Los afectados por desahucios sufren colapso emocional y estrés postraumático

Un estudio compara las sensaciones que padecen con una «montaña rusa a oscuras»

DVSAN SEBASTIÁN.

Los afectados por un desahucio pueden sufrir un colapso emocional y desarrollan al final del proceso una situación de estrés postraumático similar a la que viven las personas que han padecido un accidente de tráfico, según un estudio elaborado por la escuela de negocios Esade en colaboración con Cáritas.

El estudio se basa en entrevistas en profundidad a ocho desahuciados y analiza las distintas sensaciones y emociones que han vivido desde que compraron su casa hasta que la perdieron por impago. A lo largo del proceso, el afectado pasa de la alegría por haber adquirido una vivienda al pánico y el sobresalto provocado cuando las cosas empiezan a ir mal, pasando por la rabia y la pena en el momento de dar la casa al banco, hasta llegar a una situación de temor y miedo al pasar a vivir en un centro de acogida.

Según indicó ayer el director del estudio, Juan Ramis-Pujol, en el camino hacia el desahucio hay tres etapas. En una primera fase, un aumento de las cuotas hipotecarias, el anuncio de recortes en la empresa en la que se trabaja, la primera baja laboral, una disminución de la facturación del negocio o una separación matrimonial con un impacto económico son «eventos emocionales críticos desencadenantes» de la situación de estrés.

En un segundo nivel, de mayor gravedad, se enmarcan situaciones como tener un accidente laboral, padecer una enfermedad grave, perder el trabajo, tener cláusulas abusivas en la hipoteca, no recibir ninguna ayuda y sufrir una precariedad laboral continuada. Ante estas circunstancias, los afectados entran en un periodo de gran inestabilidad y empiezan a reaccionar sin tener objetivos claros.

Pero lo peor está por llegar. Los eventos emocionales que paralizan a los afectados y los llevan al colapso emocional son: no poder pagar la cuota de la hipoteca, la presión del banco, las cartas del juzgado, la acumulación de enfermedades, la imposibilidad de encontrar trabajo y no tener domicilio fijo.

Juan Ramis-Pujol comparó estas etapas con «una montaña rusa a oscuras» en la que las emociones se van sucediendo de una manera intensa e inesperada. En este sentido, señaló que los afectados suelen pedir ayuda demasiado tarde, cuando ya están en colapso emocional.

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