Las miserias de la moda

Adicciones, depresiones, drogas, homicidios, abusos sexuales... La trastienda del diseño ensombrece a modistos y modelos con un rosario de tragedias

LUIS GÓMEZ

La muerte de Manuel Mota, fallecido la semana pasada con un cuchillo clavado en el pecho, ha destapado las sombras que envuelven el mundo de la moda. El trágico suceso forma parte de la crónica negra de un negocio en el que afloran las depresiones, suicidios, orgías sexuales... Y hasta asesinatos. Un chapero quitó la vida hace 15 años a Gianni Versace a las puertas de su mansión de Miami, cuando el diseñador volvía de comprar el periódico a primera hora de la mañana. El homicida le descerrajó dos tiros en la nuca. Las primeras pesquisas policiales apuntaron a la mafia. La Cosa Nostra había puesto precio en varias ocasiones a la cabeza de Versace. Andrew Cucanan segó los deseos de este amante del arte que soñaba con viajar al espacio y pisar la luna.

De las desgracias no se libran, pues, ni los prestigiosos diseñadores ni las top más cotizadas. Conforman la trastienda de una poderosa industria que tritura todo tipo de carreras humanas hasta convertir a sus protagonistas en muñecos rotos. La presión que ejerce sobre los creadores es bestial. A quien baja el pistón le ponen de patitas en la calle. Los ejemplos se han sucedido en las últimas temporadas: Pilati, Alessandra Facchinetti, Theyskens...

De ahí que no sorprenda el elevado número de modistos que encuentran abrigo en las drogas y el alcohol. Calvin Klein, que levantó en los ochenta un emporio con su estilo andrógino, fue un habitual de las clínicas de desintoxicación. Exadicto al vodka y el valium, se hizo famoso por repetir la misma frase tras concluir las terapias: «Este es el primero año de mi segunda vida. Me siento como si hubiera vuelto a nacer». Así hasta la siguiente recaída. El paso del tiempo ha atemperado los excesos de un diseñador que cayó en barrena cuando interrumpió un partido de la NBA al saltar a la cancha totalmente ebrio.

Coca

Poco le faltó a Marc Jacobs para acabar también como una piltrafa, pese a su descomunal éxito. En 2007 tomó una decisión crucial para su vida y la de Louis Vuitton, a la que ha convertido en la marca más copiada. Ingresó de nuevo en un centro de rehabilitación al recaer después de permanecer siete años sobrio y mantener a raya su adicción a la cocaína. Algo que no logró Galliano, al que Dior despidió por injurias racistas. Pese a su talento, el diario francés 'Le Parisien' reveló que el alcoholismo llevó al genial creador gibraltareño a desatender sus compromisos profesionales y ausentarse de forma injustificada en los ensayos de los desfiles.

Peor suerte corrieron Alexander McQueen y Christophe Decarnin. El primero se ahorcó tras ingerir un cóctel de cocaína, tranquilizantes y somníferos. «El equilibrio de su mente estaba trastornado», confesó el forense. El modisto británico vivía presionado por su trabajo, según su psiquiatra, Stephen Pereira. «Tras sus desfiles se sentía inmensamente solo y a la muerte de su madre sintió que su única conexión con la vida se había ido para siempre». De nada le sirvió a Decarnin resucitar la mítica firma Balmain. Tras cinco años de gloria, acabó «mentalmente exhausto». Sus jefes jamás dieron pistas sobre su paradero tras mandarlo al paro en abril de 2011. El diseñador que nació en un balneario acabó en un centro psiquiátrico. Nada más se supo de él. De Isabella Blow se conoce su trágico final. La cazatalentos británica famosa por sus extravagantes sombreros se quitó la vida tras diagnosticarle un cáncer de ovarios. Asistente de Anna Wintour, la tendencia a la depresión marcó su vida. «La idea del suicidio siempre formó parte de su personalidad, tanto como mejorar la vida de los demás a través de la creatividad», remarcó el diseñador Zac Posen.

Tampoco todo es lujo y esplendor en el universo de las modelos. Muchas han conocido el descenso a los infiernos. Algunas sobreviven de milagro. Como Lara Stone, la top de los dientes separados. En 2009 confesó que ir a un centro de rehabilitación fue la mejor decisión que había tomado nunca. «Me era tan fácil decirle a alguien 'tráeme una botella de vodka'». Antes de convertirse en una de las musas de Karl Lagerfeld «ya había probado de todo, pero nunca quise ser la típica modelo drogadicta que se arrancaría la cabeza por una raya de coca». En 'Lo que las modelos callan', Christine Hart, que se codeó con las tops de los noventa, advierte sobre los peligros de esta profesión. Relata el desmayo de una joven al descubrir en el interior de su vagina «varios condones recubiertos de semen y flujo que habían estado almacenados 24 horas».

La exmaniquí española de origen alemán cuenta que la víctima solo recordaba que la noche anterior se la había pasado bebiendo y fumando porros con un fotógrafo. Hart reconoce que estuvo a punto de titular el libro «Desfilar para Gadafi», pero que su marido se lo prohibió por el bien de «nuestros hijos». «La agencia que le representaba, Traffic, envió a 15 chicas para desfilar en la embajada española y promocionar la moda occidental, pero la realidad fue distinta. «Nos llevaron al desierto, nos pusieron pelucas y nos encerraron en un búnker. Tuvimos que desfilar para Gadafi». Dice que nunca había pasado tanto miedo. «No tuvimos ningún tipo de protección. Nos podían haber violado, vendido...»

Orgías sexuales

Tras trabajar diez años en Nueva York, Milán y París, sabe de lo que habla. Vio más de los que hubiera deseado. Muchas modelos, asegura, se «metían cocaína» para perder el apetito y adelgazar para entrar en una talla 34. La rivalidad es tal que ha conocido a chicas que ponían «metales en la crema para la cara de otras para que les salieran heridas». Nada comparado con lo que sufrió Karen Mulder. La exmodelo holandesa escandalizó al mundo de la moda hace una década al acusar a Alberto de Mónaco y otros ejecutivos de la famosa agencia Elite de intentar violarla. También confesó a la Policía que desde niña fue objeto de abusos sexuales por parte de su padre y que las pesadillas se reavivaron a los 17 años cuando la obligaron a participar en orgías sexuales con ancianos millonarios. Necesitó ayuda psiquiátrica tras intentar suicidarse.

A finales de 1999, la BBC emitió un reportaje en el que supuestamente altos ejecutivos de esta firma pedían favores sexuales a una joven. «Lo que se decía de Elite era cierto», corroboró la top Laetitia Casta. «La droga, el dinero y la prostitución están a la orden del día. En el oficio del modelaje se mueven muchos buitres». Y, por lo que cuentan muchos de sus desgraciados protagonistas, demasiadas miserias.

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