Los pioneros del pacto PNV-PSE dan su bendición

Ardanza y Jáuregui, lehendakari y vicelehendakari en la legislatura del primer acuerdo PNV-PSE, valoran el regreso de aquel entendimiento

MIGUEL VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.
Ardanza y Jáuregui se saludan en 1997 en el Parlamento Vasco. ::                             DAVID AGUILAR/
Ardanza y Jáuregui se saludan en 1997 en el Parlamento Vasco. :: DAVID AGUILAR

Hace 26 años, en 1987, el PNV y el PSE superaron sus diferencias políticas y firmaron el primer gobierno de coalición en una comunidad autónoma desde la vuelta de la democracia. En las elecciones de 1986, el PSE se había erigido en la primera fuerza política vasca y optaba a suceder en la Lehendakaritza a un PNV habituado a copar el poder en Euskadi. La escisión de EA encabezada por Carlos Garaikoetxea había dividido los votos en el nacionalismo y los socialistas se vieron por primera vez a las puertas de Ajuria Enea. Pero entonces nació un pacto novedoso y la situación dio un vuelco. PSE y PNV alcanzaron un acuerdo de gobierno que dejó la Lehendakaritza en manos jeltzales e iniciaron trece años de colaboración que terminó abruptamente en 1998, a causa del pacto de Lizarra. José Antonio Ardanza (PNV) y Ramón Jáuregui (PSE), lehendakari y vicelehendakari tras aquel pacto pionero, rememoran la experiencia vivida y dan su bendición a un nuevo entendimiento que consideran «bueno para Euskadi».

Ardanza, que fue lehendakari en los trece años que duró el entendimiento entre jeltzales y socialistas (desde 1987 hasta el 99), considera que el pacto global que firmarán mañana PNV y PSE «puede suponer el inicio del reencuentro de dos partidos de raíces profundamente democráticas, aunque con ideologías muy diferenciadas, fundamentalmente en el sentimiento identitario vasco». El exlehendakari recuerda que los lazos que unen a ambas formaciones, más allá de las diferencias, profundizan sus raíces en la historia. «Lucharon juntos desde el Gobierno Vasco del 36 contra la dictadura franquista, en defensa de la libertad y la democracia; juntos comparecieron en las primeras elecciones democráticas post-franquistas, en el Frente Autonómico del 77; y juntos compartimos responsabilidades en el Gobierno Vasco» en los últimos años del siglo pasado.

Con estos precedentes, Ardanza considera una buena noticia el acuerdo alcanzado, aunque por el momento lo ve «como un comienzo, pero muy importante, porque supone la superación de catorce años de alejamiento. El tiempo dirá si llegan al nivel de aquellos acuerdos de los 80 y 90». La impresión inicial, al menos, es positiva. «Espero que, si han sido capaces de superar estos años de enfrentamientos, agresiones y distanciamientos mutuos, sepan ahora sus respectivos líderes trasladar sin complejos las bondades y alcance de estos acuerdos sobre todo a sus bases».

Ramón Jáuregui, vicelehendakari en aquel primer gobierno de coalición y hoy diputado socialista en el Congreso, destaca que el pacto PNV-PSE puede cumplir cinco grandes objetivos en esta legislatura. «Da estabilidad a la política del país; construye la política sobre la base de la pluralidad identitaria; expresa las dos grandes mayorías sociales del país: el nacionalismo moderado y el autonomismo; evita la tentación de la radicalidad nacionalista; y construye un camino de futuro sobre la base de la moderación». En su opinión, el acuerdo «recoge lo mejor de dos corrientes políticas que tienen que asumir parte del ideario del otro para construir un camino desde la tolerancia y el respeto, recuperando la filosofía de aquellas experiencias de gobierno que fueron muy positivas para el país».

Dos corrientes históricas

El veterano político socialista reconoce que siempre ha creído «en la vía de entendimiento con el PNV, más allá de los momentos que hemos vivido: mejores, peores, juntos, separados... Siempre he pensado que Euskadi tiene que hacerse sustancialmente sobre las corrientes históricas que representamos el PNV y el PSE». Jáuregui «alaba» el acuerdo alcanzado y valora que «el PSE ha estado a la altura de lo que necesitaba el país en este momento. Estoy muy orgulloso de cómo se ha negociado y de cuáles han sido los grandes temas que han estado encima de la mesa». Destaca que «no ha habido reparto de poder ni de sillones, sino política pura con acuerdos sobre fiscalidad, funcionamiento institucional, inversiones... Ha habido política noble y creo que es el acuerdo que el país necesita».

Ante la pregunta de si los socialistas eran los socios naturales para el PNV en esta nueva etapa, José Antonio Ardanza responde que «por ahora, sí». Acto seguido, aclara que «cuando sea una realidad el compromiso con la verdad, la justicia y la dignidad de todas las víctimas, de las de hace 70 años y las más recientes, podremos decir que la paz y convivencia han llegado a nuestra sociedad, y entonces cualquier alianza será posible. Mientras tanto, el PSE y el PNV estarán llamados a asumir esta responsabilidad».

El exlehendakari señala que «aún es prematuro» para aventurar el recorrido que puede tener este acuerdo, pero afirma que «si ambas partes lo saben administrar con prudencia y sensatez, explicándolo además con convicción cada uno en su casa, podría acabar siendo un pacto de legislatura». «Vamos a procurar entre los interesados regar y cuidar bien esta planta que acaba de nacer, y el tiempo dirá hasta dónde puede crecer», añade.

Tanto Ardanza como Jáuregui coinciden al calificar de «muy positiva» la etapa en la que PNV y PSE formaron gobiernos de coalición a partir de 1987. Quien fuera lehendakari explica que, «por primera vez, las dos sensibilidades democráticas que estructuran nuestro país, una, exclusivamente nacionalista vasca y la otra vasco-española, trataron de entenderse desde la comprensión del 'otro', sabiendo que a los extremos de ambas formaciones había mucha radicalidad, mucha intolerancia, mucho fanatismo». En esas circunstancias, Ardanza recuerda que «ambos partidos tomamos conciencia que la normalización, la paz, la convivencia, el desarrollo, el progreso y la consolidación de la libertad y la democracia pasaban fundamentalmente porque 'nosotros ambos' supiéramos entendernos y, con nuestros acuerdos, construir una sociedad vasca cada vez mas cohesionada y tolerante».

Apuesta por la moderación

Jáuregui abunda en las consecuencias beneficiosas de aquel primer pacto PNV-PSE. «Fue una apuesta por la moderación y el autonomismo. En aquel primer gobierno de coalición reafirmamos el Concierto y consolidamos el Cupo. Fue el periodo más importante para las transferencias estatutarias o los acuerdos lingüísticos. Juntos también impulsamos la diversificación industrial y la modernización de las infraestructuras vascas, lo que permitió a Euskadi dar un salto económico».

De hecho, ambos protagonistas comparten la impresión de que los gobiernos de coalición de hace dos décadas despiertan todavía hoy un recuerdo positivo en la sociedad vasca. Ardanza asegura que «a día de hoy aún compruebo que amplios sectores sociales de nuestro país recuerdan con simpatía aquellos tiempos», de los que él también guarda «un gran y grato recuerdo». Jáuregui, por su parte, dice tener constancia de que aquellos ejecutivos de coalición «acabaron dejando muy buen sabor de boca en la opinión pública vasca».

Si la valoración final es tan positiva, ¿cómo se explica que la ruptura de la colaboración en el 98 estuviese seguida de catorce años de distanciamiento? El lehendakari Ardanza prefiere pasar de puntillas sobre esta pregunta porque «no creo que merezca la pena en este momento hurgar en los porqués del pasado reciente. Yo desde luego no lo voy a hacer. Dejémosle a cada uno con su verdad o razón». Jáuregui ahonda un poco más y señala que «fueron los años en los que el PNV entró en el pacto de Lizarra, y después llegaron los mandatos de Ibarretxe, en los que el PNV tomó un camino claramente soberanista. A esos diez años de fractura política con el nacionalismo le siguieron otros cuatro tras la llegada del PSE al Gobierno Vasco gracias al apoyo del PP». El exministro socialista afirma que «las razones políticas de ese alejamiento son evidentes, pero yo siempre creí en que un reencuentro era posible».

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