Tabakalera: por sus obras la conoceréis

La fotógrafa Idoia Unzurrunzaga documenta el proceso de transformación de la antigua fábrica. El proyecto recoge los cambios en el edificio durante los trabajos para su rehabilitación arquitectónica

ALBERTO MOYANOSAN SEBASTIÁN.
Preparativos. La fotógrafa, durante su trabajo en Tabakalera. ::                             USOZ/
Preparativos. La fotógrafa, durante su trabajo en Tabakalera. :: USOZ

Cada quince días aproximadamente y desde hace algo más de un año, la fotógrafa Idoia Unzurrunzaga (Donostia, 1968) acude a Tabakalera poco antes del amanecer y, pertrechada de casco y chaleco reflectante, planta el trípode en un lateral de la fachada de la antigua fábrica de tabacos e inmortaliza el estado en el que en ese momento se encuentra el edificio. Posteriormente, repite la operación desde el edificio de Capuchinos, una vivienda de la torre de Atocha y varios puntos del interior de la propia construcción, que en la actualidad se encuentra inmersa en las obras que habrán de convertir el viejo edificio fabril en un moderno centro de cultura internacional. El objetivo de este trabajo es documentar este proceso de destrucción y reconstrucción para la creación de un archivo que conservará la memoria de lo que la Tabakalera fue y será.

Unzurrunzaga, que ya trabajó para el Centro Internacional de Cultura Contemporánea (CICC) en 2007, a las órdenes de Joxean Muñoz, en la realización de imágenes de promoción del centro que aún permanecen colgadas en la web, comenzó a trabajar en este proyecto a la vez que arrancaban las obras de rehabilitación, de acuerdo con el proyecto 'Tres en raya' de los arquitectos Joaquín y Naiara Montero. «Hubo una fase previa a la demolición que consistió en desmantelar todos los elementos de la antigua fábrica y ése fue el inicio del reportaje. Eran imágenes puntuales: retirada del suelo, cambio del cableado eléctrico, demolición del silo, eliminación de las baldosas... hasta dejar el edificio en el esqueleto, tal y como está ahora, para retomar luego las pautas del proyecto arquitectónico», explica la fotógrafa. «La arquitecta del CICC, Amaya El Busto, me explicó el proyecto, planta a planta, y supe que iba a poder colaborar a lo largo de varios años. Entonces, pensé en cómo conseguir algo que gráficamente mostrara la enorme transformación que iba a sufrir el edificio. Y así, establecí unos parámetros, con cuatro puntos de vista fijos en el exterior y otra decena en el interior».

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