El fraile italiano de Guadalupe

Lucio Francesco Saggioro es el capellán desde finales del verano. Este franciscano itinerante asegura que está «encantado» con la acogida que ha tenido en nuestra localidad

JOEL IGLESIASHONDARRIBIA.
El fraile italiano de Guadalupe

Desde su Véneto natal, una región del norte de Italia, Lucio Francesco Saggioro ha participado en experiencias misioneras en numerosos países como India, Australia, Estados Unidos, Brasil, Angola, China, Palestina, Irlanda del Norte y un largo etcétera. «Después de mucho moverme, para mí era importante tener un lugar donde acoger yo a la gente y compartir lo que he vivido», explica.

Este fraile franciscano, misionero itinerante desde 2009, ha encontrado ese lugar en Hondarribia, en el santuario de Guadalupe. A pesar de que no lleva mucho tiempo, ya se ha dado cuenta de que «suben muchísimas personas, más de las que podía pensar». Por ello, hay días en lo que se dedica a estar más con la gente y otros en los que se centra principalmente en sus estudios y la meditación.

Su idea es «mantener Guadalupe como un lugar de espiritualidad, porque aquí viene mucha gente a rezar. Por ello, la puerta siempre estará abierta para que las personas tengan la oportunidad de pararse a reflexionar y de encontrarse, que no viene mal hoy en día. En el futuro, me gustaría dar cursos para contribuir a que la gente avance en su camino espiritual».

Saggioro no esconde que le ha «impactado» la acogida que se le ha dado en nuestra localidad. «Se me ha recibido muy bien y la gente, cuando me ve por la calle, me para y me saluda con mucho cariño. Incluso me ha ocurrido lo que nunca antes me había pasado, que me pregunten y me pidan alguna explicación más sobre lo que dije domingo», señala.

En ese sentido, el capellán de Guadalupe relata que «hago una homilía que las personas entienden. Son sólo cuatro o cinco minutos, pero que son fruto de horas y horas de meditación y contemplación porque tú tienes que saber lo que le pasa a la ciudadanía, lo que dice de verdad la Biblia. Y estoy muy contento porque lo que explico llega a la gente».

Segunda parada en Gipuzkoa

Saggioro ya había estado con anterioridad en Gipuzkoa. Hace un par de años, residió durante varios meses en Errenteria, donde trabajó con el grupo de tiempo libre de la parroquia de Fátima. Terminó muy contentó su estancia en nuestro territorio y, por ello, cuando el obispo Munilla le propuso la opción de venir a Guadalupe en esta nueva etapa que quería iniciar, no tardó en aceptar.

A este fraile italiano, de todas las experiencias misioneras en las que ha tenido la oportunidad de participar, la que más le ha marcado ha sido la vivida en Calcuta, una ciudad de la India en la que malvive gran parte de su población. «Es una de las vivencias más fuertes porque parece un infierno por el nivel de pobreza y de injusticias sociales que se dan. La primera semana siempre es muy complicada por la adaptación y luego es un reto continuo», confiesa.

Añade que «parte de la población ha encontrado su equilibrio, pero hay un montón de pobres y ves que algo no marcha en la sociedad. Es como una síntesis del mal del mundo y, además, cuando esas personas con pocos recursos empiezan a ganar algo de dinero, se van a comprar un móvil. Es un ejemplo de la locura de la cultura actual».

Durante la conversación, hace referencia a otros dos episodios de sus estancias en otros países. De Belfast recuerda que «la tensión entre la gente sigue estando muy presente», mientras que en Angola se encontró con el final de una guerra civil, una situación que nunca había vivido y que «fue muy duro porque la guerra muestra la locura de hasta dónde puede llegar el ser humano».

Con tanto viaje y estancia en países de diferentes lenguas, Saggioro es capaz de hablar en italiano, francés, inglés, castellano, portugués, véneto -que es su lengua materna- y catalán porque, según cuenta, es muy parecido al idioma de su región. Y a ello hay que sumar el euskera con el que avanza a pasos agigantados.

Estuvo varios meses en el barnetegi Maizpide, de Lazkao, y ahora continúa con las clases en el euskaltegi municipal de Hondarribia. «Al principio es muy complicado. Pensaba que el Nor-Nori-Nork significaba yo, tú, él. La lógica del euskera te hace pensar de manera diferente, porque hay cosas que son al revés, pero eso te ayuda a analizar las situaciones desde otra perspectiva. Mi sueño es sacarme el EGA algún día», dice.

Tatuajes y pelo largo

Este religioso franciscano se sale del estereotipo al que muchas personas están acostumbradas. Luce pelo largo y tiene varios tatuajes en sus brazos que, lógicamente, no se ven cuando viste el hábito, como en la fotografía que acompaña este reportaje. Curiosamente, «los únicos problemas que he tenido por los tatuajes han sido en Italia».

Saggioro es tajante a este respecto. «Soy así porque me gusta ser así», apunta. Y es que en más de una ocasión ha tenido que escuchar que con esa imagen lo que busca es atraer a más jóvenes a misa. En ese sentido, expone que «mi fin no es que la gente vaya a misa, es conocer yo a Jesucristo. Si luego puedo compartirlo con más gente, mejor, pero mi fin no es convencer a los demás porque pienso que cada persona tiene su propio camino».

Como buen italiano, le gusta el fútbol -jugó durante su juventud- y es un «apasionado del mundo del motor». También ha hecho teatro y ha tocado en un grupo de música como guitarrista, un instrumento que nunca ha dejado de lado. A pesar de un tener una vida muy activa en aquella época, «sentía que me faltaba algo. Por casualidad conocí a un fraile que vino a mi parroquia, empecé a conocer a San Francisco y ha sido su figura la que me ha marcado mucho».

En ese momento, la vida de Saggioro cambió completamente su rumbo. Inició un largo camino cuya última parada hasta el momento es Hondarribia. No sabe hasta cuándo estará en Guadalupe. Lo que es seguro es que seguirá, como los últimos años, con «las misiones itinerantes durante dos meses al año para compartir la vida con otra cultura y otra gente, porque ellos necesitan mi ayuda».

En enero y febrero y viajará a Sao Paulo, a una comunidad cristiana que ya conoce, «donde estaré atendiendo a niños a los que además les daré clases de inglés. Allí me encuentro muy a gusto por el sencillo hecho de que la gente pone por delante la relación entre las personas y, para mí, es muy importante. Visto que están en una situación de pobreza, están obligados a buscar lo esencial, la relación con los demás».

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