«Sólo me faltó una medalla olímpica»

El exbalonmanista Juanjo Uria, que participó en tres Juegos, elogia el entusiasmo del Bidasoa

P. ECHANIZ
En forma. Juanjo Uria ha cambiado el balón de balonmano por la pelota de pala. ::                             ARIZMENDI/
En forma. Juanjo Uria ha cambiado el balón de balonmano por la pelota de pala. :: ARIZMENDI

Su zurda hizo estragos durante muchos años en las canchas del balonmano. Juanjo Uria es uno de los legendarios de este deporte, con catorce años de experiencia en División de Honor, 198 partidos internacionales, 472 goles con la selección y tres Juegos Olímpicos.

El día 16 estuvo en Arteleku viendo el partido del Bidasoa, club del que es socio, aunque no acude con asiduidad. Saludó a unos y otros después del emocionante desenlace del encuentro.

«Sigo la marcha del Bidasoa, tengo muchos amigos en el club. Creo que después de estar abajo varios años, el hecho de que el Bidasoa juegue en la máxima categoría es muy importante. Cierto que el equipo no pasa por los mejores momentos, las carencias económicas se hacen sentir en una plantilla bastante justa, pero la gente de Irun está encantada, Arteleku se ha llenado y el público es muy animoso». El exjugador confiesa que «hay entusiasmo en el equipo y en la grada. Ya lo vi también en el play off de ascenso. Aquí está la segunda o la tercera generación, los hijos y hasta los nietos de aquellos antiguos jugadores del Bidasoa que tan importantes fueron en este deporte. Es muy bonito ver a tantos chavales en las gradas y me parece un acierto que el club se promocione en los colegios».

Para Uria, el actual bajón del balonmano es reflejo de lo que sucede en todos los órdenes en el país. «La crisis afecta a todos los deportes, en especial a los minoritarios como el nuestro. Sólo se salvan los equipos que tienen un gran club de fútbol detrás, como el Barcelona en balonmano o el Madrid y el propio club azulgrana en baloncesto. Se han acabado los grandes patrocinadores y los equipos tienen que sobrevivir con diez o quince pequeños sponsors y con plantillas muy justas. Ahora no se ven los partidos de antes».

Por todo ello, el nivel ha bajado y, según Juanjo Uria, es algo que se comprueba en cada partido. «Casi todos los grandes jugadores españoles se han ido a Alemania, Francia o Hungría. Es algo normal, porque son profesionales. Antes traíamos fantásticos extranjeros a nuestra liga y ahora sucede al revés».

Uria considera que todo ello acaba repercutiendo en la base. «En muchos colegios se ha abandonado el balonmano, los chavales quieren jugar a fútbol o baloncesto que es lo que se ve en la tele y la mayoría de los responsables de deportes no ponen mucho entusiasmo por cambiar esa tendencia».

Tres Juegos sin medalla

Juanjo Uria puede presumir de haber jugado en muchos de los grandes del balonmano español y suma un palmarés impresionante: siete Ligas, nueve Copas y cuatro Recopas. Militó en el Calpisa, Atlético de Madrid, Barcelona y Michelin de Valladolid.

«Compartí equipo con grandes jugadores como Cecilio, Rico, Melo, Papitu, Novoa, Juanon y otros muchos. En la situación actual quizás todos nosotros estaríamos jugando en Alemania o Francia», comenta jocosamente. «Pero en aquella época había un problema muy gordo: los equipos del Este dominaban totalmente. Luego al dividirse países como Rusia o Yugoslavia han surgido muchas nuevas selecciones pero ha bajado el nivel y eso ha permitido que España haya tenido más posibilidades de medallas».

Esa es precisamente la gran desilusión de Uria, no haber conseguido una medalla olímpica. «Estuve en los Juegos de Moscú, Los Ángeles y Seúl. Pero pude haber participado también en los de Monreal, en 1976, pero perdimos el partido decisivo contra Dinamarca en Valladolid».

Repasando esas tres experiencias olímpicas, Juanjo Uria, insiste en la decepción que le produjeron. «En Moscú, en 1980, quedamos quintos tras ganar el partido decisivo a Yugoslavia. Cuatro años después en Los Ángeles nos llevamos un 'palo' tremendo porque no participaban los equipos de Europa del Este y creíamos que la medalla era segura, pero todo nos salió mal desde el primer partido y quedamos octavos. Luego, en 1988 en Seúl, tampoco jugamos bien y fuimos novenos».

Esa medalla, esa guinda, hubiera sido un perfecto colofón a una carrera redonda que sólo tuvo el parón de una lesión en el hombro que le corto media temporada de las catorce que estuvo en la máxima categoría.

A sus 57 años, Juanjo Uria mira atrás con orgullo a su carrera deportiva. Se conserva estupendamente, con su gran planta de 1,90 metros y una forma física envidiable. «Suelo jugar a pala y hago gimnasia. Me gusta cuidarme», comenta uno de los mejores zurdos de la historia del balonmano español que regenta un estanco en Trintxerpe.

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