Ekaitz, casi te sacan a hombros...

Olaizola II, finalista de la jaula tras batir a un soberbio Saralegi que le tuvo contra las cuerdas

ENRIQUE ECHAVARRENPAMPLONA
Ekaitz, casi te sacan a hombros...

. Ekaitz Saralegi no olvidará nunca la tarde que vivió ayer en el Labrit de Pamplona, ni la atronadora ovación que le tributó el público, puesto en pie, a la conclusión del partido. El amezketarra hizo un gesto con los brazos como diciendo «no he podido hacer más» en señal de agradecimiento. El público seguía en pie y seguía aplaudiéndole. Saralegi saludó a sus incondicionales del graderío superior y enfiló el camino a la ducha. Dentro del vestuario se seguían oyendo los aplausos. Estaba como en una nube.

Pero una hora antes había bajado a la tierra para completar un partido soberbio, pleno de magia y virtuosismo, con destellos de auténtica figura. Un partido para enseñar a los chavales en las escuelas de pelota una y otra vez hasta que se acabe rompiendo la cinta de vídeo. Saralegi fue capaz de hacerle pasar un mal trago a Olaizola II, el gran dominador de la distancia.

Estuvo a punto incluso de dar la campanada, pero en el tramo final le fallaron las fuerzas y el goizuetarra le dio la vuelta a una semifinal que por momentos la tuvo perdida. Hubiese sido un bombazo, pero nadie de los que estuvieron ayer en el Labrit y los que vieron el partido por televisión lo calificaría como tal. Saralegi fue más y mejor que el vigente campeón en muchas fases del partido. Jugó como los ángeles. Y se sacó de la chistera un repertorio ofensivo sólo al alcance de privilegiados. Paraditas al txoko, dejadas, dos paredes, aperturas. Lo que ustedes quieran. Y todo hecho a cámara lenta, despacio, con duende. Como los grandes toreros. Como las grandes faenas de la historia del toreo.

Saralegi tocó el cielo con la yema de los dedos, pero al final se impuso la cruda realidad. Aimar es mucho Aimar. Saralegi le dio un repaso en toda regla pero será el goizuetarra quien disputará la final el próximo día 8 en el Ogueta de Vitoria contra el vencedor del Bengoetxea VI-Irujo de hoy en el Astelena. Será la séptima para el menor de la saga de los Olaizola, la tercera consecutiva. Cuenta en su palmarés con seis txapelas y acaricia la séptima.

Juego en largo

Pero ayer estuvo contra las cuerdas durante buena parte del partido. Saralegi se adelantó 0-4, 5-10, 10-12 y 16-18. Los corredores de apuestas, que habían tirado de salida el dinero a favor del goizuetarra, sudaban tinta china. Y fue en ese preciso momento, con el marcador en contra y sin emitir buenas sensaciones durante todo el partido, cuando apareció el Aimar que marca la diferencia con el resto.

Comenzó a jugar en largo, puso la pelota lejos del frontis y obligó a Saralegi a entrar una y otra vez desde el seis o el seis y medio. La efectividad del amezketarra en esos cuadros era mucho menor. Saralegi no podía quitarle pelota y Aimar remataba. Las fuerzas comenzaban a flaquear y las piernas no respondían como al principio.

Con el 20-18 solicitó el quinto y último descanso. Estaba desfondado físicamente. Lo había dado todo en la cancha. Había sido protagonista de un sueño al que le faltó muy poco para hacerse realidad. Hace catorce años, otro pelotari guipuzcoano, Mikel Unanue, llegó a la final de la jaula ante Patxi Eugi y además la ganó (22-11). Saralegi estuvo a punto de emularle. Se quedó cerca, muy cerca. Abandonó el Labrit por la puerta grande. Si llega a ganar le sacan a hombros y se lo llevan así hasta Amezketa. Hubiese sido el colofón a un partido precioso. No todos los días se ve algo así. Aimar sigue adelante y Saralegi, no.

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