Oliver Stone, con todos los honores

Presentará su nueva película ‘Salvajes’ junto a John Travolta y Benicio del Toro el 23 de septiembre en Zabaltegi-Perlas

Oliver Stone, con todos los honores

No es sólo uno de los directores fundamentales en el cine estadounidense contemporáneo, Oliver Stone también ha sido fiel al Festival de Cine de San Sebastián desde que en 1986 llegó por primera vez para inaugurar el Velódromo como gigante sala de cine. Ahora, en lo que será su quinta visita al Zinemaldia, recibirá todos los honores, el premio Donostia 60 aniversario.

A menudo controvertido, siempre incorformista, intrigado por los acontecimientos políticos y sociales de su país, atento a buscar un cine de impacto en lo visual y en lo moral acorde con los tiempos, Oliver Stone ha firmado algunas de las películas más emblemáticas, populares y polémicas de las tres últimas décadas: Salvador (1986), "Nacido el 4 de julio" (1989), JFK (1991), "Nixon" (1995), Asesinos natos (1994), Looking For Fidel (2004), World Trade Center (2006)...

El director estadounidense será galardonado con el Premio Donostia 60 Aniversario, «como tributo a su trayectoria». La organización del Zinemaldia confirmó también ayer que el cineasta estará acompañado en San Sebastián por John Travolta y Benicio del Toro, dos de los actores principales de su nueva película Salvajes (Savages), que presentarán el 23 de septiembre en el teatro Victoria Eugenia, dentro de la sección Zabaltegi-Perlas.

Oliver Stone acudió al Festival de Cine de San Sebastián por primera vez en 1986, cuando aún era un cineasta emergente: solo había hecho un par de largometrajes de bajo presupuesto, pero traía una película que resultó una sorprendente renovación del thriller político, Salvador. La proyección de ese filme tuvo lugar en lo que fue la inaguruación del Velódromo Antonio Elorza como sala gigante de cine para el Festival, con un maratón de películas que incluyó también entre otras Absolute Begginers, de Julien Temple, quien también subió al escenario del Velódromo.

Oliver Stone se quedó fascinado con ese recinto deportivo montado durante diez días como sala de cine para 3.000 personas: tanto es así que él mismo propuso ocho años más tarde presentar ahí una de sus películas más controvertidas, Asesinos natos, con todas las entradas vendidas, y un fervoroso público que aclamó a Stone como un ídolo. Él proclamó: «Esta es la mejor sala de cine del mundo», y la pantalla gigante fue invadida por las violentas y vertiginosas imágenes del filme.

En su siguiente visita vino con una película muy diferente, el documental Looking For Fidel (2004), otro de sus filmes más discutidos por la aproximación que realizaba, principalmente a través de una entrevista personal, al líder cubano.

Y en la cuarta ocasión se prestó incluso a saludar a los bomberos donostiarras y colocarse uno de sus cascos. Stone presentaba su película World Trade Center, recreación de la tragedia del 11-S, y los bomberos de San Sebastián quisieron rendirle homenaje y, a través de él, a sus colegas neoyorkinos, entregándole una camiseta y una gorra.

Tres Oscar

El espíritu americano, con todas sus luces y sombras, con todas sus contradicciones, ha sido una constante en Oliver Stone, un cineasta tan devoto hacia su país como crítico con muchos de sus aspectos. Nació en Nueva York en 1946 y, aunque debutó como director en 1974 con una pequeña producción, Seizures, sus primeros trabajos destacados para el cine fueron en carácter de guionista, para películas tan notables como El expreso de medianoche (1978) de Alan Parker, Conan, el bárbaro (1982) de John Milius, El precio del poder (1983) de Brian de Palma, y Manhattan Sur (1985) de Michael Cimino. Precisamente Oliver Stone ganó el primero de sus tres Oscar como guionista de El expreso de medianoche.

Salvador (1986) fue la película que le dio a conocer como director, un drama político que reproducía las guerrillas de Centroamérica a través de la mirada de un reportero. La guerra centró también su siguiente película, Platoon (1986), que le dio a conocer en todo el mundo con su lectura del conflicto de Vietnam y la potencia visual de sus imágenes. Platoon le dio a Stone su segundo Oscar, el primero como director.

Demostró que podía cambiar de registro analizando el mundo de las finanzas de los años 80 en Wall Stret (1987), con uno de los papeles emblemáticos de Michael Caine y unos personajes y ambientes que retomaría 23 años más tarde en una segunda parte, cuando la crisis ya estaba ofreciendo otra cara de aquella efervescencia.

Oliver Stone también acometió una película sobre la radio, Hablando con la muerte (1988) y se atrevió a recrear la vida de Jim Morrison y sus compañeros de grupo en The Doors (1991), pero son sus nuevas incursiones en la convulsa historia y política de la América de los 60 lo que dio la mejor dimensión de su talento, con un nuevo recordatorio de lo que supuso Vietnam en "Nacido el 4 de julio", que le valió su tercer Oscar, segundo como director, y la minuciosa y reveladora reconstrucción del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, con novedosas técnicas de documental aplicado a la ficción en 'JFK'. Igualmente exhaustiva fue la biografía de Nixon, intercalada entre la pura ficción con altas dosis de violencia de 'Asesinos natos' (1994), con guión de Quentin Tarantino (muy disgustado con el resultado) y U-Turn, giro al infierno (1997).

Una interesante película deportiva como Un domingo cualquiera (1999) o la incursión histórica deAlejandro Magno (2004) apuntaron otras facetas a su trayectoria, pero Oliver Stone, que ha llevado una carrera más relajada en los últimos años, ha seguido regresando a la política, bien a través de la mencionada World Trade Center, de un retrato de George Bush en W (2008) o de sus acercamientos a Fidel Castro.

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