El norte de Malí ya es de los tuareg

El régimen golpista del país africano se muestra incapaz de contener el avance de los secesionistas de la región de Azauad

GERARDO ELORRIAGA
Soldados de la junta golpista, en Kati, a las afueras de Bamako. ::
                             REUTERS/
Soldados de la junta golpista, en Kati, a las afueras de Bamako. :: REUTERS

Los tuareg tomaron ayer la histórica ciudad de Tombuctú y prácticamente controlan ya todo el norte de Malí, la región que los rebeldes denominan Azauad y que quieren desgajar del control de la república. La manifiesta incapacidad del Ejército para hacer frente al ataque guerrillero, que apenas ha contado con oposición en su avance, explica la simultánea decisión de la junta militar de restablecer el orden constitucional y celebrar elecciones en el país. En los últimos días, el Movimiento Nacional para la Liberación de Azauad (MNLA) ha ocupado las principales ciudades del norte y este, hasta situarse a unos 700 kilómetros de Bamako, la capital.

El golpe de Estado impulsado por el capitán Amadou Haye Sanogo se ha manifestado absolutamente contraproducente. La reacción de aislamiento internacional que ha provocado parece haber impulsado la ofensiva de los insurgentes destinada a tomar los grandes centros urbanos de la zona y dividir, de hecho, el territorio maliense. La reacción de los militares ante el descalabro ha sido únicamente política y va encaminada a la restitución del régimen democrático conculcado el pasado 22 de marzo. El nuevo hombre fuerte ya ha proclamado el restablecimiento de la Constitución y las instituciones y ha señalado su intención de convocar consultas con las fuerzas vivas para organizar la convocatoria de unas próximas elecciones.

Esta declaración de intenciones parece más dirigida a la comunidad internacional que a los rebeldes, con los que no parece existir actualmente un canal de comunicación. El Gobierno de Malí precisa no solo que la Comunidad de Estados de África del Oeste (Cedeao) retire su amenaza de embargo financiero y diplomático, medida que había de ejecutarse hoy mismo, sino que proceda a la participación en los combates con una fuerza conjunta de 2.000 hombres que ya se encuentran en situación de alerta. A ese respecto, la intervención extranjera resulta esencial para impedir la victoria final de los secesionistas.

Nacionalismo y sharia

La situación en el área conquistada también parece confusa. Los tuareg han creado un comité ejecutivo bajo la dirección militar de Makadi Ag Boukhadda y la política de Bilal Ag Charif. Aunque el mando rebelde pone el acento en su pretensión nacionalista exenta de cualquier tinte religioso fundamentalista, ha reconocido su colaboración militar con Ansar al-Din, grupo islamista que pretende la instauración de la sharia en la zona conquistada. Además, el Gobierno asegura que los rebeldes colaboran con Al-Qaida del Magreb Islámico y trata con las bandas de delincuentes que utilizan las rutas del desierto para el tráfico de armas, drogas e inmigrantes.

La insurgencia tuareg hunde sus raíces en los alzamientos de la etapa colonial francesa, aunque alcanzó mayor virulencia en la primera mitad de los años noventa y en 2007. La rebelión siempre se ha conectado con la pobreza y marginación de los tuareg, conocidos como 'hombres azules', pero la aparición del fenómeno fundamentalista ha impulsado el miedo a que suponga un factor de desestabilización en Malí, Níger, Mauritania y el sur de Argelia.

Fotos

Vídeos