«Es una información más sensible de lo que creemos»

N. AZURMENDISAN SEBASTIÁN.

Borja Aguinagalde considera que el creciente interés por la genealogía «tiene que ver con la identidad, con la necesidad de saber de dónde venimos», que crece a medida que el mundo se globaliza y las particularidades se diluyen. Esa necesidad, apunta «como simple impresión», parece más acusada en sociedades con raíz rural y tradición migrante. Lo que sí le permite afirmar el tráfico de la web de Irargi es que «el 77% de las entradas se hacen desde España, el 5% de Argentina, el 4,3% desde Francia y el 3,8% de Estados Unidos». Es el contacto directo con los usuarios que se desplazan hasta Bergara, sin embargo, el que le permite atisbar la dimensión humana del material que custodia. «Es una información más sensible de lo que creemos. He asistido a muchos momentos muy íntimos en los que secretos familiares que se ignoraban quedan al descubierto».

Precisamente por eso, porque los archivos pueden desvelar verdades dolorosas, se establece una especie de barrera de protección temporal. Los registros Sacramentales, por ejemplo, sólo difunden datos hasta 1900. Hacia atrás, «es bastante fácil llegar hasta el siglo XVIII, a partir de ahí hay que investigar de otra manera». Hacia adelante, la principal fuente es el Registro Civil, creado en España en 1871, público pero de acceso más regulado (el examen de los libros requiere permiso y también se puede pedir una certificación) y con bastantes restricciones (filiaciones adoptivas, rectificaciones de sexo, abortos...) que requieren autorizaciones especiales. La creciente importancia que se da a la protección de datos personales , está claro, complica el acceso a la información.

El paso del tiempo, previsiblemente, también incrementará las zonas de sombra de los registros sacramentales, hoy la principal fuente documental de los genealogistas aficionados. Desde que en el siglo XVI el Concilio de Trento instauró la obligación de registrar bautismos, matrimonios y defunciones, los archivos parroquiales han documentado la historia familiar y colectiva de muchos países. La situación, sin embargo, está cambiando. Dos datos ilustrativos: ya en 2009 la mitad de los recién nacidos en Bizkaia no recibieron el Bautismo, y en 2010 el 64% de los matrimonios que se celebraron en Euskadi fueron civiles.