Los parques invisibles

¿Conoce las zonas verdes de Erregenea, Zubimuxu, Tolare, Puio, Miramón y Castilblanco?

ÁLVARO VICENTE AVICENTE@DIARIOVASCO.COMSAN SEBASTIÁN.
El parque de Castilblanco está ubicado en la trasera del Seminario, en Aiete. ::                             LOBO ALTUNA/
El parque de Castilblanco está ubicado en la trasera del Seminario, en Aiete. :: LOBO ALTUNA

El crecimiento de las zonas peatones, el cada vez mayor uso de la bicicleta y el aumento en el número de usuarios del transporte público han hecho de San Sebastián una ciudad amable. A ello colabora el inmejorable entorno que la rodea y los parques verdes que la salpican. Pero, por hache o por be, hay parques del anillo verde que no se utilizan. Son zonas verdes que el Ayuntamiento ha conseguido preservar del desarrollo urbano y que estas líneas tratan de poner en valor ahora que tenemos más horas de luz, las temperaturas suben y se agradece una sombra en la que cobijarse o un rincón cerca de casa en el que poder desconectar.

Nuestro recorrido se centra en los parques de Erregenea, Zubimuxu, Tolare, Puio, Miramón y Castilblanco. Seis zonas verdes, a cada cual más distinta, y que no terminan de despegar. Dejamos a un lado parques históricos como Ulía, Urgull, Cristina Enea, Palacio de Aiete o Miramar a los que los donostiarras acudimos con cierta asiduidad, bien atraídos por el programa de actividades que se desarrollan en sus espacios o porque los tenemos más a mano.

La maestra jardinera, Esperanza Martínez, y la técnico del Departamento de Parques y Jardines, Ainitze Otamendi, no aciertan a dar con las causas por las que determinados parques no tienen el uso que podrían de acuerdo al valor paisajístico y la variada masa arbórea existente en sus hectáreas. «Son auténticas joyas al alcance de cualquier ciudadano que nunca defraudan. San Sebastián es un lujo para pasear más allá del recorrido por la costa», advierten.

Nuestro recorrido comienza en la zona de El Antiguo próxima a Ondarreta. Acudimos al parque de Erregenea situado en la falta del monte Igeldo. El acceso a esta zona verde se realiza desde el paseo de Igeldo, en un desvío a la derecha en sentido al parque de atracciones por carretera que queda poco antes del albergue juvenil de La Sirena.

La primera pega que retrae al donostiarra es su difícil acceso. Está escondido detrás de un conjunto de viviendas. Se trata de un bosque bastante cerrado con posibilidades para hacerlo atractivo. A nada que se retire algo de su arbolado podría disponer de unas vistas espléndidas de la bahía de La Concha.

Erregenea tiene una extensión de 100.000 metros cuadrados en el que no se escucha un ruido. Cuenta con una zona de juegos infantiles descuidada y el parque solo es utilizado por los vecinos que residen en las casas próximas y por los peregrinos que lo atraviesan camino de Santiago. Los vecinos pasean a sus perros sueltos en Erregenea. No es posible acceder en bicicleta al parque al estar habilitada la zona de entrada solo para peatones mediante unas vallas de madera. El Ayuntamiento se encarga de su mantenimiento al retirar cada cierto tiempo las malas hierbas y los árboles caídos. La primera plantación del día del árbol realizada en nuestra ciudad se llevó a cabo en este parque en el que hoy predominan las coníferas de origen forestal.

No hay posibilidad de perderse en Erregenea a pesar de que no existe señalítica alguna. Uno de los dos caminos que tejen el parque lleva hasta la zona de Valentín, en la parte alta de Igeldo. El otro no tiene salida y obliga al visitante a retroceder.

Nivel inferior a la calle

Muy cerca de Erregenea está el parque de Zubimuxu. Queda integrado en la trama urbana junto al ambulatorio de El Antiguo. Está escondido al proyectarse a un nivel inferior al de la calle. El diseño es de Joaquín Montero que quiso ubicar el parque en la misma cota en la que antaño estaban las marismas de esta zona de la ciudad.

Zubimuxu es pequeño, de apenas 7.000 metros cuadrados, en el que destaca una fuente formada por dos grandes pantallas de hormigón, obra del escultor Francisco López Hernández, y los fresnos, alisos, chopos y castaños de indias. «En su día -cuenta la jardinera municipal- se pensó en establecer una biblioteca infantil en el parque. No se pudo hacer pero el espacio sigue existiendo. Hoy está inutilizado aunque podría ser recuperado». El acceso al parque es sencillo, accesible a cualquier ciudadano. Se puede hacer bien por escaleras o por una rampa. Vecinos de El Antiguo, estudiantes y parejas de jóvenes acuden a cuentagotas a este parque. Las líneas de autobús 24,25,27,31,33 y 40 tienen parada a escasos 50 metros.

Robles, castaño de indias...

El triángulo verde en El Antiguo acaba en la trasera de la nueva biblioteca de la UPV, en lo que el departamento de Parques y Jardines llama parque de Tolare. Es el último reducto de robledal que queda en la ciudad. Estamos ante un bosque urbano de 15.000 metros cuadrados en el que todavía perviven ejemplares de robles, castaño de indias, fresnos de flor rosa, avellanos y otras especies propias de un robledal mixto, algunos de ellos de gran valor como dos encinas protegidas por el Plan General con grado 1. Un camino al que se puede acceder desde la calle Andrestegi salva la fuerte pendiente del bosque hasta la urbanización Arriola situada en la parte alta de la ladera.

No muy lejos del parque de Tolare se ubica el de CastilBlanco o Serafín Baroja, de 30.000 m2, al que se accede por el paseo de Hériz, cerca de la urbanización Gurutze Alde, y el camino de Gerraene, que es un apéndice peatonal de la calle Aizkorri. Fue propiedad del Obispado, al que se le cedió la finca para construir el Seminario y, por tanto, su acceso estuvo vedado al público durante años. Pero desde junio de 2009, aquellos terrenos tan ligados a la figura del primer obispo donostiarra, Jaime Font y Andreu, están abiertos al disfrute ciudadano.

Esta zona verde ubicada tras el Seminario es una magnífica atalaya sobre el Antiguo y Venta Berri, y desde la misma se divisa el mar. Alberga un arbolado de gran porte (fresnos, castaños de indias, arces, cedros, abetos y palmeras del Himalaya) entre los que destaca una magnolia protegida en el Plan General con grado 1. Para llegar al centro del parque hay que subir una pendiente, pero existen dos trazados, uno adaptado a las normas de accesibilidad y otro en rampa escalonada. En la loma superior existe una zona de estancia con juegos para niños de más de siete años. El parque tiene un horario de 9 a 19 horas en invierno y hasta las 21 horas en verano. Durante la noche permanece cerrado.

La otra atalaya desconocida para muchos donostiarras está en Puio. Merece la pena subir la loma de Puio para apreciar desde su cara norte Igeldo, Urgull y Ulía flotando sobre el mar y la ciudad desparramada en sus barrios. A la izquierda aparece El Antiguo, con Aiete próximo, enfrente, y Morlans y Etxadi más abajo. A la derecha se muestran Amara, el Centro y Gros, y más al fondo Intxaurrondo. En este parque, junto a Villa Puio -residencia de la orden religiosa Misioneras de Jesús María- el Ayuntamiento diseñó en 2004 un conjunto de rojos caminos laberínticos que descienden hacia Puio, Etxadi y Morlans. Tiene una superficie de 119.277 m2 que costó acondicionar cerca de 400.000 euros. El acceso principal a la zona verde se realiza por el vial que llega a Villa Puio desde la calle del mismo nombre. Partiendo de la villa discurre una red de paseos peatonales que recorre el parque y las zonas de estancia.

Los caminos del parque están diseñados para su uso peatonal, limitando sus dimensiones -3,50 metros de anchura en el acceso principal y 2,50 metros en el resto de los paseos- de modo que permiten el paso de vehículos de servicio y mantenimiento. Los paseos cuentan con un pavimento de aglomerado asfáltico de color rojo.

Existe, además, un acceso peatonal al final de la calle Merkezabal que acerca la zona a los vecinos de las viviendas de Merkezabal, Etxadi, Morlans y Katalina Eleizegi. Existen tres zonas de estancia: la de los juegos infantiles -junto a la residencia de las monjas- y dos miradores, a diferente altura, en la zona que se asoma al mar.

El anfiteatro de Miramón

El último parque de nuestro recorrido nos lleva a Miramón. No a la zona próxima al museo Eureka que es más conocida y visitada sino a la parte oculta que da al paseo Oriamendi, en la que domina un anfiteatro con gradas de piedra al que no se le da ningún uso. El parque se caracteriza por tener una gran masa boscosa en sus laderas con vegetación que crece junto al riachuelo y zonas húmedas en el fondo del valle. El parque de Miramón tiene una extensión de 628.258 m2. Es una de las zonas verdes más extensas de la ciudad.

El anfiteatro tiene capacidad para 3.200 personas sentadas y su escenario circular mide 20 metros de diámetro. Todo un lujo al aire libre. Desde la última fila hasta el escenario hay nada menos que 16 metros de altura. Las gradas se apoyan sobre el terreno a través de una estructura reticulada y tiene acceso para minusválidos. La fuente contigua al escenario dispone de distintos programas de surtidores y luces en color. Ya en su día el alcalde Elorza aseguraba que era un escenario ideal para danza, ballet moderno y de vez en cuando algún concierto. Hasta hoy.

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