El mapa electoral se equilibra en Gipuzkoa entre EH Bildu y PNV

Los jeltzales ganan en Donostia, Tolosa, Beasain, Orio, Zarautz, Zumaia, Azkoitia, Legazpi, Urretxu y Mendaro. La coalición ha podido sufrir el desgaste de su falta de respuesta ante la crisis económica y la extensión del PaP

FERNANDO SEGURASAN SEBASTIÁN.
Veinte de los veintiún parlamentarios electos de EH Bildu. ::                             MICHELE                            NA/
Veinte de los veintiún parlamentarios electos de EH Bildu. :: MICHELE NA

La gestión sí importa. Los 15.595 votos que ha perdido Bildu en Gipuzkoa respecto a las pasadas elecciones generales y los 5.000 en relación a las forales y municipales reflejan un desgaste importante al frente de la Diputación y de los ayuntamientos que gobierna. Contra todo pronóstico, los jeltzales han acortado terreno en un tiempo récord. Con los colmillos afilados tras estos buenos resultados, el PNV no va a dar tregua a Bildu en los dos años y medio que quedan de legislatura foral y municipal.

Las elecciones autonómicas tienen sus propias claves y, por tanto, no se puede trasladar miméticamente el resultado de unos comicios a otros. Ahora bien, los votos emitidos el domingo permiten apreciar algunos cambios de tendencia.

En este sentido, destaca la modificación del 'mapa' de Gipuzkoa. Tras los comicios de mayo de 2011, el territorio pintaba casi monocolor. La victoria de Bildu fue arrolladora: 56 municipios, frente a cinco del PNV y cuatro del PSE.

El domingo pasado el dibujo cambió, aunque no radicalmente. El PNV ganó a Bildu en diez localidades gobernadas por la coalición y no precisamente de escasa entidad: Tolosa, Zarautz, Beasain, Azkoitia, Urretxu, Legazpi, Zumaia, Orio y Mendaro. A todas ellas hay que sumar la capital, donde Bildu pasa a ser tercera fuerza, por detrás del PNV y del PSE.

Los jeltzales, además, han sacado más votos que el partido o la plataforma gobernante en Idiazabal (Izal Bai), Albiztur (Aralar) y Eibar (PSE). Al tiempo que retiene Hondarribia, Elgoibar y Urnieta.

Bildu, pese al zarpazo jeltzale, conserva una fuerza municipal incontestable, tanto en pequeñas localidades rurales como en municipios potentes. En feudos como Pasaialdea (Pasaia, Lezo, Oairtzun) mantiene el tipo, al igual que en Hernani, Arrasate o Bergara.

En este duelo entre Bildu y el PNV, socialistas y populares han quedado fuera de foco. El voto útil ha ido a parar al PNV, tal y como ha reconocido el propio Egibar. Ambas formaciones han visto descender sus votos, especialmente el PP.

Crisis económica

Las líneas que marcan los últimos comicios indican que el plus de adhesiones que recibió Bildu en mayo de 2011, tras el cese de la violencia y su legalización en el último minuto, parece que se ha atemperado. Año y medio después de su apabullante victoria, una parte significativa de aquellos votantes le ha retirado su apoyo, seguramente ante la percepción de que Bildu carece de una estrategia para resolver los problemas del día a día. Ha quedado claro que la apuesta por la independencia y la desaparición de ETA ya ha dado todos los réditos que tenían que dar. Ahora, los retos para el equipo de gobierno de Martin Garitano y para los alcaldes son más acuciantes, como afrontar una crisis económica inacabable.

La Diputación no ha respondido de la forma más adecuada a la sucesión de malos datos económicos y esta es una de las claves para entender la pérdida de votos de Bildu. Ante una Gipuzkoa castigada por el desempleo, el Gobierno foral se ha limitado a echar la culpa a los demás y a anunciar que apuesta por una «nueva política».

Más allá de algunas decisiones puntuales, tomadas más por la presión de la oposición que por su iniciativa, el equipo de Garitano se ha instalado en una actitud contemplativa. No hay que olvidar que el diputado general tardó un año en presentar su programa de gobierno, obligado por la oposición, cuando este documento resulta clave para definir las líneas maestras de la actividad económica del territorio.

Este cuestionado liderazgo ha ido acompañado de una imagen del Gobierno foral situado al frente de las manifestaciones, como si la responsabilidad institucional no fuera con ellos y, en una pirueta asombrosa, estuviera más cómodo ejerciendo de oposición de la oposición.

Bildu nada más llegar al poder disolvió Gipuzkoa Aurrera, la entidad público-privada creada con el respaldo de la Diputación y de Adegi, entre otros agentes económicos y sociales, para impulsar la economía. En su lugar, propuso una difusa alternativa de desarrollo comarcal de la que poco se ha sabido (Gipuzkoa Saretzen). La coalición ha demostrado su dificultad para quitarse complejos y entablar una relación fluida con los empresarios, cuando no cabe duda de que sin ellos salir de la crisis es imposible. A su vez, se ha mostrado renuente a presentar un plan anticrisis reclamado por las Juntas Generales.

La coalición se puede escudar en que la recesión es un problema heredado y global, pero otra cuestión que ha pasado factura a Bildu ha sido la gestión de los residuos, donde la institución foral es plenamente competente. El tema quedó resuelto en la pasada legislatura, pero la coalición decidió reabrirlo, metiendo a Gipuzkoa en un atolladero. La Diputación ha paralizado las obras de la incineradora, sin disponer de un plan alternativo viable desde el punto de vista técnico y económico.

Sin embargo, lo que verdaderamente ha preocupado a los guipuzcoanos ha sido la decisión de Bildu de extender el sistema de recogida puerta a puerta (PaP) a toda Gipuzkoa. La coalición creía que había hallado la panacea para resolver el problema, pero se ha encontrado con 70.000 firmas de ciudadanos que consideran que este sistema es sucio, caro y que atenta contra su intimidad.

«Desprecio»

La recogida de firmas ha puesto en un brete a la coalición. Una de las señas de identidad de la izquierda abertzale ha sido su apoyo a los procesos participativos. Sin embargo, las plataformas ciudadanas que han recopilado las firmas han criticado duramente la actitud de «desprecio» de los alcaldes ante la iniciativa de los vecinos.

Una parte importante de los guipuzcoanos rechaza el experimento con el PaP. La coalición deberá reflexionar si merece la pena que su paso por la Diputación se recuerde como la legislatura en la que se colapsaron los vertederos, se dejaron las arcas exhaustas por el pago de indemnizaciones y se llenaron las calles de postes donde colgar obligatoriamente la basura.

La actitud ante los peajes también ha podido pasar factura a la coalición. La izquierda abertzale defendió siempre la gratuidad de las autopistas. Sin embargo, tras llegar al poder, no solo no ha renunciado a los peajes, sino que ha avanzado la posibilidad de añadir el cobro de una viñeta como requisito previo para utilizar la red viaria.

Bildu ha intentado poner sordina a esta propuesta, pero desde el PNV se ha repetido una y otra vez que la coalición tiene un plan oculto de financiación que pasa por el citado doble cobro.

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