Los agitados años ochenta

Marivi Ibarrola publica su archivo y expone este mes en Donostia

IÑAKI ZARATASAN SEBASTIÁN.
Encuentro festivo. Marivi Ibarrola con el ya fallecido cantante de Clash, Joe Strummer, en una fiesta madrileña, año 1985./
Encuentro festivo. Marivi Ibarrola con el ya fallecido cantante de Clash, Joe Strummer, en una fiesta madrileña, año 1985.

Nació riojana, fue guipuzcoana desde los tres añitos y ha vivido más en Madrid. Marivi Ibarrola (Nájera, 1956) es conocida fotógrafa de la escena rockera y creativa. Se inició como fotoperiodista a comienzos de los 80 y capturó a una generación de artistas y gentes que protagonizó el gran cambio de la escena y la vida de la cultura en los años de la 'movida'. Sus fotos tuvieron recepción en este mismo periódico y han aparecido en cantidad de publicaciones, revistas y fanzines. Mientras prepara una exposición que se inaugurará el viernes 16 de este mes, en el espacio donostiarra Ernest Lluch, donde se celebrarán varias actividades alrededor de la cultura de los 80, una selección de sus instantáneas ha quedado recogida en el libro 'Yo disparé en los 80'. Son 89 imágenes, acompañadas por comentarios de músicos, periodistas y protagonistas culturales.

Nombres como Radio Futura, Siniestro Total, Golpes Bajos, Rip, Los Secretos, Parálisis Permanente, Antonio Vega, Andy Warhol y otros muchos, como los de las fotos que reproducimos, son recordados por la pluma de Diego A. Manrique, Alaska, Xabier Montoia, Fermin Muguruza, Ignacio Juliá, Mecano, Santi Carrillo, Jesús Ordovás, Sabino Méndez, Jaime Gonzalo, Mikel Erentxun, Roberto Moso, Jorge Martínez Reverte y otros.

María Victoria Ibarrula Castillejo es hija de riojano y navarra (Valtierra). Se conocieron en la capital guipuzcoana, uno en la mili y ella trabajando en casas. «Lo de Ibarrula debió ser equivocación de un secretario y no hay manera de que te lo escriban bien. Mi padre puso Ibarrola en su empresa de transportes y así ha quedado».

Sigue viviendo en su piso madrileño de Mesón de Paredes, Lavapiés, por donde ha pasado una pléyade de donostiarras. Llega de las clases que imparte de Periodismo y Comunicación Audiovisual, en la Universidad Carlos III, y nos recibe por teléfono mientras controla su mítica 'porrusalda'. «Aquí la ha comido todo el que pasaba y así de guapos se han criado mis hijos».

Fotos sin gente

La familia emigrante vivió primero en Irun, que pareció gafe para la pequeña Mª Victoria: «Pensé que me daba mal rollo, me pillaron una moto y un coche. Quizás, al venir de un pueblo, no me acostumbraba al tráfico urbano. Pero Irun me abrió a la vida». Recalaron después en Amara nuevo y Marivi pasó por el Carmelo. Ya no temía la velocidad del tráfico: «Con 15 años, fui subcampeona guipuzcoana de 100 metros libres». Hizo COU en Usandizaga, quiso realizar Bellas Artes y se decidió por Periodismo, que era obligado estudiar en Madrid; «sin un duro, yendo y viniendo cuando podía en aquel tren de trece horas de trayecto».

En el ambiente estudiantil conoció gente que tenía cámaras o laboratorios caseros de revelado. «Aprendí con lo que me dejaban. Cuando había un rato libre de laboratorio me iba con mis líquidos, papeles... Rellenaba los carretes con un celo... Viendo lo de ahora, lo digital, tan limpio, es como si a las fotos les faltara vida, grano».

Primaba el blanco y negro. «Me costó hacerme con el color. Llegó la diapositiva, que te facilitaba las cosas, lo llevabas a la tienda y ya está. Pero las mandabas a un medio para su publicación y no te quedaba negativo. Estoy intentando digitalizar el archivo, ¡qué pesadez!». También pasó por la época del coloreado manual. «Las coloreaba con rotuladores. La de Derribos en el metro me pareció un horror, la dejé tirada. Pero ahora tiene su gracia».

Sus primeros tiempos foteros fueron internacionales. «Terminé la carrera y al día siguiente ya estaba en Donosti, no podía más, cinco años allí... Y me moví un tiempo por Londres y París. Era el año 79, el punk, pero yo era muy ignorante. En mis fotos de entonces no había personas. Hice una excursión a Escocia y saqué árboles, casas, lagos... Conceptos, encuadres...».

Antes, se había hecho con una buena cámara. «La primera era una Nikkormat, de la alemana Nikon, de segunda mano. Se la compré en Murcia a uno de mis maestros. Le pedí una buena, dura, me dijo que la llevaban los reporteros de guerra. Era totalmente analógica, casi mecánica, una maravilla. Por aquí la tengo aún, se le abre la tapa y la llevo con una goma».

La escuela donostiarra

Entre el 79 y 81, en que regresa a Madrid, dice haber espabilado. «En Donostia aprendí todo. Había sido una estudiante sin un duro, no me enteraba del mundo real. Y en Donostia había un ambiente alucinante, una confraternización total, no se había dado aun la división por política y estilos o tribus urbanas».

Eran los tiempos del nuevo pop-rock vasco. «Nos juntábamos en el Tanit, de Amara, de mi familia, y nos reuníamos sobre todo en El Huerto, en 'Reyes Alcohólicos'. Allí conocí a ' JM el Magnífico', Alejo Alberdi, Antxon Peón, a Rafa e Iñaki Berrio..., a todos los de aquella movida donostiarra».

Y disfruta recordando geografía barera. «De cañitas, al Udaberri. Más de noche, el Antxieta. A bailar, al mítico Bowie, de San Bartolomé, y Crystal, en la 'cuesta del culo'. Para última hora, el Drugstore. Lo Viejo era muy duro. Bocatas en el Narrika, luego al Etxekalte o la Maruja. A Gros íbamos menos, más a Sagüés, al Muro. Pateando y pateando, no había muchos coches. Y en bici. Las metíamos en los bares, subíamos al Ku y las dejábamos en la Avenida para volver a casa. Por donde ahora hay bidegorris».

Cálidos recuerdos juveniles. «Había de todo, vinieron en primicia los Clash o los Ramones. Me peleaba ya con mi cámara con los que llamaba 'los cachorros del CAT'. Lo del Centro de Atracción y Turismo fue muy adelantado: poner festivales de cine o de jazz para atraer turistas. Ahora lo hace todo el mundo». Hizo una primera exposición en 1983, en un establecimiento de la calle Azpeitia de Amara llamado 'Alhambra'. «Este verano me caí con la bici, fui al ambulatorio de Gros y me encontré con aquella chica de la tienda, es enfermera; se acordaba de mí».

Dormir sobre un armario

En Madrid, vivió la explosión de la 'movida'. «Había dejado mi curriculum a la revista 'Lique', me contrataron y recuperé la casa de alquiler de estudiante. Cedí una habitación a Ángel Altolaguirre, Alejo Alberdi y Poch; dormían en el mismo cuarto y con la misma manta. Se mudaron a otro piso y Altolaguirre e Iñako (que lleva La Iguana) dormían acomodados ¡sobre un armario! Mi primer concierto fue en la universidad de Cuatro Caminos, con Derribos Arias; es la foto de Poch con casco de la portada del libro. Me convertí en su fotógrafa, metieron una en el single 'Vírgenes sangrantes en el matadero'».

La diáspora vasca agrupaba también a «las hermanas Bidarte de Getaria (las 'Kessler'), Iñaki Glutamato, Kike Turmix, el batería de Zarautz Cheles, el saxofonista Carlos Álvarez, el bajista Rafa Balmaseda, el guitarra Jaime Stinus (que llegó a tocar con Derribos)... Y otros como Iván Zulueta, Javier Gurruchaga... Mi casa era casi una pensión, por allí pasaba todo el mundo». En el libro hay instantáneas de Donostia o Vitoria (los 'Imanoles' Arias y Uribe, Kortatu, Eskorbuto) y Marivi habla con entusiasmo sobre el pionero Festival de Vídeo, dentro del Festival de Cine, y su recuperación después por la capital alavesa.

Y la fotera intrépida se especializó también como ave nocturna. «Andábamos por Rockola, La Vía Láctea..., yo estaba todo el santo día haciendo fotos. No es que tuviera gran amistad con mucha gente de aquella época (Almodóvar, Alaska, Mecano...), pero respetaban mi trabajo, sabían que eso les ayudaba. Y publicó mucho y en muchos medios, sufriendo las penalidades laborales de un trabajo autónomo y «alternativo». «Pon bien claro que el primero y más enrollado fue el 'DVórame' del DV. Tuvimos una libertad total. Muchos años antes que otros suplementos de prensa. Entonces sólo había fanzines y revistas especializadas».

La foto ha cambiado radicalmente, ahora cualquiera las hace con su móvil. «Se ha democratizado de tal forma que nada es igual. No se adonde nos llevará esto, pero ahí está». Ha tenido que dejar muchas imágenes fuera y destaca (contraportada) la cariñosa imagen suya con Joe Strummer, de los Clash, ya fallecido. «Es curioso porque apenas tengo fotos con artistas. Era en una fiesta, me lo presentó Kike Turmix. La foto es con mi cámara, se la pasé a alguien, no se ni a quién. Joe me agarró la mano con mucha intensidad, fue un momento muy entrañable». Instantes únicos en la vida rockera y nocturna que sólo una oportuna foto puede inmortalizar. Retratos con «ruido, rayas y polvo» que envejecen bien. Como los buenos vinilos.

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