Pediatras para 'curar' los problemas sociales

La pediatría social refuerza el concepto de atención más allá de la práctica clínica. «No se trata de curar y punto. Hay que mirar más allá para diagnosticar otros problemas que no son enfermedades»

ARANTXA ALDAZ ,SAN SEBASTIÁN
Médico de familia. Un pediatra osculta a una niña. ::                             GABRIEL VILLAMIL/
Médico de familia. Un pediatra osculta a una niña. :: GABRIEL VILLAMIL

Los médicos, y especialmente los pediatras, cada vez se encuentran con más problemas en las consultas que no se curan con pastillas cada ocho horas. No suelen ser enfermedades descritas en un manual, ni dolencias fácilmente diagnosticables. Son problemas sociales, cuyas consecuencias acaban teniendo efectos médicos. El fracaso escolar, la violencia de género, la adopción, la obesidad, la inmigración o la pobreza están cambiando la realidad de la infancia y también el perfil de los casos que se atienden en los centros de salud. En los últimos años han surgido grupos dentro de las sociedades médicas y de pediatría para reforzar ese carácter social de la atención a los niños, más allá de la práctica puramente clínica, un concepto que amplía la visión de la salud infantil dentro de su contexto familiar, escolar y social.

No resulta sencillo encontrar una única definición de lo que significa la pediatría social. Para algunos profesionales, el concepto no deja de ser un tanto redundante, por cuanto entienden que la pediatría «es social por naturaleza», es decir, una actitud propia de la labor asistencial, defiende Maite Labayru, pediatra en el Hospital de Cruces y miembro de la sección de Pediatría Social de la Asociación Española de Pediatría. En tiempos de prisas y consultas a contrarreloj, el adjetivo no está de más para reforzar esa parte del trabajo médico que corre el riesgo de quedarse atrás por los rigores diarios, «una cuña que habría que interiorizar en todas las especialidades, no solo en pediatría, para humanizar la profesión», reflexiona Labayru. A menudo son matices, síntomas que el médico tiene que captar «condicionados por la falta de tiempo», que es el mal que acecha en los centros de salud. «A veces la cuestión más importante en una consulta surge de la última pregunta cuando ya parece que ésta se ha terminado», reconoce José Antonio Zudaire, pediatra en el ambulatorio de Beasain, otro de los profesionales que reivindica una mayor sensibilización hacia esos problemas a menudo invisibles que cada vez son más y mejor diagnosticados. «A pesar de que la gran mayoría de los niños nacidos en sociedades desarrolladas disfrutan de niveles sin precedentes de salud y seguridad, las consultas con problemas psicosociales han aumentado», principalmente debido a la mejor formación de los médicos y enfermeras, asegura.

Dice la doctora Maite Aranzabal, pediatra en el ambulatorio de Lakuarriaga (Vitoria), que todos los días ven pasar por la consulta pacientes con algún problema social, entendidos como «aquellos niños que sufren por una causa social y al revés, aquellos cuya enfermedad repercute en su entorno social». Por ejemplo, una enfermedad crónica en familias con baja nivel económico, o aquellas que se quedan sin empleo para poder atender a un menor enfermo, cita.

En Euskadi, no hay pediatras sociales exclusivamente dedicados a 'curar' estos problemas de la infancia. Solo tres hospitales, en Andalucía y Madrid, han puesto en marcha unidades específicas de Pediatría Social. Pero en la práctica, muchos de los profesionales «se dedican casi más a la pediatría social que a la pediatría médica puramente dicha», asegura Aranzabal, que reclama una mayor formación académica desde este punto de vista, y divulgar su labor que excede a menudo el ámbito físico de las consultas, en cuanto a que deben divisar el entorno y las historias personales de los pacientes, para poder comprender la raíz del problema y el motivo de la consulta.

Para Aranzabal, que pertenece a la Sociedad de Pediatría Social, la pediatría está intentando recuperar la visión más tradicional, «una vuelta a las raíces» que remiten a los médicos de pueblo que tenían un contacto personal con sus pacientes. «El médico era muy social, porque podía dar consejos conociendo desde dentro a sus pacientes. Años más tarde, las consultas se convirtieron en un trabajo exclusivamente médico y ahora se está volviendo a ahondar en la faceta social», explica.

Protocolos coordinados

La doctora Labayru, que trabaja en Pediatría hospitalaria, reconoce que cuesta más ganarse esa cercanía desde las consultas de especialidades de los hospitales que desde la Atención Primaria, pero que se podría aplicar una receta general para todas las especialidades: «No siempre se puede curar y listo, a veces hay que ver el entorno familiar y escolar. Lo que hace falta es que la conciencia pediátrica pueda mirar la enfermedad desde una óptica más amplia», a contracorriente de cómo está pensado el sistema sanitario, añade.

Crear equipos interdisciplinares con los servicios sociales de base y consensuar protocolos de intervención para los problemas emergentes serían dos de las piezas para poder dar un paso adelante en la mejora de la atención pediátrica, coinciden los tres médicos consultados. ¿Sería conveniente implantar una especialidad dentro de la pediatría para subrayar ese componente social? Para el doctor Zudaire, «cabría la posibilidad de crear una especialidad donde se integrase las dos facetas de la pediatría creando sinergias entre la salud publica desde su dimensión colectiva y la asistencial o pediatría clínica. Pero desde la perspectiva de una atención integral, me parece más factible incorporar esta faceta o dimensión social en la práctica clínica», una receta que implicaría «un cambio de actitudes y aptitudes y una necesidad imperiosa de una formación específica en temas tan amplios».