Tras la puerta del movimiento 'okupa'

Juanmi Gutiérrez lleva su cámara a casas ocupadas en el documental 'Ateak zabalzuz/Abriendo puertas'. El cineasta de Errenteria analiza el fenómeno filmando en Txerrimuño y Lobato -de Lezo-, Minas de Arditurri, Goiko Eskola, Urkabe Baita y Mosa -de Oiartzun-

ENRIQUE MINGOSAN SEBASTIÁN.
Tras la puerta del movimiento 'okupa'

Fue 2013 un año en el que el cineasta errenteriarra Juanmi Gutiérrez llamó a muchas de las puertas de las 'casas-okupa' de nuestro entorno. Su intención era entrar en ellas con su cámara y profundizar en el fenómeno de la ocupación, «un movimiento al que nunca había mirado de cerca si no más bien con prejuicios». El resultado es 'Ateak zabalduz/Abriendo puertas', un documental que refleja las diferentes maneras de entender y vivir este fenómeno a través de las personas que hoy habitan las casas ocupadas de Txerrimuño y Lobato -Lezo-, Minas de Arditurri, Goiko Eskola, Urkabe Baita y Mosa -Oiartzun- , así como el testimonio de gente que vivió la experiencia de Zapatari -Donostia- o la Casa de Mujeres Matxarda.

Con 'Ateak zabalduz/Abriendo puertas' Gutiérrez continúa su trayectoria como cineasta, en la que investiga, a través del documental, «ciertos grupos humanos que hay a mi alrededor, compuestos por gente sencilla y comprometida con la vida que consciente o inconscientemente nos influyen a todos, pero de los que desconocemos tanto lo que son, como las motivaciones que les han llevado a estar donde están y vivir como viven».

En 'La plaza de la Música' hablaba de las víctimas del amianto; en 'Bozes lexanas', de las personas que vivieron el abandono del mundo rural; en 'Mur-mur', los presos de Martutene; en 'Calle silencio', el mundo de los músicos callejeros... «en este caso conocía personas que tenían la experiencia de ocupación pero nunca les había mirado de cerca, si no más bien con prejuicios y una gran distancia entre lo que era mi experiencia vital y la suya», reconoce. Así, en su intención de adentrarse en este fenómeno, Gutiérrez contactó primeramente con la casa de Txerrimuño y a partir de ahí elaboró un guión, «una especie de monográfico sobre esta casa que cumplía treinta años de existencia, algo que le confería un bagage de vida importante». Luego, a medida que fue grabando, vio interesante «profundizar en las diferentes opciones que hoy se están dando en el fenómeno de la ocupación», así que abrió el guión a otras casas ocupadas.

Cargado de estereotipos

Gutiérrez admite que, en un principio, iba cargado de estereotipos que les definía como un fenómeno violento, que se aprovechaban de las circustancias, sin ideología... «Pero con el trato me di cuenta de que esos estereotipos no eran ciertos. Descubrí una ideología de base anarquista muy potente detrás y que la violencia pudo haber sido periférica y anecdótica en algún momento de la historia del movimiento 'okupa', pero que la mayoría de ellos no parten de métodos ni ideas violentas sino todo lo contrario», señala el cineasta.

El documental también deja ver que estos espacios ocupados son muy diferentes entre sí. «Algunos guardan una ideología muy potente, donde ese nuevo anarquismo contrario a la propiedad privada y al capitalistmo, tiene contacto con el antimilitarismo, el ecologismo, el fenimismo... y también hay otros, sobre todo los más modernos, donde esta ideología está un poco arrumbada y sobre todo se reivindica el derecho a la vivienda pero sin ideología militante detrás. Estas últimas son posiciones más individualistas y sin esas dosis de utopía que tenían las más antiguas».

Los modelos antiguos quedarían patentes en Minas o Txerrimuño, «que hoy es una especie de centro social más ligado al fenómeno de los gaztetxes que al de 'vivienda-okupa'». Allí desarrollan una serie de actividades, casi siempre culturales, autogestionadas y al margen del sistema «que le convierten en una especie de crisol desde el que se expanden esas actitudes vitales», apunta Gutiérrez. «Estos espacios son para muchos como una universidad de vida. Consolidan valores que perduran a lo largo de sus vidas».

También se ven en el documental las contradicciones, «e incluso los choques de concepción que existe dentro del movimiento okupa», afirma su director. «Éste nunca ha sido un movimiento lineal. Ha tenido sus crisis, pero creo que han salido adelante», e insiste en las dos concepciones que se distinguen. «En la ocupación antigua los planteamientos eran a largo plazo, la gente entraba con la intención de pasar allí toda la vida pero actualmente el planteamiento es el de resolver el problema personal del momento y, como el horizonte de vida laboral o sentimental no es muy largo, pues entonces entran con esa mentalidad de salvar esos pocos años y luego ver qué puede pasar». Además, la cinta muestra el choque intergeneracional que se puede dar, el «cansancio» de los 'okupas' más mayores, a los que les cuesta la convivencia con los más jóvenes.

Tras las muchas horas de grabación, Gutiérrez consideró oportuno dar forma al documental escogiendo como hilo conductor la música del grupo Kakahuete, que ensaya en uno de estos espacios ocupados «y tiene una poesía urbana muy adecuada a la mentalidad de la ocupación. Me he preocupado de traducir las letras para que la gente sepa muy bien de qué estamos hablando y qué poesía hay alrededor de estas casas». Además, el documentalista recurre a dos sociólogos que analizan cómo se inserta el fenómeno 'okupa' en la praxis de vida de Euskal Herria.

'Ateak zabalduz/Abriendo puertas', que ahora se presentará «sobre todo en festivales», ha tenido una proyección privada para sus protagonistas. «Aunque yo nunca pensé que era una película sentimental, salieron muy emocionados, incluso con lágrimas en los ojos. Al parecer se han visto muy bien reflejados en ella», comenta Gutiérrez satisfecho del resultado.