Olaran, arquitecto racionalista

Natural de Mondragón, desarrolló la estética y la arquitectura industrial en el País Vasco. Doctor arquitecto y doctor ingeniero, construyó muchas fábricas y talleres de estilo racionalista y elementos clásicos

KEPA OLIDENARRASATE.

Uno de los más brillantes exponentes de la arquitectura racionalista vasca y uno de los autores que más ha influido en el desarrollo de la estética y de la arquitectura industrial del País Vasco vino al mundo en Mondragón hace ahora un siglo. Ricardo Olaran Añibarro hubiera cumplido cien años el pasado 25 de mayo de no haber fallecido hace justamente 30 (murió en Donostia el 18 de abril de 1982).

A lo largo de su dilatada carrera profesional, Olaran construyó fábricas, hospitales y multitud de edificios para viviendas, tanto sociales como particulares. Fue autor, por ejemplo, del desaparecido almacén de Roneo en Musakola, y también cultivó la creación artística con el diseño del monumento alegórico-conceptual en memoria de Esteban de Garibay que hasta su derribo en 2004 se erguía en la avenida del mismo nombre.

Psiquiatras y empresarios

Ricardo Olaran Añibarro era hijo de Julio Olaran Jáuregui (médico psiquiatra e Inspector Médico de las Hermanas Hospitalarias) y de María Añibarro Resusta. Era hijo y nieto de psiquiatras. Su abuelo paterno, Severiano Olaran Galparsoro fue médico en Aretxabaleta. Su abuelo materno, Ricardo Añibarro Langara, médico psiquiatra, había estudiado psiquiatría en Montpellier, era buen conocedor del euskera y del francés y fue también Diputado General de Gipuzkoa.

Estudió el bachillerato en el Colegio de Marianistas de Vitoria. De familia de empresarios y médicos, sus inquietudes intelectuales y convicciones morales le llevarían por otros derroteros, estando siempre seguro de que uno debe ganarse la vida con su esfuerzo. Cursó estudios de arquitectura, primero en Barcelona, y luego en Madrid, donde los compaginó con los estudios de Ingeniería. Doctor Arquitecto y Doctor Ingeniero, obtuvo una gran formación en múltiples campos del saber humano. Acabados los estudios, instaló su despacho en Donostia y se casó a los 37 años de edad con Magdalena Mugica Echarte (Pamplona, 1924), con la que tuvo 11 hijos, afortunadamente hoy todos vivos. Uno de ellos, que lleva su mismo nombre, es también un gran arquitecto con despacho en San Sebastián.

Estudioso y lector infatigable, y poseedor de una gran cultura, sus máximas aficiones fueron la familia, la lectura, el estudio y la música. Su avidez por los estudios y el conocimiento fueron una constante en su vida.

Convencido de que la formación, la educación y la cultura eran la base de prosperidad de un país, luchó por que el suyo contara con una Universidad Pública. Así en 1963, junto con Manuel Agud Querol, Ignacio María Barriola Irigoyen, Carlos de Santamaría, Francisco Yarza y Luis Mitxelena, entre otras personalidades, participa con todo su esfuerzo y medios personales en la creación del Patronato Pro-estudios Superiores de Guipúzcoa, con la pretensión de conseguir una Universidad del País Vasco oficial y pública, que posibilitara el correcto desarrollo de la enseñanza superior.

Sus allegados destacan de él su «gran formación integral, sazonada de un espíritu crítico e independiente, una marcada sencillez en el comportamiento, un acusado sentido de la justicia social y una inteligencia privilegiada, además de ser a veces un poco despistado». Contaba con un «gran ingenio, un profundo sentido del humor, un extraordinario dominio de la palabra y una alta preocupación por la estética. Era ocurrente, sagaz, bromista, esteta, melómano y un lector infatigable en las diversas lenguas que dominaba (euskera, francés, inglés, alemán)».

Su espíritu cultivado y constructivo dejó una herencia vital a los suyos que resumen en una frase que repetía a menudo: «Hijos, aprended. Lo que enriquece en esta vida es sumar. restando, en el mejor de los casos te quedas a cero.».

Trayectoria profesional

Su destreza en el cálculo de estructuras, auxiliado con las simples reglas manuales de la época, no pasó desapercibido ni siquiera entre sus compañeros de profesión. Pero su espíritu independiente pronto se hizo notar, llevando su ejercicio profesional por la arquitectura en perfecta combinación con la ingeniería, lo que haría de sus obras un elemento distintivo.

Su gran formación como arquitecto y como ingeniero industrial constituyó una perfecta mezcla para abordar la construcción de importantes edificios exponentes de la arquitectura industrial de aquellos años, en los que además, la escasez de materiales era una constante. Esta dualidad ingeniería-arquitectura le llevó a aplicar en sus proyectos soluciones estructurales novedosas que permitían mayor amplitud en los espacios eliminando las barreras arquitectónicas que obstaculizaban el flujo natural de los usuarios en los edificios.

Este acusado dominio en el cálculo de estructuras, le permitió llevar a cabo obras muy significativas, que contrastaban por el logro de unos espacios diáfanos dotados de gran visibilidad (naves industriales, frontones, etc.).

Ricardo Olaran Añibarro fue uno de los exponentes del racionalismo en nuestro país, rompiendo con los moldes historicistas que se sustentaban desde el poder establecido y conservando así un historicismo atemporaly humanista.

Como seguidor de la Bauhaus, su gusto por la sencillez de líneas denotaba un espíritu renovador, contextualizando siempre los edificios en el paisaje.

Hospital de San Juan de Dios

Para completar su inquietud y formación, Olaran cursó especialización en arquitectura de hospitales, viajando por Francia, Inglaterra, Suecia y Estados Unidos, siendo pionero en la época. En 1948 llevaría a cabo el proyecto y la dirección del precioso edificio de estilo neoclásico destinado a la Clínica de San Juan de Dios, en el Alto de Errondo de San Sebastián, hoy ampliado en una planta. Olaran comenzó la construcción del Hospital Provincial de Gipuzkoa y realizó en 1969 la ampliación y reforma de la Clínica de San Ignacio.

Dada su doble faceta de arquitecto e ingeniero industrial, construyó innumerables fábricas y talleres en todo el País Vasco, en los que el estilo racionalista lo combinaba con elementos clásicos (pilastras con tratamiento clásico en los capiteles, arcos de medio punto.), humanizando los espacios de trabajo en un estilo armónico, donde funcionalidad, racionalismo y clasicismo se fusionan en un evidente buen gusto. En este aspecto podríamos destacar la gran cantidad de pabellones que realizó para Victorio Luzuriaga (desde 1943, edificios funcionales pero con evidente voluntad de estilo), Esteban Orbegozo S.A., Fundiciones Estanda, Muelles y Aceros Egusquia, Widia Ibérica, y Roneo-Unión Cerrajera. Esta última, lamentablemente derribada para levantar un complejo comercial en el barrio de Musakola, Arrasate, hacía gala de una técnica constructiva innovadora, con el empleo de vigas exteriores curvadas (arcos portantes sobre cubierta) para la que diseñó una elegante escalera de caracol, dotando al interior de un pabellón industrial de un elemento artístico y hasta voluptuoso. (foto escalera). Colaboró además con don José María Arizmendiarrieta en los inicios del cooperativismo, realizando para él diversos trabajos profesionales.

En 1960 diseñó 'gratis et amore', el monumento alegórico-conceptual en memoria de Esteban de Garibay, para interceder por el eterno descanso de su errante espíritu. Dicho monumento significaba una ruptura total con la escultura figurativa que se practicaba en la época y se inauguró el 18 de diciembre de 1960 como colofón de los actos conmemorativos que jalonaron la celebración del 700 aniversario de la fundación de la villa de Mondragón, villa natal del historiador Esteban de Garibay y del arquitecto Ricardo Olaran.

El proyecto incluía, además del monolito de corte modernista y de estilo rompedor para su época, un estanque que no se llegó a realizar nunca.

El monolito, construido en hormigón armado y recubierto con placas de mármol, tenía como eje una figura piramidal cortada que apuntaba al cielo, buscando el alma de Garibay. El estanque simbolizaría el remanso de paz que el pueblo de Mondragón le brindaba a su espíritu errante. Desgraciadamente, este monumento fue derribado en 2004, ya que de nada sirvieron ni la polémica desatada en prensa, ni la intermediación de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza.

Es una lástima que debido a la pérdida que se produjo del tejido industrial, la mayor parte de su obra haya sucumbido a la pala excavadora, aunque todavía hay alguna que resiste, como las oficinas de Luzuriaga, siempre gracias al empuje popular. Quizás sería este el momento, transcurridos ya 100 años desde su nacimiento, de reivindicar algún tipo de reconocimiento oficial, evitando, por ejemplo, que se siga procediendo al derribo de sus obras, recuperando el monumento a Esteban de Garibay, algo a lo que se comprometió el consistorio en su momento, o incluso dedicando una calle a su memoria. No estaría de más.

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