Tras la tenue pista de Roberto Bolaño

El escritor chileno ganó en los noventa dos premios en Gipuzkoa pero apenas dejó huella. El Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona le dedica una exposición en el décimo aniversario de su muerte

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.
Roberto Bolaño, en la presentación en Madrid de su novela 'Amberes', unos meses antes de su fallecimiento. ::                             JULIÁN MARTÍN / EFE/
Roberto Bolaño, en la presentación en Madrid de su novela 'Amberes', unos meses antes de su fallecimiento. :: JULIÁN MARTÍN / EFE

El 25 de enero de 1997, un por entonces aún desconocido Roberto Bolaño ganó el Premio Ciudad de San Sebastián de relatos con el cuento 'Sensini'. Buena parte de este texto se centra en el intercambio epistolar entre un joven escritor afincado en Gerona y un autor argentino de 67 años, veterano especialista en el arte de ganar concursos de relatos literarios convocados por ayuntamientos, diputaciones y todo tipo de entidades, una estrategia como otra cualquiera de generarse unos ingresos extras. El problema de Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003) con 'Sensini' es que cuando presentó su relato al certamen donostiarra ya lo tenía comprometido con el editor Jorge Herralde, responsable del sello Anagrama, como parte de su primera antología de cuentos cortos, 'Llamadas telefónicas'.

En la exposición que el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) dedica hasta el próximo 30 de junio al escritor chileno en el décimo aniversario de su muerte y en el sesenta de su nacimiento -aunque este último dato haya pasado más desapercibido-, ocupa un lugar destacado la carta que el propio Bolaño envió a Herralde, en un intento de explicar lo inexplicable. En su carta, el autor de 'Los detectives salvajes' o '2666' llega a prometerle al editor dos relatos para compensar la obligada renuncia a publicar 'Sensini', dado que el copyright había pasado a manos de Kutxa, entidad convocante del concurso. Bolaño, que se había embolsado las 700.000 pesetas con que estaba dotado el premio, confiesa su culpa ante Herralde sin renunciar a dar, a la vez, rienda suelta a la envolvente prosa de un embaucador: «Te estarás preguntando por qué coño no participo con cuentos que no tenga comprometidos. Buena pregunta. Hay dos respuestas. Primera: no sé si recuerdas que uno de los argumentos de 'Sensini' era el de los concursos literarios. La tentación de enviar el cuento a un concurso literario de verdad y de ganármelo, tal como pasa en el cuento, era excesiva. La segunda: no creí que me lo ganaría». Y añade con desparpajo: «En fin, como dicen los franceses cuando están subiendo por una escalera: pardon, pardon, merci, merci, pardon, pardon, pardon, merci, merci, pardon».

Finalmente, el cuento se incluyó en 'Llamadas telefónicas' con una nota al pie de la última página que daba cuenta del galardón donostiarra. Y a juicio de Enrique Vila-Matas, se trata «sin duda del mejor relato del libro», según el texto incluido en el catálogo de la exposición del CCCB. Y aunque carecía de dedicatoria, el propio Vila-Matas considera «obvio que era el relato más dedicado de todos, pues estaba pensado para el gran Antonio Di Benedetto, participante como una sombra en España, en su solitaria etapa final, en concursos literarios de provincias».

Sin embargo, al jurado del concurso de Kutxa -en suspenso el pasado año a causa de la crisis- le cabe el orgullo de ser el primero en haber apreciado las virtudes de un Bolaño cuya fama si bien ya creció a partir de entonces, se convirtió en una suerte de mito tras su fallecimiento. Aquel jurado estaba compuesto por Raúl Guerra Garrido, Álvaro Bermejo, Antxon Obeso, José María Mendiola y José Manuel Costas. «La obra ganadora contrasta con la espectacularidad de los demás finalistas, aunque podría haber ganado cualquiera. Hemos percibido una fuerte carga fantástica y erótica, con evidentes influencias de Borges y Cortázar, como en el cuento premiado», declaró entonces a la prensa el autor de 'Lectura insólita de El Capital'.

Fue, sin embargo, Álvaro Bermejo quien defendió con más ardor el cuento de Bolaño en las deliberaciones que tuvieron lugar en el seno de aquel jurado. «Es un poco incorrecto decirlo, pero la mayoría del jurado se oponía a premiarlo, y de hecho, fui yo el que más lo defendió. Recuerdo la batalla que supuso», rememora el escritor donostiarra y Raúl Guerra Garrido refrenda su versión. ¿Los motivos? «Lo encontraba muy fresco, original y con una voz muy potente, muy llena de literatura -afirma Bermejo-. A veces me equivoco, pero aquella vez acerté y eso que el cuento tampoco es de lo mejor de su producción».

El autor de 'El amante de Nefertiti' se congratula de su buen olfato: «Lo que vino después confirmó su estilo propio, con todos sus matices: la amargura, esa especie de desgarro interior, su sinceridad y la sinceridad de su voz, que quizás fue lo que más me llamó la atención en su momento porque es lo que más valoro en un escritor». No obstante, confiesa que la obra de Bolaño no figura entre sus lecturas de cabecera. Curiosamente, tampoco entre las de Guerra Garrido, aunque «mi mujer es una forofa devoradora de sus libros y al final me entran unos ciertos celos», bromea.

En cualquier caso, no hubo ocasión de conocer al autor en persona ya que el 24 de enero de 1998, fecha de la entrega de los galardones a los premiados el año anterior, Bolaño no pudo acudir al acto. En su lugar, recogió la distinción Julia Otxoa. «Estaba mal del hígado y no pudo venir. Para mí fue un honor recoger el premio en su nombre. Además, se da la circunstancia de que en ese cuento aparece una novela titulada 'Ugarte'.' ¡Qué círculo mágico!', comentamos en su momento», recuerda la escritora, compañera del escultor Ricardo Ugarte. Precisamente, Ugarte era el diseñador de la estatuilla del Premio, «una recreación del barco que aparece en el escudo de San Sebastián», y quien se encargó de embalarla para su envío al domicilio gerundense del escritor chileno. Lo cierto es que Otxoa no acierta a recordar el motivo por el que le tocó representar a Bolaño en la entrega de premios: «Supongo que debido a que formaba parte del jurado del galardón de poesía porque no tenía amistad con él, aunque ya me hubiera gustado. Creo que llegamos a hablar una vez por teléfono». Tampoco la escritora donostiarra se cuenta entre sus fans: «La verdad es que no le he seguido. Estas cosas son muy subjetivas, lo mismo dentro de tres año me lo leo todo, pero estoy por otros autores, más en mi línea, de microrrelatos y ensayos».

Y aunque, tal y como señala Guerra Garrido, «la carrera de Bolaño salió disparada tras este premio», Bermejo cree que «no tuvo un comportamiento recíproco. Al parecer, en alguna ocasión, no sé si por parte de Kutxa o de alguna publicación donostiarra, se le pidió alguna colaboración -o quizás que se le invitó a formar parte del jurado- y nunca respondió». Respecto al pequeño desencuentro que el premio provocó entre escritor y editor, Bermejo sentencia: «Así es Herralde y así era Bolaño: al fin y al cabo, tal para cual».

No obstante, aquélla no fue la primera vez en la que Bolaño se llevaba un reconocimiento guipuzcoano en forma de premio literario. Y en aquella ocasión, sí que acudió en persona a recogerlo. Fue el Ciudad de Irun en la categoría de poesía en castellano del año 94. El jurado compuesto por Francisca Aguirre, Antonio Colinas, Ángel García Ronda, Félix Grande y Pepe Hierro galardonaron su poemario 'Los perros románticos', un libro hoy en día agotado en la edición de Kutxa, pero recogido íntegramente en la miscelánea de textos recopilados en 'La universidad desconocida' (Ed. Anagrama). Sin embargo, su paso por Irun no parece que dejó honda huella. García Ronda reconoce que sus únicos recuerdos de Bolaño se reducen a que «era alguien relativamente oscuro, con gafas, de complexión normal y sin grandes excentricidades». Para la pequeña historia del certamen queda la fotografía del escritor el 4 de noviembre de 1995, junto a los galardonados en otras categorías en la edición del año anterior.

'Los perros románticos' reúne casi medio centenar de composiciones en las que ya están presentes buena parte de las constantes formales y temáticas que caracterizan la obra de Bolaño. Dividido en cinco apartados, la segunda anticipa algunas de sus futuras novelas: «Soñé con detectives helados, detectives latinoamericanos / que intentaban mantener los ojos abiertos / en medio del sueño. / Soñé con crímenes horribles / y con tipos cuidadosos / que procuraban no pisar los charcos de sangre / y al mismo tiempo abarcar con una sola mirada / el escenario del crimen. /Soñé con detectives perdidos / en el espejo convexo de los Arnolfini: / nuestra época, nuestras perspectivas, / nuestros modelos del Espanto». Quien quiera verlas podrá detectar alguna vaga referencia a '2666' o a 'Los detectives salvajes'».

Lo curioso es que, tal y como ha apuntado Jorge Herralde, «Roberto Bolaño se consideró siempre un poeta. Sólo empezó a escribir narrativa a raíz del nacimiento de su hijo Lautaro, a quien idolatraba, hacia 1990. Pensó que, obviamente, sólo con la poesía no podía soñar con alimentar a su familia, y apenas con la prosa». Y el editor cierra el círculo al señalar que «sus acrobacias de supervivencia en los primeros 90, presentándose a toda suerte de premios municipales, 'premios búfalo' imprescindibles para el escritor piel roja, son el tema de su cuento 'Sensini' dedicado al escritor argentino Antonio Di Benedetto, exiliado en España, quien le enseñó las tretas de ese arte menor».