La universidad en la que siempre es verano

Udako Euskal Unibertsitatea celebra sus 40 años con 40 cursos, la oferta más amplia de su historia. Aunque está activa todo el año, UEU cuida mucho su propuesta de verano, «porque es la que está en el origen de nuestra trayectoria»

NEREA AZURMENDISAN SEBASTIÁN.
Karmele Artetxe, directora de UEU, e Irati Iciar, directora de los Cursos de Verano. ::
                             FÉLIX MORQUECHO/
Karmele Artetxe, directora de UEU, e Irati Iciar, directora de los Cursos de Verano. :: FÉLIX MORQUECHO

Udako Euskal Unibertsitatea (UEU), la universidad vasca de verano que está activa todo el año pero que cuida con especial mimo su oferta estival, celebra su cuarenta cumpleaños con cuarenta cursos distribuidos en tres sedes (Eibar, Pamplona y Bayona) y cinco áreas (arte y música, ciencias sociales, ingeniería y tecnología, ciencias de la salud y ciencias). Como reconoce su directora, Karmele Artetxe, «en la medida en que está en el origen de nuestra trayectoria, la de verano es una oferta que cuidamos mucho, aunque el peso que tiene en el conjunto de nuestra actividad ya no es el que era».

De los orígenes de UEU sabe mucho, y lo sabe en primera persona, Joserra Etxebarria, director de publicaciones de Udako Euskal Unibertsitatea y, al igual que Karmele Artetxe, profesor de la UPV-EHU; lo fue de Física durante mucho tiempo, y ahora imparte clases de euskera técnico -campo en el que es una referencia de primer orden- en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Bilbao. Hace 40 años, él era uno de los jovencísimos profesores de la entonces llamada Universidad de Bilbao que buscaban caminos -alternativos, por supuesto- para acercar el euskera a la universidad. Etxebarria recuerda la «suma de factores» que, en 1972, propició el nacimiento de una universidad inspirada en la 'univertsitat d'estiu' que ya existía en Cataluña y que propuso como modelo un personaje clave en la incorporación del euskera a la ciencia, el pensador y matemático donostiarra Carlos Santamaría.

El respeto de los maestros

«Éramos profesores jóvenes, con las carreras recién acabadas y mucha ilusión, en un momento en el que, con fenónemos como las ikastolas, las campañas de alfabetización o la unificación de la lengua, el movimiento social a favor del euskera era impresionante y la universidad no podía quedar al margen», recuerda.

En pleno franquismo, dar forma a aquellas inquietudes no era fácil en Hegoalde, «pero en Iparralde había precedentes muy interesantes, como la semana cultural vasca de Bayona», que fue la que finalmente se reconvirtió en 1972 en 'universidad vasca de verano', gracias en gran medida al apoyo de los grandes nombres de la cultura vasca como Michelena, Laffitte, Villasante, Txillardegi, Haritschelar, el propio Santamaría...

Etxebarria recuerda que en 1973, en los primeros cursos que se organizaron bajo el amparo de Euskaltzaindia y con el patrocinio de Caja Laboral, participaron unas 80 personas. Él era uno de los profesores más jóvenes, y le impactó de manera muy especial la imagen y la actitud de «aquellos maestros, para mí unos monstruos, que impartían las clases principales. Nos daban la oportunidad de hablar a jóvenes que procedíamos de áreas muy distintas a las suyas y nos escuchaban con muchísimo respeto. Aquello nos daba seguridad, y nos hacía pensar que íbamos por el buen camino. Nos enseñaron muchas cosas, pero una de las cosas más importantes que yo aprendí fue lo importante que es escuchar».

En 1977 UEU dio el salto a Hegoalde, a Pamplona para ser exactos, y comenzaron los años en los que, como recuerda el escritor Pako Aristi en un blog en el que decenas de personas están volcando sus vivencias y recuerdos, «Udako Euskal Unibertsitatea solía ser un paraíso hedonista en medio del clima áspero, adusto e inmisericorde que imperaba en Euskal Herria». Más adelante, en 1985, UEU se 'desestacionalizó' y se abrió al público general, ofreciendo cursos y conferencias a lo largo de todo el año.

Esta universidad atípica en la medida en que la situación del euskera también lo es, que no expide titulaciones oficiales pero canaliza una parte significativa de la producción científica en euskera, no ha dejado de crecer, en grandísima medida gracias a las aportaciones de sus 1.200 socios, en todas las áreas en las que trabaja: la actividad académica propiamente dicha, las publicaciones, las nuevas tecnologías...

Ofertas complementarias

No ha dejado de crecer, y no ha dejado de cambiar, al igual que el entorno, pero mantiene sus características sustanciales, y no solo en lo que respecta a un nombre que, 40 años después del 'bautizo', refleja solo parcialmente su actividad. Sustancial e irrenunciable, su razón de ser, es su compromiso con el euskera. Karmele Artetxe reconoce que «la relación entre la universidad y el euskera ha cambiado. Antes eran universos paralelos, y poco a poco se han ido acercando, más en unas universidades que en otras». Admite que en la UPV/EHU, de la que es profesora esta doctora en Historia, «se ha hecho mucho camino», pero cree que «todavía hay muchísimo por hacer, y cosas que no podemos hacer en nuestras universidades las podemos desarrollar a través de UEU».

En ese sentido, Artetxe y Etxebarria coinciden al afirmar que UEU y las restantes universidades del País Vasco han ido dibujando un espacio en el que, con el euskera como zona de contacto, ocupan espacios complementarios. Ambos, como otros muchos miembros de UEU, compatibilizan su carrera docente e investigadora en la universidad pública vasca y las responsabilidades que tienen en «la única 'euskal unibertsitatea'».

Otra «característica histórica» que prácticamente está inscrita en los genes de UEU es «la participación y la implicación de los socios», herencia de los tiempos «en los que todos teníamos que aportar lo que sabíamos, porque nadie venía a enseñarnos de arriba», y que, entre otras cosas, estimula el relevo generacional «porque motiva mucho a los jóvenes».

Joserra Etxebarria vio como los «viejos maestros» daban paso a las nuevas generaciones con respeto y naturalidad. El primer contacto de Karmele Artetxe con UEU tuvo también mucho que ver con esa marca de la casa: siendo estudiante, fue a acompañar a una amiga y acabaron encargándole una conferencia. «El profesor sabe que es profesor, y el estudiante sabe que es estudiante -destaca-, pero en UEU esa dicotomía es mucho más difusa que en otras universidades».

Elemento clave

El carácter participativo no solo es un elemento clave en el aspecto académico. Lo es también en el organizativo, especialmente en circunstancias tan complicadas como las actuales. Karmele Artetxe pone un ejemplo meridianamente claro: «Desde la perspectiva de la rentabilidad, con una visión mercantilista, organizar los cursos en tres sedes no tiene ningún sentido, pero nosotros seguimos haciéndolo desde el convencimiento, porque sabemos que si nos vamos de Bayona y de Pamplona nadie realizaría esa oferta y quedarían como espacios periféricos, que no lo son. Y lo hacemos gracias a la implicación de la gente. Mucho tendrían que empeorar las cosas para que nos vayamos de Iparralde y de Navarra...».

Las cosas, desde luego, han empeorado desde el punto de vista económico. Las convocatorias a las que UEU acudía para conseguir recursos para sus proyectos se han visto reducidas o, directamente, han desaparecido. La desaparición que más les ha afectado, en cualquier caso, es la de «una ayuda nominal que no iba a proyectos concretos, sino para nuestro funcionamiento», cuya pérdida «ha golpeado directamente a los cursos de verano».

«Yo siempre les digo a los jóvenes -apunta Joserra Etxebarria-, que si no hay dinero hay que arreglarse con lo que hay, que venimos de situaciones peores... En estos momentos se activan valores como el voluntariado, y eso en Udako Euskal Unibertsitatea sigue funcionando». De momento, esa 'activación' se ha reflejado en una oferta de cursos muy amplia que espera una respuesta que esté a la altura. Algunos ya están completos. En otros siguen quedando plazas.

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