Cuando Madrid fue capital del frontón

Un libro relata la larga historia de la pelota en la capital, «donde los pelotaris fueron como Ronaldo»

MITXEL EZQUIAGASAN SEBASTIÁN.
Ignacio                        Ramos/
Ignacio Ramos

A finales del siglo XIX, cuando la reina María Cristina eligió San Sebastián como ciudad de veraneo, descubrió el deporte de la pelota. Se aficionó y poco tiempo después, en 1891, abría en Madrid el frontón Jai Alai, el primero de una larga serie de templos dedicados en la villa y corte a un deporte que provocó pasiones «hasta el punto de que hubo momentos en que los pelotaris eran en Madrid como los Cristiano Ronaldo de hoy», asegura Ignacio Ramos.

El periodista Ramos (Madrid, 1968) es autor de 'Frontones madrileños. Auge y caída de la pelota vasca en Madrid', el libro editado por el sello La Librería que se presenta esta misma tarde en la Euskal Etxea de Madrid (calle Jovellanos, 3). El autor ha reconstruido la epopeya madrileña de la pelota «investigando en las hemerotecas y archivos, tarea que me apasiona». Autor de otros dos libros, a Ignacio Ramos le sedujo el mundo del frontón «aunque no tengo relación alguna ni con el País Vasco ni con la pelota, al margen de que cuando era crío sí disfruté mucho jugandio a la pelota en Segovia».

El 'Teatro Real' de la pelota

Según el relato de Ramos, tras aquel primer Jai Alai de 1891, ubicado en la zona de Atocha, llegaron en pocos años nuevos frontones «hasta llegar a funcionar cinco a la vez, con aforos de entre 3.000 y 5.000 espectadores, en un Madrid en el que apenas había entonces 500.000 habitantes».

En aquel tiempo nace también el Beti Jai, considerado durante mucho tiempo «el Teatro Real de los frontones», y cuyo edificio, de alto valor histórico, sigue hoy en pie gracias al empuje de una plataforma ciudadana que logró evitar su derribo. Situado junto a la Castellana, ha sido reconocido como patrimonio histórico, y el Ayuntamiento y la propiedad están inmersos ahora en el proceso para determinar su uso futuro.

En aquella primera etapa en los frontones madrileños se jugaba sobre todo a cesta, en las gradas se mezclaban las clases más acomodadas, familiarizadas con la pelota en sus veraneos donostiarras, y un público popular. «El tirón de las apuestas explica también que la gente acudiera a los frontones a jugar su dinero», explica Ramos. Pero en pocos años la 'pasión pelotazale' se enfrió. Y por culpa, en parte, de las propias apuestas: «Hubo acusaciones de fraude y los frontones fueron cerrando».

Real Madrid, sección pelota

Hasta que en los años 20 del siglo pasado vuelve en Madrid el interés por la pelota con nuevos bríos, y esta vez con mayor interés por el remonte y la pala. «El Real Madrid o el Atlético de Madrid tenían sus secciones deportivas de pelota y los pelotaris se convierten en figuras sociales», prosigue Ignacio Ramos. «Hay una foto del boxeador Paulino Uzcudun, otra figura de la época, con los pelotaris del Madrid, que es todo un documento de ese tiempo».

Es el esplendor también de las raquetistas, las mujeres pelotaris que triunfan en las canchas. La mayoría eran vascas, como los hombres pelotaris que jugaban en Madrid. Chiquito de Gallarta o un joven Ábrego causaban furor en el frontón Recoletos. También en ciudades como Barcelona o varias urbes andaluzas crecen los frontones.

Pero tras la Guerra Civil la pelota en Madrid vuelve a pasar sus horas bajas. ¿Por qué? «En mi opinión, la causa principal es la aparición del fútbol como fenómeno de masas que parece arrasar a todos los demás deportes», relata Ignacio Ramos. Pero hay más. «La presión inmobiliaria fue grande: no hay que olvidar que los principales frontones ocupaban solares muy golosos en el centro de Madrid en el momento de la posguerra en que empiezan a reconstruirse núcleos urbanos como Madrid. Y también, la dificultad de ser un 'deporte vasco' en ese primer momento del franquismo. Como curiosidad, el gobierno obliga en ese tiempo a cambiar de nombre al frontón Jai Alai, que pasa a denominarse 'Siempre Alegre', su traducción al castellano».

El último frontón

El último frontón que siguió funcionando en la capital fue el Madrid, hasta los años 80 del siglo XX, con las raquetistas como principal atracción, siempre según el relato de Ignacio Ramos. En ese solar de la calle Doctor Cortezo se construirá ahora un hotel.

«Es una historia muy bonita, llena de anécdotas», resume Ignacio Ramos, un periodista aficionado a bucear en cuestiones históricas. Ha publicado libros sobre una original serie de guitarristas españoles o sobre un peculiar artista valenciano. La editorial especializada en cuestiones madrileñas La Librería es la que lanza ahora este libro.

¿Ha desaparecido ya para siempre la pelota en Madrid? «Quién sabe. Llegó a haber muchos aficionados. La plataforma en defensa del mantenimiento del Beti Jai planteó su inclusión en el proyecto olímpico Madrid 2020, pero al final quedó fuera. Se trata de mantener ese edificio respetando su fisonomía de frontón aunque reciba múltiples usos, culturales, sociales o deportivos», dice Ignacio Ramos.

De momento, los nostálgicos tienen una cita esta tarde en la Euskal Etxea madrileña, junto al Congreso de los Diputados y frente al teatro de la Zarzuela. Para hablar de los frontones vascos no demasiado lejos de donde también hubo un frontón hace un siglo.

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