Descubren cerca de Roncesvalles la ciudad de Iturissa

Este enclave romano de hace 2.000 años estaba habitado por soldados vascones, auxiliares del ejército imperial

DVSAN SEBASTIÁN.

Los arqueólogos de la sociedad Aranzadi han encontrado en la localidad de Espinal, a cinco kiómetros de la colegiata de Roncesvalles, los restos de la ciudad romana de Iturissa. Estaba habitada hace dos mil años principalmente por soldados vascones que actuaban como auxiliares del ejército romano.

La ciudad estaba situada a mil metros de altura, en el centro de un gran hayedo y a un kilómetro escaso de la localidad de Burguete.

Ptolomeo (siglo II d.C.) mencionó este enclave, situándolo entre los vascones. Más tarde, apareció también citado en el Itinerario de Antonino, como una mansión de reposo en la vía que unía las ciudades de Astorga y Burdeos, y situada entre Pamplona y el Sumo Pirineo (denominación que podría corresponder con el alto de Ibañeta). Bastante más tarde, Iturissa también apareció citada en el Anónimo de Rávena, pero de una manera más inconcreta.

Distribuidos en una superficie que alcanza los 30.000 metros cuadrados, han emergido a la luz los cimientos de numerosos muros de construcciones públicas y privadas de la antigua ciudad romana.

Se trata de muros de un metro de ancho por dos y medio de profundidad y de pavimentos de las calles, que los arqueólogos han ido rescatando entre los árboles del bosque junto a numerosas piezas de cerámica, baldosas y objetos de hierro y bronce de los antiguos moradores de esta población, enclavada en la ruta que nacía en Zaragoza y se dirigía hacia las Galias.

El origen de las excavaciones, según comentó ayer Juantxo Agirre Mauleon, arquéologo coordinador de los trabajos y secretario de la sociedad de ciencias Aranzadi, fue el hallazgo de varios miliarios romanos en ese hayedo, que conservaban inscripciones latinas fechadas en los siglos III y IV de nuestra era.

Los miliarios eran piedras que se ponían al borde de1 las calzadas cada milla romana, es decir, cada 1.481 metros. En este caso, uno de los miliarios no tenía ninguna inscripción, pero los otros tenían epígrafes que podrán referirse a Constancio I, Cloro y Aureliano.

La excavación se ha llevado a cabo enmarcada en un programa de la Unión Europea. Han participado voluntarios internacionales de más de cincuenta años de edad.

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