Toallitas higiénicas atascan la red de saneamiento del Añarbe

La fibra textil con la que están fabricadas ha dañado los filtros de retención de las estaciones de bombeo. Los vertidos provienen de una residencia de ancianos de Errenteria

FERNANDO SEGURASAN SEBASTIÁN.
Trituradora inglesa. La maquinaria adquirida especialmente para evitar la obturación de los filtros tampoco resultó eficaz./
Trituradora inglesa. La maquinaria adquirida especialmente para evitar la obturación de los filtros tampoco resultó eficaz.

No hay que fiarse del aspecto inofensivo de las toallitas de higiene personal. Una sola es inocua, pero a cientos provocan desastres como los que se muestran en las fotografías que acompañan a esta información, tomadas en la estación de bombeo de Errenteria.

Los operarios de la Mancomunidad de Aguas del Añarbe se han encontrado en los últimos meses con monumentales atascos en los filtros de las instalaciones de saneamiento. Rastrearon la red y dieron con el origen: una residencia de ancianos de Errenteria.

Los pañuelos enjabonados usados para el aseo de los mayores se arrojaban posteriormente por el váter, en lugar de depositarlos en su contenedor correspondiente. El centro ya ha sido apercibido, así que se supone que el problema no se repetirá.

En las tuberías de saneamiento suele resultar habitual recoger vertidos indeseados, como bastoncillos para la higiene de los oídos, compresas o preservativos, pero nunca se había dado el caso de que un solo producto colapsara las estaciones. Y es que las toallitas resultan más dañinas de lo que parece. No son de papel, están elaboradas con una base de material textil (algodón), impregnado de jabones o cremas. A su paso por las bombas y filtros de retención, se deshilachan y acaban destrozando la maquinaria.

«Alarmante»

Los responsables de la Mancomunidad explican que el problema se detectó en un primer momento, «con proporciones absolutamente alarmantes», en la central de bombeo de Errenteria. La instalación venía sufriendo numerosas interrupciones en el funcionamiento de sus potentes bombas. Estos atascos originaron vertidos al río Oiartzun, así como costosas operaciones de extracción y limpieza de la maquinaria (foto pequeña). En un principio se desconocía que se trataba de toallitas, dado que tras su paso por los filtros solo se percibía una pasta textil deshilachada.

La alta concentración de este material provocó dos decisiones: investigar el origen del vertido y comprar un potente triturador que evitara los atascos.

Adquirido este último, una empresa especializada lo colocó en la estación de bombeo con carácter experimental. Se trataba de un dilacerador compuesto de cilindros verticales dotados con discos cortantes accionados por potentes motores eléctricos.

El pasmo entre los técnicos fue mayúsculo cuando vieron que las hebras algodonosas colapsaban la trituradora. El informe de la Mancomunidad no deja lugar a dudas: «De forma absolutamente sorprendente e inusitada el equipo dilacerador sufrió también atascos de tal magnitud que originaron, en primer lugar, su parada y atoramiento y, posteriormente, la deformación y rotura de unos de sus ejes». (Foto grande).

El equipo hubo de ser retirado y devuelto a la empresa que lo había puesto a disposición del Añarbe. Posteriormente, fue enviado a Inglaterra (casa matriz) para su reparación donde, según indica el informe de la Mancomunidad «ha causado asombro su rotura».

Derrotado y exiliado el dilacerador, la única solución factible era encontrar el punto de salida del ejército de pañuelos enjabonados.

Se comenzó a inspeccionar la red aguas arriba a la estación de bombeo de Errenteria. El primer punto fue la central de Iztieta, en la misma localidad. En esta instalación se constató una «extraordinaria, por no decir increíble», acumulación de toallitas. Esta central no dispone de trituradoras potentes, de forma que los pañuelos eran fácilmente reconocibles.

Se había logrado dar respuesta a la primera parte del enigma. Los residuos textiles que atascaban la trituradora de la central de Errenteria eran los restos de las toallitas procedentes de Iztieta.

Pero, todavía quedaba por localizar el punto cero del vertido. Así que los operarios siguieron rastreando la red aguas arriba. Se disponía de una pista. Este tipo de toallitas se utiliza especialmente para la higiene personal de ancianos, enfermos encamados y bebés.

Geriátricos y guarderías

La investigación se encaminó a localizar residencias o guarderías cuya red de saneamiento desembocara en la central de Iztieta. Finalmente, según se narra en el informe de la Mancomunidad, la inspección «permitió localizar un claro punto de vertido del material algodonoso causante del problema. Tal y como se sospechaba, no era otro que la arqueta de acometida de una residencia de ancianos, que cuenta con 124 plazas».

La colocación de una simple rejilla de retención en el conducto de salida del pozo de registro del geriátrico permitió comprobar cómo, en unas pocas horas, se producía el atasco parcial a causa de la acumulación de toallitas.

La Mancomunidad del Añarbe recuerda que el artículo 19 del Reglamento de Saneamiento califica como falta «muy grave» este tipo de vertidos. La infracción puede llevar aparejada una sanción de entre 60.000 y 300.000 euros.

La entidad añade que este tipo de productos, una vez utilizados, deben ser desechados mediante su depósito en el apartado correspondiente de la basura domiciliaria, al constituir un residuo sólido urbano. Por tanto, el Añarbe recalca que «en modo alguno deben ser arrojados por el inodoro o cualquier otro vertedero conectado a la red pública de saneamiento».