Como Iribar no hay ninguno

El legendario zarauztarra del Athletic, portero de los tiempos de los guantes de lana, cumplió ayer 75 años

Iribar pasea por la playa de Zarautz, su localidad natal/Mikel Fraile
Iribar pasea por la playa de Zarautz, su localidad natal / Mikel Fraile
LUCA CORSI

José Ángel Iribar jugó a fútbol en aquellos tiempos en los que solo había dos cadenas de televisión si contabilizamos la UHF, que no llegaba a todos los domicilios. Las retransmisiones de fútbol se limitaban a un partido de Liga semanal, las finales de Copa y de las competiciones europeas de clubes, los choques de la selección y torneos veraniegos como el Carranza o el Colombino. Tocaba conformarse con los resúmenes de Estudio Estadio, completados con la moviola.

Iribar pertenece al fútbol escuchado a través de la radio. De blanco y negro, coloreado únicamente para los asiduos que acudían regularmente a Atocha y al viejo San Mamés para ver en acción a sus equipos, a sus ídolos. Para otros, entre los que me incluyo, la visita a los estadios eran una o dos a lo sumo, con ocasión de los derbis. Era la oportunidad de tocar al legendario portero zarauztarra, a Fidel Uriarte, a Rojo I, a Urreisti, a Martínez, a Gorriti, que se las tenía tiesas por la banda con el extremo rojiblanco. Sí, eran de carne y hueso.

Iribar en una de sus estiradas
Iribar en una de sus estiradas / Cecilio

Iribar coleccionó paradas y estiradas durante sus dieciocho temporadas en la élite, todas en el Athletic. También despejes de puño, salidas para adueñarse por alto del balón y saques con la mano con los que era capaz de cruzar la línea de mediocampo sin perder precisión en el envío. «Iribar, Iribar, Iribar es cojonudo... Como Iribar no hay ninguno», coreaba la afición rojiblanca, entregada a su ídolo desde el primer día al último.

Era y es el Chopo que se alzaba a la altura del área pequeña, un Chopo con las raíces bien sujetas bajo el césped de San Mamés y en el espíritu del Athletic. Medía 1,84 y se erguía sobre el resto con una estampa más propia de un gigante de dos metros. Ágil, eso sí.

«Siendo ya treintañero, en un partido de pretemporada se me acercó el presidente Eguidazu y me dijo que el club tenía una oferta del Madrid, que qué me parecía», relata. Contestación de Iribar. «Ni lo muevas, estoy fenomenal aquí y me gustaría terminar aquí». Y añadió una coletilla. «Creía que lo sabías».

Antes de fichar por el Athletic recibió ofertas de «Valencia, Atlético de Madrid y Barcelona. Me quedé con el Athletic porque era mi equipo. Y estaba encantado porque tanto yo como mi aita y mis tíos éramos del Athletic».

Vencedor de la Eurocopa de 1964 con la selección y campeón de Copa en dos ocasiones (1969 y 1973), rozó el título de la Copa de la UEFA de la temporada 1976-77. Se le escapó tras tocarlo con la yema de los dedos. Enfrente su alter ego, Dino Zoff, guardameta con el que compartía fisonomía y estilo. El futbolista que más partidos ha jugado con el Athletic: 614. Llegó a ser entrenador de su equipo del alma y seleccionador de Euskadi.

Con Kortabarria el día que Real y Athletic sacaron la ikurriña, aún ilegalizada, en Atocha.
Con Kortabarria el día que Real y Athletic sacaron la ikurriña, aún ilegalizada, en Atocha. / Aygüés

Iribar, zarauztarra, cumplió ayer 75 años. Su unión al club rojiblanco pervive por encima del derecho de retención que impedía su marcha a otros equipos siempre que sus directivos no renunciaran al privilegio de quedarse con el jugador.

El zarauztarra critica aquella regla. «Lo nuestro era anormal, totalmente anormal. Que si fichas una vez estés en manos de alguien durante toda tu vida deportiva, dependiendo de lo que él diga. Eso es la dictadura. Lo de ahora es lo democrático y lo normal. Lo que sí podría haber es medidas ante este desmadre de dinero. Eso desnaturaliza la Liga. La UEFA se tendría que plantear algo. En cuanto a la libertad, siempre con ella».

Esa libertad que revindicó cuando Inaxio Kortabarria y él sacaron la ikurriña, todavía ilegalizada, en Atocha al frente de los onces de la Real y del Athletic, el 5 de diciembre de 1976. Unos años más tarde, destinó el dinero de su homenaje a un diccionario en euskera de términos y conceptos del fútbol. Un hombre comprometido.

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