.786 kilómetros cuadrados, entre 162 municipios y pedanías.

«Han sacrificado parte de su vida en estudiar desde los 16 años para obtener la nota de acceso a la facultad, y luego los años de carrera y la especialidad. La medicina de familia no es atractiva para ellos. Eso se notará en el futuro. Ahora ya hay problemas». Hay que doblar consultas y asumir pacientes que no son tuyos para seguir atendiendo cuando el compañero está de baja o de vacaciones. Martínez destaca que ser consciente de la necesidad de inversión en Sanidad es vital en un país que debería mejorar también su cultura en educación sanitaria: «Por eso hacemos jornadas de puertas abiertas y charlas en coles de la zona».

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