«Seguimos creyendo que los ríos son sólo canales por donde va el agua»

Afirma que «la administración hidráulica y el sector de los grandes regadíos han ido de las manos»

JUANMA GOÑI , DIARIOVASCO.COM
«Seguimos creyendo que los ríos son sólo canales por donde va el agua»

El profesor Pedro Brufao es un activista incansable en la defensa, protección y gestión sostenible de los ríos. Su voz siempre se alza clara contra la destrucción del territorio fluvial, las grandes obras hidráulicas, los intereses económicos, las políticas de regadío o las agresivas canalizaciones. Hoy clausurará las Jornadas de la Naturaleza 'Naturaldia' hablando de «ríos con vida», a las 19.30, en el Topic.

-¿Usted siempre ha alertado sobre el mal estado de los ríos españoles? ¿Tenemos tantos motivos para el pesimismo?

-Contesto con un dato demoledor. Ríos de más de cien kilómetros sin destruir en España sólo queda uno, el Almonte. El Ebro ya no es un río, es una sucesión de embalses, lo mismo pasa con el Tajo, el Duero, el Miño, el Guadalquivir no digamos,. Aquella vieja definición escolar de que un río es una corriente de agua en movimiento.pues ya no se da, evidentemente.

-¿Y qué han hecho con todos estos ríos?

-Todos están embalsados, canalizados, dragados, contaminados y con sus llanuras de inundación ocupadas. Y esto ha ocurrido fundamentalmente en los últimos cincuenta años. Recuperarlos requeriría de un gran trabajo de restauración del hábitat y recuperación del sistema fluvial.

-¿Y la realidad de Gipuzkoa y de Euskadi es tan negativa?

-La Diputación de Gipuzkoa tiene técnicos, ingenieros y economistas que tienen otra visión y trabajan bien, con una perspectiva más racional. De hecho, se están eliminando muchas obras hidráulicas en Gipuzkoa. ¡Pero es que hay tanto por hacer! Sólo en el Deba existen 233 obstáculos, entre azudes y represas; en el Urola, 98; en el Oria, 232. En total, de 614 de estos obstáculos que hay en los ríos de Gipuzkoa, sólo 190 estaban en uso en 2010. ¿Qué pasa con los 424 restantes? Pues que se pueden eliminar, evidentemente. Si tenemos un río troceado centenares de veces., algo falla. Y luego está el factor negativo de la sobreexplotación forestal excesiva. Los pesticidas terminan en el río. La política forestal del País Vasco sigue anclada en los años sesenta por el fomento de la producción maderera intensiva. Hay algunos criterios de protección de ribera pero con un efecto mínimo.

-¿Ha mejorado algo el panorama en los últimos años? ¿No hay motivos para el optimismo?

-En lo referente a una disminución de la contaminación urbana e industrial, sí ha habido una mejora notable. Pero, claro, seguimos considerando los ríos como meros canales por donde circula el agua. Es como si tratásemos una playa de San Sebastián como un arenal donde extraer áridos para fabricar cemento. ¡A nadie se le ocurre, claro! Porque sólo hablamos del agua. Y encima del agua de superficie. Nadie habla de la grandísima alternativa que son las aguas subterráneas. Metemos todo dentro de un mismo saco.

-¿A qué se refiere exactamente?

-Por ejemplo, cuando nos machacan en los medios de comunicación con el nivel de los embalses. Hay que ver si son hidráulicos, hidroeléctricos, para regadíos, para abastecimiento. Todo se mete dentro del mismo saco, y el nivel de los embalses puede depender, en una cuenca agraria, del ¡nivel de subvenciones de ese año de la política agraria común!.

-¿La canalización de los ríos no tiene ningún efecto positivo?

-Al canalizar los ríos, lo único que se consigue es aumentar los efectos negativos que pueden sobrevenir cuando llegan las grandes avenidas de agua. Es como un embudo. Si metemos agua en un embudo inmenso, de miles de hectáreas, lo que sale por el «pitorrito» es un chorrotón de agua inmenso. Y en cuanto a losmuros enormes que se construyen, yo creo que no eliminan las grandes avenidas de agua. El agua tarda muchísimo en evacuar porque no puede alcanzar el cauce principal.

-Denuncia que se han anegado municipios en virtud de «un interés general» que ha ocultado fines muy particulares.. ¿A qué se refiere?

-La administración hidráulica y el sector de los grandes regadíos han ido de la mano. Y ha habido una confusión entre interés general e interés particular. Algunas de las obras hidráulicas han sido necesarias, pero en general ha habido una falta de planificación y de análisis económico. Un ejemplo, los 250.000 millones de pesetas de pérdidas en el pantano de Itoiz. Y hay regantes de Navarra que no quieren el agua del canal de Navarra, porque no les compensa. Y en Riaño pasa lo mismo. Son dos ejemplos de embalses hechos en contra de una amplia mayoría. Y si hablamos de la sobreexplotación de las aguas subterráneas, existen ejemplos en el Guadiana o en Doñana, donde de 2.000 pozos apenas 500 son legales. Y con cultivos ilegales de fresa, arándanos y demás.

-¿En qué casos puede estar justificada la creación de una gran obra hidráulica?

-Para la defensa de situaciones urbanas consolidadas. Pero existen maneras y maneras de hacerlo. Y desde el punto de vista económico, una buena política de seguros paliaría los daños.

-También alerta sobre la política del regadío que viene marcada desde Europa...

-La expansión del regadío es irracional, antieconómica y antiecológica. Poco podemos hacer frente al enorme fomento de la política agraria común que impulsa el regadío «per se». No se entiende cómo se están plantando centenares de miles de hectáreas de olivar y de viñedo en regadío, cuando son cultivos de secano. O en plena meseta se está cultivando arroz, cuando es una planta monzónica. Es como si cultivásemos naranjos en Suecia. Si a ello añadimos la locura urbanística de la última década, sobre todo en el Mediterráneo, donde se ha fomentado la urbanización de llanuras de inundación...