La voz de los arquitectos se hace oír

Piden proteger Unión Farmacéutica, Coca Cola y Luzuriaga y edificios de menos de 50 años

ANA VOZMEDIANOSAN SEBASTIÁN
Las oficinas de Luzuriaga son un exponente del racionalismo de post-guerra. Asociaciones de vecinos también han pedido su conservación con nuevos usos. ::                             LOBO ALTUNA/
Las oficinas de Luzuriaga son un exponente del racionalismo de post-guerra. Asociaciones de vecinos también han pedido su conservación con nuevos usos. :: LOBO ALTUNA

Ellos también han hablado. Los arquitectos consideran que el Plan Especial de Protección del Patrimonio Urbanístico Construido, el PEPPUC, es una oportunidad para que la ciudad sepa cómo cuidar su diseño y su historia, una oportunidad que, a su juicio, no se puede desaprovechar. Lo han dicho por escrito y se han acercado al Ayuntamiento, a esa comisión especial que debe dar los pasos para conseguir aprobar la capa de protección de los edificios ya construidos.

No parece que al Colegio Oficial de Arquitectos Vasco Navarro le guste demasiado ese Plan que ya tiene su primera aprobación y que debe recibir el visto bueno definitivo en pocas semanas. Al menos si se tiene en cuenta la entidad de sus alegaciones y la importancia que le da a que no se limite en el tiempo la protección de edificios, una cuestión que deja fuera de catalogación a hitos del urbanismo donostiarra reciente como pueden ser las obras que el prestigioso Rafael Moneo ha dejado en Donostia como el Kursaal o la iglesia de Riberas de Loiola.

Consideran también que el patrimonio industrial es importante, más allá de posibles argumentos de edificaciones singulares. Y son críticos: «El término municipal de Donostia carece de edificios industriales antiguos a proteger, prácticamente han desaparecido todos fruto de una intervención urbanística muy poco reflexiva sobre la rehabilitación o reforma, filosofía que esperamos que se replantee».

Porque la inclusión de usos nuevos en edificios viejos es un debate arquitectónico antiguo, dicen desde el Colegio y por ello proponen que se incluyan tres inmuebles que consideran muy especiales dentro de la historia de la ciudad. Se trata de las oficinas de Luzuriaga en Molinao, de Coca Cola en Rekalde y de la Unión Farmacéutica en Igara. Solo este último, diseñado por Luis Peña Ganchegui, aparece en la imprescindible guía de arquitectura editada por la propia entidad que agrupa a los arquitectos para destacar su originalidad en el tratamiento y en los materiales.

¿Qué tiene Luzuriaga para que merezca el manto de la protección del PEPPUC? Las oficinas se levantaron en 1956 y son un exponente del racionalismo de post-guerra en Gipuzkoa, diseñado por Ricardo Olaran, el último representante de la arquitectura racionalista donostiarra industrial. Su descripción técnica es la de un edificio de tres cuerpos con otro central y con un orden gigante de pilastras empotradas de orden clásico.

Es el turno de otro edificio también industrial, el de Coca Cola en Añorga, ligado en imagen a la entrada a San Sebastián y a visitas vinculadas a excursiones de colegio y concursos de redacción. Está incluido en el inventario industrial del Gobierno Vasco y fue edificado en 1958, dentro de la estrategia de la multinacional para implantarse en el Estado. El Colegio de Arquitectos resalta que es un ejemplo de arquitectura racionalista de la década de los años 60, con valores como su entrada y marquesina, así como la cristalera de la zona de oficinas principal.

La Unión Farmacéutica siempre ha estado en el punto de mira de los arquitectos como un edificio de solera, para empezar porque es una obra de Peña Ganchegui, un hombre que tuvo la Medalla de Oro de Arquitectura en 2004 y que sus colegas de profesión consideran como un claro referente arquitectónico.

La Unión Farmacéutica, situada en el camino de Portuetxe, en Ibaeta, se edifica en 1973 como almacén de empresa. Se explica en la guía del Colegio de Arquitectos. Peña Ganchegui se vale de la idea de fachada como uno de los aspectos sustanciales del edificio. «Los muros translúcidos de pavés enlazan con la imagen de la arquitectura industrial y producen un efectos más abstracto en las fachadas al carecer de los huecos convencionales». Además, el arquitecto se recreó en las formas cilíndricas, «aprovechando las posibilidades del vidrio prensado, con intenciones plásticas, tanto en la sección del cierre como en los núcleos emergentes contrastados con sus sólidas bases de hormigón».

El patrimonio industrial centra, además del tiempo, la nutrida batería de las alegaciones de los arquitectos vascos, que han consensuado también que se otorgue el grado E, la categoría que protege un conjunto urbano desde el punto de vista de las envolventes y materiales y acabados, en el tratamiento de color para la conservación del grupo a la colonia Virgen del Pilar de Martutene (1919), a Santa Bárbara de Altza (1955), grupo Korea en la zona de San Francisco Javier de Egia, la plaza del Cedro y plaza de los Olmos en Bidebieta, un polígono ejecutado entre 1963 y 1975, la que se denominó colonia María Cristina de casa baratas en Larratxo.

Limitación temporal

Respecto a la limitación temporal del plan, muestran su sorpresa por el cambio de criterios y porque se utilice el año 1950 como año tope en el que los edificios ya tendrían que estar excluidos. «Si se cortara en el año 1900, la práctica totalidad de los edificios del Ensanche, coetáneos a esa época, quedarían fuera de este PEPPUC. Apenas quedarían 10 edificios». Argumentan que por este tipo de límites temporales ya se han perdido elementos por falta de catalogación, caso del mercado de San Martín, por ejemplo.