Reconocimiento al padre de Eresbil

José Luis Ansorena recibió ayer el Premio Manuel Lekuona de Eusko Ikaskuntza. Estos últimos años se ha dedicado a digitalizar las melodías recogidas por R.M. Azkue

FELIX IBARGUTXISAN SEBASTIÁN.
José Luis Ansorena, a la izquierda, recoge el Premio Manuel Lekuona de manos del presidente de Eusko Ikaskuntza, José María Muñoa, en presencia de Garitano. ::                             LUSA/
José Luis Ansorena, a la izquierda, recoge el Premio Manuel Lekuona de manos del presidente de Eusko Ikaskuntza, José María Muñoa, en presencia de Garitano. :: LUSA

José Luis Ansorena Miranda, el fundador el archivo musical Eresbil, la semana musical Musikaste y la coral Andra Mari, recibió ayer el Premio Manuel de Lekuona de Eusko Ikaskuntza- Sociedad de Estudios Vascos. El homenajeado arrancó su discurso recordando a Manuel Lekuona, de cuya muerte este año se cumplen 25 años, y comentó que, precisamente, la partitura de compositores vascos más antigua que se conserva en Eresbil fue donada por el propio Lekuona, y data de 1705.

Y al final del discurso de agradecimiento, Ansorena reveló que en los últimos años se ha dedicado a digitalizar las melodías recogidas por Resurrección María Azkue, que han sido inéditas hasta la fecha.

El homenajeado dió gracias a Eusko Ikaskuntza y en particular a la actual presidenta de la sección de Música de esa entidad, Itziar Larrinaga, «porque creo que ha tenido mucho ver en este premio». Hay que recordar que Ansorena fue durante bastantes años presidente de esa sección. También tuvo palabras de agradecimiento para el pueblo de Errenteria, cuyo Ayuntamiento le nombró hijo adoptivo.

El acto de entrega se desarrolló en el Salón del Trono del palacio de la Diputación Foral, y fue presidido por el diputado general Martin Garitano y el presidente de Eusko Ikaskuntza, José María Muñoa. Se repartió entre los presentes una biografía del homenajeado, redactada por su sobrino Jose Ignazio Ansorena, un hombre también muy relacionado con la música, pues es el director de la Banda Municipal de Txistularis de San Sebastián.

El acto de ayer arrancó con unas explicaciones biográficas a cargo del sobrino Jose Ignazio. Detalló que José Luis Ansorena nació en 1928 en la Parte Vieja donostiarra y que era uno de los últimos hijos -fueron nueve en total- de Isidro Ansorena, director de la Banda de Txistularis del Ayuntamiento donostiarra. «Con la llegada de los franquistas, Isidro fue suspendido de empleo y sueldo por tres meses, por desafecto al régimen. Luego se le levantó la sanción, y se le dio la oportunidad de conocer quién había sido el autor de la denuncia. Isidro dijo que no, que no quería alimentar el odio en su interior», dijo Jose Ignazio.

Saber retirarse

En opinión del sobrino, el tío José Luis ha destacado, entre otras cosas, por saber retirarse y dejar en otras manos los trabajos.

Luego se proyectó un vídeo en el que el homenajeado iba comentando las diferentes etapas de su vida. «Empecé a tocar el txistu sin que me enseñara nadie. El padre pensaba que yo iba a ser su sucesor. Era una persona muy religiosa, pero cuando tenía doce años y le dije que quería hacerme fraile capuchino, se le cayó el mundo a los pies».

José Luis Ansorena marchó al colegio-seminario de los capuchinos de Altsasu y toda su vida ha sido fraile de esa orden. «He conocido a grandes compositores, como Bernaola, Larrauri, González Azilu y De Pablo. Si les hubiera dicho que no tenía estudios musicales se hubieran quedado patidifusos. Estaba avergonzado de mi ignorancia», prosiguió el homenajeado.

José Luis Ansorena no realizó estudios superiores de música, pero acabó siendo compositor de música religiosa, organista y director de coros. Uno de sus grandes logros fue la creación del archivo Eresbil de música vasca. Eresbil nació en 1974, en Errenteria, un año después de que el propio Ansorena pusiera en marcha la semana de música Musikaste. Se dió cuenta de que, para dar continuidad a Musikaste, era necesario localizar y recopilar partituras, y con ese fin tomó un Seat 600 y comenzó a recorrer archivos, sobre todo catedralicios. «Una vez llegué a Errenteria con el coche casi a tope. Creo que venía de Toledo», se le escuchó en el vídeo.

El homenajeado dijo también que Aita Donostia ha sido para él una obsesión y que desde 1998 ha escrito continuamente acerca de ese personaje. Y el vídeo se cerró con estas palabras: «La música ha sido una verdadera terapia. Ha podido ser veneno en algún momento. Tampoco digo que no».