El campeón indomable

Renunció a defender el título en 1953 por desavenencias económicas y tras recibir incluso una llamada del gobernador civil

JOSEBA LEZETA

Miguel Gallastegi guarda un lugar privilegiado en la historia del Manomanista, la competición reina de la pelota a mano, la más longeva, la que marca siempre un antes y un después, la que más se recordará mientras este deporte siga formando parte de la memoria de este país. Arrebató la txapela a Atano III, el rey de los reyes de la disciplina, el legendario azkoitiarra que ostentó el trono durante veintidós años, entre 1927 y 1948, el hombre sin el que resulta imposible entender la pelota.

El Manomanista también es testigo de la personalidad y del carácter de un campeón indomable. Dentro y fuera de las canchas. Ganador de tres txapelas en 1948, 1950 y 1951 –solo a partir de 1953 comenzó a disputarse anualmente en lugar de cada dos años–, la falta de un acuerdo económico con la empresa originó su renuncia a defender el título en 1953 ante Barberito I, el riojano que se había ganado el derecho a retar al poseedor de la txapela. La Federación Española designó campeón al de Baños de Río Tobía. Miguel Gallastegi no volvió a participar en el Manomanista.

El zaguero eibarrés ocupa el octavo puesto en el ranking histórico del campeonato empatado a tres txapelas con Eugi y solo por detrás de Retegi II (11), Azkarate (6), Retegi I (6), Martínez de Irujo (5), Olaizola II (4), Beloki (4) y Atano III (4). Conviene recordar que el azkoitiarra tenía 36 años y llevaba catorce como campeón cuando se organizó el primer Manomanista.

Llama la atención que Gallastegi disputara únicamente diez partidos durante su trayectoria en la competición reina, con un balance de ocho victorias y dos derrotas. Eran otros tiempos. Olaizola II suma 45 (29 ganados y 16 perdidos).

Contra Chiquito de Mallabia

Debutó en 1942, en la segunda edición del Manomanista como tal. Tenía 24 años y su primer contrario fue Chiquito de Mallabia, abuelo de Pablo Berasaluze, quien heredó nombre, primer apellido y afición a la pelota. Gallastegi le derrotó 22-17. En el siguiente peldaño de la escalera le esperaba Chiquito de Iraeta (Francisco Larrañaga), de quien se deshizo 22-16. Ya solo le quedaba superar a un adversario para acceder a semifinales. Era Ubilla I. Iban 2-2 cuando el vizcaíno se retiró por lesión, por lo que dejó vía libre a un debutante que comenzaba a crear inquietud entre los favoritos.

La semifinal le midió a Atano VII, delantero al que Gallastegi ha profesado siempre admiración. Jugaron en Bilbao el 31 de mayo de aquel año. El eibartarra tuvo cerca el billete para la final tras adelantarse 17-4. Pero el azkoitiarra reaccionó a tiempo para imponerse 20-22 y ganarse el derecho a disputar la final contra su hermano Mariano, el IIIde la dinastía azkoitiarra, quien retuvo la txapela.

Repitió participación Gallastegi dos años después, 1944. Con 26 años y esperanzas renovadas, reforzado por dos victorias obtenidas sobre el mismísimo Atano IIIen desafíos ajenos a la competición oficial. Sin embargo, falló. Cedió 14-22 frente al getariarra Felipe –en realidad se llamaba José Aramendi– en Vitoria. «El mayor fracaso de mi carrera», reconoció Miguel con el tiempo. Unas semanas después, ya fuera de campeonato, se desquitó al propinar un severo 22-0 a Zurdo de Mondragón, quien pagó los platos rotos.

Renunció Gallastegi a la edición de 1946. Incluso le habían programado su primer partido el 14 de abril frente a Chiquito de Iraeta en Vitoria. No se disputó. «No quisieron pagarme lo suficiente», leemos en la biografía 'La pelota según Miguel Gallastegui' escrita por Amatiño.

Hércules, Coloso y Basajaun

Tras ese paréntesis, aquel pelotari conocido también por tres sobrenombres –Hércules de Asolaigartza, caserío donde nació, Coloso de Eibar y Basajaun de Arrate– se reincorpora al Manomanista en 1948 con 30 años, en plena madurez y con un objetivo claro: arrebatar la txapela a Atano III. Tenía cuatro escollos por delante.

Disputó diez partidos en cinco participaciones con un balance de ocho victorias y dos derrotas

Primero derrota 22-6 a Chiquito de Iraeta en Gros. A continuación Atano VII renuncia a la eliminatoria contra Gallastegi debido a la suma de un mal de manos y un problema de hombro. Ya en la semifinal, en el Astelena de Eibar, Acarregui presenta dura oposición antes de inclinarse por un ajustado 22-20. El lekeitiarra ganaba 5-15, 14-18 y 18-19. Terminó mejor el eibartarra. «Partido de noventa y siete minutos, uno de los mejores que se recuerda», zanjaba la crónica de EL DIARIO VASCO.

Solo faltaba Atano III, quien tenía entonces 44 años y había entrado en la recta final de su carrera al más alto nivel. El mito pidió aplazamiento y se lo concedieron hasta el 28 de noviembre. Gallastegi esperó. Llegaron a pagarse 1.000 pesetas por la entrada para aquel histórico partido, programado en el Municipal de Bergara. Era la cantidad que cobraba un pelotari de primera por encuentro en aquella época. Gallastegi venció 22-6 para entrar en la historia de la pelota con letras de oro. Había nuevo campeón.

Mondragonés (Juan Bautista Azkarate), el hombre al que Atano III arrebató el título el 1 de enero de 1927, declaraba que «no ha existido zurda como la de este zaguero eibarrés». Otro pelotari de la ciudad armera, Alejandro Carral, iba más lejos: «Solo estoy seguro de dos cosas: Dios existe y Miguel es el 'kristau' más fuerte de este mundo».

Gallastegi retuvo la txapela en dos ocasiones, ambas frente a José Luis Acarregui: 22-15 en 1950 (Astelena de Eibar) y 22-14 (Municipal de Bergara). La disputa de este último partido pendió de un alambre por desavenencias con la empresa. Pelotaris y organizadores no acababan de ponerse de acuerdo en las cifras. El suspense se mantuvo hasta pocas horas antes. El propio Miguel reconoció que cobró 17.500 pesetas por jugar aquella final, que presenta su anécdota.

Esteban Agirre, botillero de Gallastegi, sufrió una avería en el automóvil durante el desplazamiento a Bergara y llegó al Municipal cuando el partido había empezado y su pelotari caía 0-5. La presencia de Agirre reactivó a Miguel, que tomó la delantera 15-5 gracias a una tacada de quince tantos.

La renuncia de 1953

Dos años más tarde, Miguel Gallastegi estuvo en el centro del huracán de uno de los momentos más conflictivos en la historia del Manomanista. El defensor de la txapela mantuvo un tira y afloja con la empresa, con la Federación Guipuzcoana, con la Española, que le acusó incluso de rebeldía... Recibió la llamada telefónica del gobernador civil, quien le preguntó si sus primeras reticencias a disputar la final se debían a que Francisco Franco iba a estar presente en las gradas del frontón, en Donostia, el 23 de agosto. También le interrogó sobre una visita al lehendakari José Antonio Agirre un día que fue a jugar a Donibane Lohizune.

Aceptó por fin jugar Miguel Gallastegi tras un cruce de cartas y el consejo de su padre, Paulo. Sin embargo, pocos días antes de la fecha todo saltó por los aires. La intención de la empresa de incluir la entrada para la final en un abono para cuatro festivales colmó la paciencia del pelotari. Se negó a pasar por el aro.

La Federación Española designó campeón a Barberito y retiró la licencia a Miguel Gallastegi para seis meses.

Regresó a las canchas sin txapela pero con el mismo tirón entre los pelotazales. Llegó a cobrar 57.500 pesetas por un partido al que no acudió con un caché fijo sino con el compromiso de recibir el 33% de la taquilla. Pero el Manomanista no volvió a verle entre sus participantes.