Redescubriendo la anchoa

Euskadi y Cantabria se fusionan en una cata que innova con este manjar

MIKEL MADINABEITIA
Uno de los asistentes a la cata de anchoas. ::                             USOZ/
Uno de los asistentes a la cata de anchoas. :: USOZ

T odo aquel amante de la buena vida hace tiempo que entabló una verdadera amistad con la anchoa, un manjar. Pero este producto, un clásico en cualquier menú del gourmet de manual, necesitaba dar un paso más para volver a seducir. Y la casa Nardín, maestros conserveros, ha sabido dar con la tecla al fusionar su delicia con unos vinos de Euskadi y Cantabria que han funcionado como un maridaje perfecto.

La degustación consistió en cuatro creaciones en las que la anchoa, evidentemente, fue el actor principal. Sebastián Aranguren, de Nardín, e Inaxio Valverde, de Bodegón Alejandro, salieron al atril para realizar la primera presentación. Probamos una anchoa del Cantábrico de la campaña de 2012 y la regamos con Getariako Txakolina.

A continuación llegó lo que, desde el punto de vista del arriba firmante, fue el momento estelar. La lasagna con pisto y anchoa fue un espectáculo, una demostración de lo que significa aglutinar el mar, la huerta y la montaña.

Jorge López, un maestro

Para la segunda parte de la cata cambiamos de tercio y de guías. Jorge López, un sumiller con un excelente criterio, estuvo acompañado por Sergio, un chef que se está haciendo un hueco gracias a su originalidad y buen hacer.

En esta ocasión efectuamos un salto para ingresar en el mundo del Albariño, un clásico que todos conocen, pero con un origen no tan conocido. Cantabria se está destapando como una revelación y sus vinos están empezando a recoger los frutos a muchos años de excelencia en el trabajo.

La tercera anchoa fue una natural y la cuarta y última, una sorpresa. Una red de anchoa con pistacho que provocó aplausos e incluso alguna ovación. Fue una excelente ocasión para conocer cómo funciona el universo de la anchoa. Ese manjar.

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