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Embaucador.

Castro guiña un ojo a una joven en un congreso de estudiantes. / Afp

El comandante mujeriego y sibarita

  • La vida sexual de Fidel Castro fue tan intensa como secreta. Aficionado a las «rubias y delgadas», contaba sus hijos por decenas; solo seis son legítimos

El lugar donde dormía Fidel Castro era secreto de Estado. Como con quién compartía lecho. Y es que Fidel Castro fue un mujeriego irredento y un sibarita convicto. Con su habano en ristre durante décadas, otra gran debilidad de Fidel eran los helados. Su amigo García Márquez contó que podía devorar casi 30 bolas de una sentada. Impulsó la legendaria heladería 'Coppelia' en la Habana que en pleno bloqueo logró llevar desde Canadá contenedores con su marca favorita, 'Howard Johnson'.

Las mujeres más bellas e inteligentes siempre estuvieron a su alcance, como los mejores habanos, los 'Lanceros' de Cohiba, de los que proveyó a un puñado de líderes mundiales más o menos cercanos. Sabemos que hasta los años 80 Fidel llegó a fumar cada día cinco de los puros exclusivos de los líderes revolucionarios, que los regalaba por doquier, de Jruschov a Felipe Gonzáléz o el rey Juan Carlos, pero nadie se atreve a certificar cuántas amantes tuvo y el número de hijos no reconocidos.

Su vida sexual fue tan intensa como la política. Pero mucho más secreta. El sensacionalista 'New York Post' publicó que Castro se acostó con más de 35.000 mujeres. Casado dos veces, dio su apellido a diez vástagos, seis paridos de sus esposas y cuatro ilegítimos. Pero se cuentan por decenas los «presuntos» hijos del comandante, que hablaba de «tribu» al referirse a su prole.

Fidel las prefería «rubias y delgadas», como su primera mujer, Mirta Díaz-Balart. De familia cercana al régimen de Batista, se enamoraron en 1946. Siete años duró un matrimonio del que nació Fidelito, un calco de su padre, y que Mirta, harta de infidelidades, rompió en 1955. Rubia y de ojos verdes era Dalia Soto del Valle, segunda mujer de Castro. A su lado más de cuatro décadas aunque casi invisible, le dio cinco varones: Alejandro, Antonio, Ángel, Alex y Alexis. No se casaron hasta 1980, tras la muerte de Celia Sánchez Manduley, mujer libérrima y revolucionaria de primera hora, ardiente guerrillera y luego con gran influencia en el Gobierno. Cerca de Castro hasta el final, ella nunca reconoció que fueran amantes pero en su casa había una planta para el líder. También le amó la bellísima y rica Natalia Revuelta, que vendió sus joyas para comprar armas. De su amor nació Alina Fernández, que tomó el apellido de su padrastro, represaliado por la revolución y exiliado. Emigró a Florida disfrazada de turista española y abanderó el anticastrismo en Miami.

Marita Lorenz amó a Castro y pudo matarlo. De padre alemán y madre estadounidense, recluida por los nazis y violada a los siete años por un soldado americano, sus padres fueron fichados por la CIA. Llegó a Cuba con 20 años. Mantuvo con Castro un breve romance y ella tuvo un aborto del que la CIA culpó a Fidel. La convenció para matarlo con unas píldoras que Marita escondió en un bote de crema. Castro supo del plan y se apiadó de ella. «Sabía que no podría hacerlo. Aún me amaba, y yo a él», confesó Lorenz.

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