«Hay transportistas que tienen que robar gasoil para trabajar»

La crisis ha provocado un aumento de hurtos de combustible entre compañeros del sector. El sindicato Hiru reclama a ayuntamientos y diputaciones zonas seguras para aparcar

JAVIER GUILLENEASAN SEBASTIÁN.
Tapón de un depósito protegido con un candado. ::                             UNANUE/
Tapón de un depósito protegido con un candado. :: UNANUE

El aumento del precio del combustible, la falta de financiación y los impagos han convertido a la carretera en un lugar de trabajo donde impera la ley de la selva. Es un territorio en el que ha nacido la figura del camionero pirata, una persona desesperada que no encuentra más salida a sus problemas que robar gasoil a sus compañeros para poder hacer un viaje más. O eso o la ruina.

La crisis económica ha provocado un incremento de los robos de combustible en camiones. Es un delito que hasta hace poco se achacaba a bandas organizadas pero que ahora han comenzado a cometer transportistas acuciados por las deudas. Ya no solo se trata de grandes cantidades de gasoil destinadas al mercado negro, sino de pequeños hurtos para intentar sobrevivir. «Hay muchos desesperados que se ven obligados a robar para poder trabajar».

A falta de datos oficiales, Estitxu Ugarte, portavoz del sindicato de transportistas autónomos de Euskadi Hiru, señala que en los últimos tres años el robo de combustible «ha aumentado muchísimo». Este incremento es paralelo al del número de camioneros que hacen viajes «con billete de ida». «Hay gente que transporta una carga a precio tirado pero no tiene dinero para volver porque no puede pagarse el combustible. Cuando llega a su destino tiene que esperar a que le salga otro viaje y para poder hacerlo se ve obligado a robar gasoil. Los pequeños hurtos son cada vez más habituales», afirma Ugarte.

Vaciar un depósito de mil litros de combustible es sencillo. Basta con un tubo y la bomba de agua de una lavadora que se conecta a la misma batería del camión asaltado. En quince minutos el trasvase puede estar listo mientras el propietario del vehículo duerme en su cabina sin saber que acaba de perder 1.380 euros.

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