«Lo fácil es ir, lo difícil es regresar»

Hirukide ha organizado dos mesas redondas con motivo de su II Semana de los Derechos Humanos. En la primera charla seis exalumnos del centro narraron sus experiencias como voluntarios, la segunda se celebra hoy

IKER MARÍN , DIARIOVASCO.COM
«Lo fácil es ir, lo difícil es regresar»

El titular de esta crónica se escuchó el martes por la noche en un repleto salón de actos de la Casa de Cultura. Allí seis jóvenes tolosarras contaron con todo lujo de detalles qué supuso para ellos ser voluntarios en diferentes países del mundo el pasado verano. Este acto, que se repite hoy en el mismo lugar pero con otros protagonistas y temas, está enmarcado en la II Semana de los Derechos Humanos que organiza Hirukide Ikastetxea. El objetivo de esta celebración se basa «en transmitir a nuestro alumnado la necesidad de trabajar por un nuevo mundo desde una dimensión intrapersonal, interpersonal y transcendental» explican desde el centro educativo. Además de las mesas redondas, abiertas al público, Hirukide está trabajando con sus alumnos temas tales como los derechos de los niños, la interreligiosidad, la esclavitud infantil o la reconciliación.

«Un verano solidario»

Éste fue el tema tratado el martes en el debate celebrado con antiguos alumnos del centro. Seis testimonios que demuestran bien a las claras que, más allá de los estereotipos habituales, la juventud actual es inquieta, solidaria y participativa. Ayudados por el moderador Xabi Gómez, los seis participantes fueron hablando largo y tendido sobre lo que fue para ellos el verano de 2013. Los profesores Joana Zubelzu y Yon González estuvieron en Argentina. «Yo animo a la gente a probar con el voluntariado. Es una experiencia que te marca y estamos deseando volver», decía Joana Zubelzu. Su labor y la de su compañero de viaje fue dar clases particulares en un colegio argentino «aunque hicimos más cosas. Trabajamos con jóvenes y creamos con ellos un grupo de tiempo libre para evitar, en la medida de lo posible, que otros jóvenes de la zona cayeran en el mundo de la droga y el alcohol».

De Argentina a Marruecos. Allí pasó su verano Miguel Legarra, estudiante de medicina, atendiendo y ayudando a niños con parálisis cerebral y a sus padres, que contó una de esas historias que hielan la sangre. «Cuando llegué a Tetuán me encontré con lo esperado. En general sí que me llamó la atención la desnutrición de los niños y en particular un caso de hambre en un niño de unos 8 años. Fue duro verle, era puro hueso. Y lo preocupante era que su entorno tenía recursos para alimentarlo, pero la dejadez de su familia le había dejado al borde la muerte. Cuando le vimos, no podía ni comer puré. De hecho le tuvimos que suministrar suero. A sus padres les dijimos que le dieran más y que queríamos estar de nuevo con el niño. No se dignaron en volver. Tuvimos que ir otra vez nosotros a visitarle. Este ejemplo me dio una rabia inmensa por la dejadez mostrada. Había otros casos graves, pero las familias reaccionaban».

También en África, concretamente en Kenia, estuvieron Irati Lanceta, estudiante de Medicina, y Nerea Caminos, licenciada en Empresariales. Ésta última hacía esta reflexión sobre su experiencia. «Cuando te dicen el destino sabes que no vas a tener ni agua ni luz, pero cuando llegas allí y lo vives en primera persona, es brutal. La realidad que te encuentras supera tus previsiones» a lo que añadía Lanceta, «te das cuenta de la suerte que tenemos aquí y empiezas a valorar todo más».