Un irunés en la Flota de Indias

El General de la Armada pasó 35 años surcando el Atlántico y libró numerosas batallas contra piratas, corsarios y potencias enemigas. La historiadora Ana Galdós repasa la vida de Sancho de Urdanibia

MARÍA JOSÉ ATIENZAIRUN.
Ponente. La historiadora Ana Galdós, durante su conferencia./
Ponente. La historiadora Ana Galdós, durante su conferencia.

Nació en Irun, alrededor del año 1585, en el seno de una familia de alto poder político, económico y social. Hijo de Sancho Topalda y Magdalena de Urdanibia, en plena juventud dejó su ciudad natal para instalarse en Cádiz y desarrollar la que sería su profesión. Durante 35 años, surcó el Atlántico con la Flota de Indias. Custodió mercancías y libró batallas con piratas, corsarios y naves de potencias enemigas, de los muchos frentes que la Monarquía Hispánica tenía abiertos. Fue nombrado General de la Armada en el reinado de Felipe IV y murió en Cádiz, donde reposan sus restos, en 1644. En su testamento, legó a Irun una parte de su herencia para que se reconstruyera el hospital destruido por los franceses en 1638. Su legado es el hoy Palacio Sancho de Urdanibia, sede del Euskaltegi Municipal y de la Sala de Exposiciones Menchu Gal.

Este último dato es el más conocido de la vida del almirante; una azarosa vida que la historiadora irundarra Ana Galdós rescató para el público asistente a la conferencia 'Aventuras y desventuras de Sancho de Urdanibia', pronunciada el pasado jueves en el local parroquial de San Juan Bautista. El acto se enmarcaba en el programa organizado por la Asociación Cultural Anaka 1881 para conmemorar el 400 aniversario de la reedificacón del Palacio de Urdanibia, enclavado en el barrio.

Los primeros años

Ana Galdós se planteó «como un reto saber quién era este hombre y conocer su carrera profesional». Sobre los primeros años de vida de Sancho de Urdanibia «hay muy pocos datos», dijo. Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, pero sí se sabe que adoptó el apellido de la madre, «porque era el importante, para reconocer el solar del que venía». Los Urdanibia conforman «un un linaje que vive en Irun desde la Edad Media. Es una familia importante, que tiene una ferrería y dispone de poder político y social», explicó Ana Galdós.

Cuando Sancho de Urdanibia llega al mundo, Irun «es una aldea dependiente de la villa de Fuenterrabia». Pero es una aldea de población considerable, ya que tiene 2.500 habitantes, parada obligada de postas, con una zona urbana de unas 300 casas que confluyen en el eje de las calles Mayor, Iglesia, Escuelas y Juncal y una zona rural con alrededor de 150 caseríos desperdigados. «Ese es el Irun del que decide marcharse para hacer lo que se llamaba la 'Carrera de Indias'». Cádiz sería su próximo destino como lugar de residencia y la Flota de Indias, su dedicación.

La Flota de Indias era el mecanismo de funcionamiento del monopolio español comercial con América, un monopolio que ingleses, franceses y holandeses trataban de romper contínuamente. Se organizaban expediciones de galeones para traer las riquezas de los virreinatos (oro, plata, gemas, cacao, especias...) y llevar otras mercancías, como hierro y manufacturas. «Los barcos partían de Sevilla, primero y luego de Cádiz en grupos de 30 a 60 para proteger las mercancías y evitar los ataques de los enemigos. No se podía salir de ningún otro puerto. Por cada mercancía, los mercaderes pagaban una tasa. Era una forma de recaudar». La flota estaba compuesta por galeones fuertemente armados, barcos mercantes y navíos de aviso y tenía dos destinos: Tierra firme y Nueva España. Las travesías duraban tres meses y se hacían varias escalas.

«En la Flota de Indias, siempre hubo vascos. Maestres, marineros, mercaderes, soldados, en todos estos oficios los vascos estuvieron presentes. Navegaban juntos y se ayudaban. En 1608, Sancho aparece como maestre (una categoría inferior a la de capitán) en una nave de aviso que se llamaba Nuestra Señora del Juncal. Y en 1614 aparece ya como capitán». En Cádiz, Sancho reside «en la calle San Francisco, cerca de la iglesia de San Agustín, donde los vascos tenían su capilla».

A partir de 1614, el nombre de Sancho de Urdanibia empieza a adquirir importancia en los documentos. «En 1622, las autoridades de Salinas de Araya (Venezuela), lugar de donde se extrae sal, un bien muy preciado en la época, piden ayuda a la Monarquía Hispánica para construir un fuerte y frenar la presión de los holandeses, que quieren hacerse con la explotación. Se ordena la salida de un barco para defender la zona, cuyo capitán es Sancho de Urdanibia. Parte desde Sevilla en una nave con 96 infantes y 6 artilleros, maestre, piloto, contramaestre, grumete, condestable y 23 pajes, todos registrados con nombres y apellidos. Llegan a Salinas de Araya, derrotan a los holandeses y se construye la fortaleza, de la que hoy en día quedan restos».

Sancho de Urdanibia vuelve a Cádiz y parte de nuevo hacia Nueva España a bordo de una nave de aviso. En la isla Tercera de las Azores, es atacado por una nave holandesa. Regresa a tierra y se reparan los destrozos. A los 15 días, vuelve a zarpar y recibe un nuevo ataque que inutiliza el barco. Por tercera vez y ya con una nave nueva emprende finalmente su destino.

Años después (1638), encontrándose él en América, se ordena que la Flota de Indias salga con destino a Sevilla y Cádiz. La Monarquía Hispánica está muy debilitada y tiene muchos frentes abiertos.

El ataque de 'Pie de palo'

De Cartagena de Indias parten siete galeones, uno de ellos capitaneado por Sancho de Urdanibia. En el Caribe encuentran mucha presencia extranjera, todos enemigos de la Monarquía Hispánica. En la bahía de Cabañas (Cuba), les atacan los holandeses, que habían salido de Brasil con 24 naves capitaneadas por Cornelius Jol, alias . Sancho capitanea el Nuestra Señora del Carmen, dispara sus cañones y van a por él. Intenta el contraataque, pero no hay nada que hacer. La batalla dura ocho horas. Por la noche, se establece una tregua para reparar los desperfectos de las naves. De vuelta al ataque, el barco de Sancho queda inutilizado y para que no caiga en manos enemigas, ordena quemarlo».

Regresa a Cádiz y en 1940 se le ordena, de nuevo, partir a Nueva España. Nada más salir de la bahía la Flota de Indias sufre el ataque de 36 barcos franceses, pero consigue librar la batalla y llega a su destino en el que será el último viaje de Sancho de Urdanibia a América.

De nuevo en Cádiz, la Monarquía ordena a las naves dirigirse a Cataluña para frenar el ataque francés. Sancho de Urdanibia defiende con éxito Barcelona y en 1642 es nombrado Almirante General. Regresa a Cádiz donde muere dos años después. En el convento gaditano de San Francisco reposan los restos de un hombre de mar, que pasó su vida enfrentándose a piratas y corsarios y que, según da fe su testamento, nunca se olvidó de su ciudad natal.