Victoria, fiesta y reivindicación

Euskal Herria vivió el mejor debut internacional con un justo triunfo ante Eslovaquia. Arrate Orueta, a pase de la realista Aintzane Encinas en un córner, marcó de cabeza en el minuto ocho

MIKEL MADINABEITIASAN SEBASTIÁN.
Alegría. Bergara, Zelaia, Orueta y Nabaskues celebran el tanto del triunfo. ::                             JOSÉ MARI LÓPEZ/
Alegría. Bergara, Zelaia, Orueta y Nabaskues celebran el tanto del triunfo. :: JOSÉ MARI LÓPEZ

La fiesta no pudo salir mejor. La selección de fútbol femenino de Euskal Herria vivió el mejor estreno internacional posible con un triunfo por la mínima ante Eslovaquia. La bilbotarra Arrate Orueta, a pase de Aintzane Encinas en un córner, cabeceó a gol nada más empezar el encuentro y encarriló la más que merecida victoria.

La fiesta comenzó desde primera hora de la mañana en los aledaños del estadio, siguió durante el partido y tuvo el mejor colofón con el triunfo. La afición vibró y animó de lo lindo desde las gradas. Sabían que era una oportunidad histórica y no la dejaron escapar.

Garbiñe Etxeberria e Iñigo Juaristi apostaron de entrada por un once compuesto por seis guipuzcoanas, cuatro de ellas realistas. El combinado vasco entró tan motivado que sólo tardó ocho minutos en marcar. Esa voracidad se llevó por delante a las eslovacas, incapaces de parar el ritmo brutal.

Euskal Herria acertó a la segunda, pero es que antes del descanso pudo ampliar su renta de la mano de Itsaso Nabaskues, que remató al palo, o Encinas, que no acertó en un mano a mano.

Lo cierto es que Eslovaquia tardó en asimilar lo que tenía que hacer. Pero cuando lo hizo se vio que es un conjunto bien armado, potente y con un ramillete de jugadoras interesantes.

Muchos cambios

El segundo tiempo fue algo menos intenso. Con todo, Euskal Herria llevó la iniciativa y mereció festejar algún tanto más por medio de Ainara Herrero, Gurutze Fernández y Nekane Díez.

No fue así y el duelo llegó con emoción hasta el último suspiro. El público, más entregado que nunca, no se merecía un castigo y Euskal Herria se afanó en defender su renta. Su merecida renta.

El partido, la fiesta, la reivindicación, demostró que este país tiene los mejores argumentos para luchar en el campo con la mayor dignidad posible. Seguro que la victoria ante Eslovaquia las colocará en el mapa. Ahora sólo se trata de seguir trabajando juntos para que este deporte siga sumando los máximos apoyos posibles. La gente salía de Anoeta feliz. Emocionada. Y pensando en medirse a Alemania o Brasil... ¿Por qué no?