Misa de ficción en Santiago

La ceremonia, con presencia forzada y muchos no creyentes, se pareció más a un acto oficial. Detenido un disidente por tomar un micrófono para gritar «¡Abajo el comunismo!»

ÍÑIGO DOMÍNGUEZ ENVIADO ESPECIALSANTIAGO DE CUBA.
Benedicto XVI saluda a los fieles durante una visita al santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba. ::
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Benedicto XVI saluda a los fieles durante una visita al santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba. :: REUTERS

La misa del papa en Santiago de Cuba el lunes por la tarde, madrugada en España, era el primer momento para palpar el efecto real de su presencia y el contacto directo con los cubanos. Además de una oportunidad única para interrogar a los presentes sobre el significado de la visita. El resultado fue una misa extraña, absurda y casi ficticia, donde muchos asistentes no eran creyentes y parecían estar allí por obligación, o cortesía en el mejor de los casos, y gran parte del público empezó a irse a la media hora.

El Gobierno había dado el día libre e instrucciones en los centros de trabajo aconsejando asistir a la misa. También Benedicto XVI era una figura muy lejana, pues no había pantallas gigantes para seguirlo, y pronunció una de sus homilias de catequesis demasiado abstractas. El único valor y sentido de la ceremonia parecía ser el de celebrarse, lo que quizá no es poco. Lograr la foto de Benedicto XVI oficiando misa en Cuba. Lo hizo junto a un gigantesco monumento ecuestre de Antonio Maceo, héroe de la independencia. Ayer uno de los títulares de 'Granma', el diario oficial, era: «Junto a la imagen de Maceo, la primera misa del papa». La clave nacionalista es muy importante en este momento de cambio.

El único mensaje de Ratzinger más pegado a la realidad fue al terminar. Pidió a los cubanos que «vivan de Cristo y para Cristo, y con las armas de la paz, el perdón y la comprensión, luchen para construir una sociedad abierta y renovada, mejor, más digna del hombre». El saludo que le dirigió antes el arzobispo de Santiago, Dionisio García Ibáñez, fue más vivaz y comprometido: «Somos un solo pueblo pero con pluralidad de criterios en la búsqueda de un futuro mejor. A lo largo de nuestra historia, este hermoso empeño común se ha visto oscurecido por los egoísmos, la incapacidad de diálogo y de respeto, la presencia de intereses ajenos a los nuestros, la exclusión y la intolerancia (...). Hemos llegado a la violencia entre cubanos que hace sufrir a todos (...). Es necesario superar todas las barreras que separan a los cubanos». Estas palabras, leídas, tienen en realidad más fuerza de cómo se escucharon allí, con el eco de la megafonía y ante una multitud más bien apática.

La misa fue sorprendente por muchos aspectos. Costaba encontrar católicos entre aquellos a los que se preguntaba. Quien no era creyente de otra religión, como protestantes o evangelistas, era incluso ateo, por no hablar de la mezcla de todo ello con creencias santeras, pero estaban allí por curiosidad. Predominaban los jóvenes y la atmósfera general era más bien de pasar la tarde, como en cualquiera de los actos oficiales que el partido organiza en esta explanada, la plaza de la Revolución. Según el Vaticano había 200.000 personas, pero es probable que fueran menos de la cuarta parte. Antes de la misa se cantaban canciones y cuando pasó Ratzinger con el 'papamóvil' sí hubo momentos de griterío y alguna chica lloró de la emoción.

Católico y crítico

Hablando con los presentes, repetían casi las mismas palabras: «Estamos aquí para recibir al papa y mostrarle el afecto del pueblo cubano, estamos muy orgullosos de que haya elegido Cuba para visitarnos». Aseguraban que allí no se obligaba a nadie a ir a la misa y ya ponían caras raras al preguntarles si esperaban alguna palabra sobre libertad o derechos humanos. Concluían diciendo que Cuba es el país más libre del mundo, no tiene ningún problema y que cada uno puede hacer lo que quiera. Tan arduo como encontrar católicos era dar con alguien crítico con la situación del país. Por fin, hubo uno, entre más de una docena, que era las dos cosas. No se cortó, dijo que aquello estaba lleno de agentes y aseguraba que los presentes iban todos obligados: «Y si el papa dice algo que al Gobierno no le guste, al día siguiente le montan aquí mismo una manifestación de protesta y estarán los mismos».

Poco antes del inicio de la misa hubo un incidente, cuando un hombre corrió hasta un micrófono del altar y gritó «¡Abajo el comunismo!». El momento fue recogido por la cadena colombiana RCN, según informan las agencias, y el disidente fue agredido por varias personas vestidas de civil. La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, dirigida por el opositor Lizardo Sánchez, ha denunciado el arresto y exige saber la identidad y el paradero del detenido. También asegura que a numerosos disidentes, que cifra en 200, se les ha impedido ir a misa y han recibido amenazas. Hoy se celebra otra misa en La Habana. En rueda de prensa, el vicepresidente cubano, Marino Murillo, repitió ayer que «no habrá una reforma política», solo cambios económicos.

Comparado con las misas del papa en otros países, no había casi banderas y solo un par de pancartas. La compostura rozaba la indiferencia y muchos hablaban de sus cosas mientras transcurría la misa. Solo hubo un aplauso, cuando el arzobispo citó una frase de José Martí, reconocida de inmediato por el público. A la media hora, cuando oscurecía y empezaba a hablar el papa cientos de personas empezaron a irse. Además al poco rato comenzó a llover.

Benedicto XVI llegó ayer al mediodía a La Habana y solo tenía encuentros políticos por la tarde, madrugada en España, con la incógnita de si finalmente se vería con Fidel Castro. Por la mañana, antes de partir de Santiago, visitó el santuario de la Caridad del Cobre y en un breve saludo metió sutilmente cierta carga política: «Hagan saber a cuantos se encuentran cerca o lejos que he confiado a la Madre de Dios el futuro de su patria, avanzando por caminos de renovación y esperanza. También le he suplicado por los que están privados de libertad, separados de sus seres queridos». Es la segunda referencia en dos días al exilio y a los presos, y es demasiada casualidad, pero es evidente que incluye a los políticos. Es lo máximo, o lo mínimo, que puede hacer, pues no está previsto que se reúna con disidentes.