El Bellas Artes aplica una técnica que permite a un ciego 'ver' un cuadro

Confiere texturas y un relieve de cinco milímetros a imágenes planas. La actividad educativa 'Arte para tocar' abarca a cinco cuadros de la colección permanente del museo bilbaíno

EFEBILBAO.
Un procedimiento químico da volumen a los cuadros. ::
                             EFE/
Un procedimiento químico da volumen a los cuadros. :: EFE

El Museo de Bellas Artes de Bilbao ha desarrollado una actividad educativa pionera que posibilita a las personas invidentes acceder al conocimiento de cinco de sus cuadros gracias a la aplicación de una técnica que permite la reproducción de las obras en relieve y su exploración a través del tacto.

Los responsables de la iniciativa 'Arte para tocar' presentaron ayer en Bilbao las características de la novedosa técnica aplicada y los cinco cuadros de la colección permanente del museo seleccionados para hacerlos accesibles a las personas con discapacidad visual.

Se trata de 'La Anunciación' de El Greco, 'San Sebastián curado por la santas mujeres' de José de Ribera, 'Lot y sus hijas' de Orazio Gentileschi, 'Mujer sentada con un niño en brazos' de Mary Cassatt y 'Lying figure in mirror' de Francis Bacon.

El director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, Javier Viar, enmarcó la iniciativa en el «interés» de los responsables de la pinacoteca por favorecer «la accesibilidad» a las obras de arte a las personas con discapacidad y explicó que en esta ocasión se ha contado con las nuevas tecnologías como «aliado» para conseguirlo.

Gracias a la innovación, se ha resuelto el problema de «cómo un ciego puede 'ver' un cuadro», se congratuló el responsable de Relaciones Institucionales en Bilbao de Iberdrola -patrocinador de la iniciativa-, Alfonso Menoyo.

La técnica que lo hace posible se llama Didú y ha sido desarrollada por la empresa Estudios Durero de Bilbao. Consiste en conferir texturas y un relieve de hasta cinco milímetros a imágenes planas.

Según explicó el informativo el director de la firma citada, Ander Soriano, el proceso se inicia con la toma de una fotografía de la imagen en muy alta resolución. Después, se seleccionan las texturas y volúmenes más idóneos para guiar a la persona invidente.

Los responsables de la iniciativa, en cuyo desarrollo se ha contado con la colaboración de la ONCE, efectúan un estudio de lo que el artista quiso transmitir con su obra para ser remarcado mediante texturas y relieve. A través de un procedimiento químico se consigue dar volumen a elementos inicialmente planos, sobre los que después se imprime la imagen real con los colores originales, en un tamaño de unos 80 x 120 centímetros, apropiado para que pueda ser recorrida y abarcada con las manos. La reproducción de las imágenes en color también permite su disfrute por parte de las personas sin problemas de visión, que, asimismo, pueden acercarse a ellas mediante el sentido del tacto.

Convencidos de que la iniciativa va a ser copiada en otros museos, los responsables de la actividad han explicado que los pormenores temáticos de las obras también quedan explicados a través de una audio-guía, especialmente desarrollada para dirigir la interpretación táctil de la pintura.